septiembre
2003
portada
poesía

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la vida es algo
tan multiplicado
heteroggéneo
y envolvente
que faltas tú
para comprenderlo.
terrible pero cierto
todo crece y decrece
futuro incierto
pasado incompleto
ganas de saber
de vivir
sin lamento.
¿que seria de mi
si mi unica felicidad reside en ti?