septiembre
2003
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filosofía

DON QUIJOTE, CERVANTES Y ORTEGA: FUSIÓN DE HORIZONTES
por María
Dolores Villar Lama
Lola Villar, profesora de Filosofía y articulista, nos presenta una interpretación profunda de la historia de España a través de diversas visiones de la figura del Quijote
Este artículo es una síntesis de un trabajo más amplio sobre la significación de la novela de Cervantes . Va a centrarse en la interpretación que de esta obra nos ofrece Ortega y Gasset en Meditaciones del Quijote.
Toda interpretación está condicionada por el horizonte vital de cada uno de los que delante de una obra de arte se preguntan por su sentido. Ortega en Las Atlántidas (1924) recoge la siguiente cita de Goethe:”Sólo todos los hombres viven lo humano”. Con ella , expresaría el autor la imposibilidad de alcanzar una comprensión de la obra literaria ( y de todo producto humano) fuera del paisaje que nos ha tocado vivir. Por ello, en esta reflexión sobre la obra de Cervantes, situada en mi paisaje , aspiro a tocar levemente los horizontes de los paisajes vitales de Cervantes y Ortega.
Las intenciones expresas del autor de hacernos ver lo perjudiciales que son la obras de caballerías y la lectura de la novela desde este presupuesto, considerando las acciones del personaje como locuras y terminando con la vuelta a la sensatez de Don Quijote, constituirían el sentido manifiesto de la obra. Éste es el que explícitamente expone el autor y así lo entendieron sus contemporáneos. En contra de esta interpretación, nos dice José Antonio Maravall en Utopía y Contrautopía en El Quijote que “Ni puede servir más que como uno de tantos datos a tener en cuenta lo que un autor declare haber querido hacer con su obra, ni tampoco lo que en ella confiesen ver sus contemporáneos (la interpretaron de forma jocosa siguiendo las indicaciones del autor). Ni uno ni otro testimonio pueden valer como criterio suficiente y decisivo para entender algo que el hombre haya hecho” (J.A. Maravall,1976: 15). Esta tesis posibilita la profundización en la obra y el encuentro con otros sentidos que no tienen por qué ser contradictorios sino complementarios.
Las circunstancias personales en las que se llevó a cabo esta creación literaria, que el propio Cervantes nos describe en el prólogo: “Y así ¿qué podrá engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quién se engendró en una cárcel? "(Cervantes, 1989: 77-78), nos llevan a considerar la obra de El Quijote como un mecanismo de huida de la realidad circundante, de su presente sórdido. Este presente del que huye el autor puede simbolizar también el presente histórico de la España que le tocó vivir. La cárcel personal reforzaría la sordidez del presente histórico español. Desde los primeros tiempos, los extranjeros la habían visto tal y como la entendió Ortega: una clave para explicar la Historia de España. El autor y su engendrado personaje tienen voluntad de aventura porque quieren trascender su materialidad actual conquistando ideales perdidos y deseables. Esta vida heroica que, según Ortega, es dolorosa por el desgarramiento que se produce en el héroe entre la parte de sí mismo rendida al hábito y la costumbre, y la parte anhelante que le lleva al mundo imaginario de los ideales, terminará en la caída y renuncia del héroe a sus conquistas. Por ello, dirá el autor de Meditaciones que la novela de Cervantes es novela. La épica trágica de sus aventuras quedaría negada en la comicidad del desenlace. Según Unamuno, en Vida de Don Quijote y Sancho, es a partir del capítulo XXIX cuando Don Quijote comienza a ser, no motivo de preocupación o extrañeza como en los capítulos anteriores, sino motivo de burla. Es entonces cuando podemos hablar de comedia.
Esta obra de Unamuno también puede servirnos para adentrarnos en el sentido de la novela y su personaje. Considerará éste que la conquista de la fama “por todos los siglos venideros” es el motor de la acción heroica de nuestro caballero andante. La búsqueda de la inmortalidad no conseguida por el personaje a través de la descendencia biológica sería el elemento explicativo de la obra. Sin la utilización de términos psicoanalíticos, Unamuno nos está hablando de un proceso de sublimación producido por la vida casta del hidalgo. Desde el psicoanálisis, todas las hazañas de Alonso Quijano se explicarían por la represión sexual de éste, pues todos los sucesos y aventuras emprendidos por él, pueden fundamentarse en el amor frustrado por Aldonza Lorenzo, sublimada en el ideal de Dulcinea. El mismo Cervantes nos dice:
“ La historia del famoso don Quijote de la Mancha, de quien hay opinión, por todos los habitadores del campo de Montiel, que fue el más casto enamorado y el más valiente caballero que de muchos años a esta parte se vio en aquellos contornos” (Cervantes,1989: 85)
Ateniéndonos a la teoría psicoanalítica, detrás de toda narración simbólica y de las intenciones manifiestas del autor, hay mucho más. Para descubrirlo, las circunstancias personales del autor son fundamentales. Las ideas de Ortega y Unamuno serían expresión de este contenido latente que en el caso del primero, y en contraposición al psicoanálisis, no estarían relacionadas ni con la sexualidad del autor ni con la del personaje.
Según afirma Francisco Rico en el prólogo de la edición del Quijote que he utilizado (1989: 20), la novela toleraría las dos interpretaciones, ya que existe un diálogo constante entre el sentido (que pertenece a la página) y el significado y valores que queramos darle los lectores condicionados por nuestro horizonte vital. La riqueza de la obra viene dada por este abanico de interpretaciones que es capaz de soportar. En la Primera Parte, es más patente la interpretación manifiesta en la que el autor nos hace reír para conseguir el desprestigio de las novelas de caballería. En la Segunda Parte, vislumbramos tras las burlas de los demás, de forma latente, una realidad triste y amarga. Para este autor, las interpretaciones de Unamuno y Ortega serían herederas del Romanticismo, que optó por una interpretación no literal de la novela, y ellos no serían conscientes de estar destilando una interpretación llegada de fuera. Personalmente, creo que, aunque estas interpretaciones pudieron estar influenciadas por la de autores románticos, conociendo los espíritus indagadores de estos dos grandes pensadores españoles, ellos por sí solos hubieran profundizado en la significación de esta novela , no quedándose en su sentido manifiesto..
Ortega lleva a cabo sus Meditaciones del Quijote en el entorno del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. El padre José Sigüenza en el Discurso I del libro Tercero de la Historia de la Orden de San Jerónimo, nos cuenta la fundación de este monasterio. Dice: “La acción de gracias de Felipe por todos estos favores no fue para que se rematase en un día ni siete ni parase solo el nombre; propuso con mucha resolución edificar un ilustrísimo templo al mártir español que fuese tan famoso en todo el mundo como su glorioso nombre, donde de día y de noche se celebrase su memoria y se hiciesen y diesen a Dios para siempre bendición y gracias” (J. Sigüenza, 2000, T. II: 433). Más adelante sigue diciendo:“ Luego trató nuestro Felipe de poner en ejecución sus buenos propósitos. Comenzó lo primero a poner los ojos dónde asentaría su Corte, entendiendo cuán importante es la quietud del príncipe y estar en un lugar para desde allí proveerlo todo y darle vida, pues es el corazón del cuerpo grande del reino”. (J. Sigüenza, 2000, T.II:436)
El Monasterio de San Lorenzo se convertiría así en el corazón de España, de un pueblo que, por entonces, celebraba victorias militares y extendía su lengua y su cultura por todo el mundo.
En
el entorno de este monasterio aparecen las Meditacione de
Ortega. Sus reflexiones acerca del pueblo español, de su pasado,
presente y porvenir, lo llevan a meditar sobre El
Quijote. Para nuestro filósofo
el pasado desvitalizado nos domina y nos tiene atados sin poder
asumir nuestro
presente vital circundante. El edificio de San Lorenzo aparece ante sus
ojos sin vida, sin latidos, y además dominando su visión del paisaje. Más
adelante conecta estos pensamientos con el personaje de la obra de Cervantes y
dice: “Cuando se reúnen unos cuantos españoles sensibilizados por
la miseria ideal de su pasado, la sordidez de su presente y la acre hostilidad
de su porvenir, desciende entre ellos Don Quijote (......)”
(Ortega, O.C, T.
I: 326)
Don Quijote puede ser cualquier español, el mismo Cervantes sería un buen representante del quijotismo porque, siguiendo a Kant cuando hace referencia a las características que los turcos dan de los países , el vicio genuino de los españoles es que: “¡ España es tierra de antepasados¡ “ (Ortega,O.C. T. I: 324). Considero a Ortega un español que, aunque comparta con Don Quijote y Cervantes el sentimiento de la miseria ideal del pasado y la vivencia de la sordidez del presente, no por ello tiene hostilidad al porvenir. El pasado y el presente no le llevan al “desencanto” sino a considerarse con la obligación patriótica de sacar a España de la caducidad y así poder escuchar de nuevo latidos en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Don Quijote se desencanta cuando vuelve al juicio , confesando antes de morir que no fue su vida sino un sueño de locura. Cervantes, el verdadero artífice del desencanto, lo cree necesario para un cambio de actitud, el problema es que no nos ofrece alternativa. Eso lo hará en España Ortega con su filosofía vitalista, con su sentido deportivo y festival de la existencia. Por ello dirá nuestro filósofo que en El Quijote la vida se define como un naufragio irremisible y esencial derrota. Considerará que la fatalidad dirige pero no arrastra y por eso la voluntad heroica, resolutiva, juega un papel fundamental en el naufragio de nuestra existencia. En la España Invertebrada ( me hubiera parecido mejor título España Desvitalizada) nos propone Ortega un nuevo tipo de hombre español que surgiría después de un proyecto terapéutico basado en el cambio de sensibilidad (modificación de actitudes vitales, entre ellas, respeto hacia la ejemplaridad , y sobre todo, respeto por la ciencia y la disciplina intelectual). Esta última actitud vital es lo que hace, según Sánchez Meca, que el pensamiento de Ortega sea clásico, porque el hombre tiene que tomar conciencia de sus limitaciones y es la actividad racional la encargada de ello. El encuentro con la objetividad es el camino propuesto para la superación del problema de España. Esta es la alternativa al tragicismo castizo de Unamuno y al pesimismo de Cervantes.
La búsqueda de utopías que caracteriza al alma española, está movida por la fe; ello ha impregnado de idealismo o irracionalismo la historia de nuestro país, de ahí los continuos fracasos de nuestro pueblo.
Tomando la diferencia entre hazaña y aventura, a la que Cerezo acude para diferenciar a Unamuno de Ortega y que Sánchez Meca nos explica, la hazaña que busca lo trascendente tendría que ser sustituida por la aventura en el proyecto terapéutico propuesto. En ella, el héroe quiere ser el mismo en sus posibilidades y su libertad la ejercería en el mundo y no fuera de él. Dice Sánchez Meca: “Se podría concentrar, pues, el sentido de la rectificación orteguiana en la interpretación unamuniana de Don Quijote en este motivo de la transformación irónica de la hazaña en la aventura, como ha señalado Cerezo” ( Sánchez Meca,1995:241).
Aunque las pretensiones de Ortega no se hayan consumado hasta nuestros días, la labor filosófica y política que llevó a cabo, ha sido una de las causas del nacimiento de la España democrática. La generación del 56, responsable de la rebeldía moderada al régimen franquista que permitirá la transición, toma conciencia de sí misma y de sus deberes como generación en el entierro de Ortega. La muerte de nuestro héroe no fue la de Alonso Quijano, sino que fue un acto de transmisión de ideales que hizo posible hace 25 años devolverle el corazón a España. Las últimas palabras de la Meditación Preliminar reflejan su vitalidad, sensibilidad y optimismo : “(...) lleno de asombro y de ternura por lo maravilloso que es el mundo” ( Ortega, O.C. T.I: 364). Es primavera en la Sierra de Madrid y con ella se produce la regeneración de la vida.
Bibliografía:
-
Cervantes,
M. de (1989):
Don Quijote de la Mancha, Barcelona, Círculo de
Lectores, Biblioteca de Plata de los Clásicos Españoles, seleccionada y
comentada por Francisco Rico.
-
Ortega
y Gasset, J. (1966):
Meditaciones del Quijote en Obras
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Abellán,
J.L ,(2000):
Ortega y Gasset y los orígenes de la transición democrática,Madrid,
Espasa Calpe.
Castro,
A. (1980):
El pensamiento de Cervantes ,Barcelona, Noguer.
Cerezo,
P. (1984):
La voluntad de aventura. Aproximación a Ortega, Barcelona, Ariel.
Maravall,
J. A. (1976):
Utopía y contrautopía en el Quijote, Santiago de Compostela,
Pico Sacro.
Rotterdam,
Erasmo de (1996):
Los Silenos de Alcibíades en Escritos de crítica religiosa y
política, Barcelona, Biblioteca Universal de Filosofía, dirigida por
Emilio Lledó, Círculo de Lectores.
Sánchez
Meca, D. (1995):
“Ortega y el enigma del Quijote”, en Sánchez
Meca, D., Metamorfosis y confines de la individualidad, Madrid,
Tecnos. Parte cuarta.
Sigüenza,
J. (2000): Historia
de la Orden de San Jerónimo, Tomo II, Discurso I del Libro Tercero, editada
por la Junta de Castilla y León.
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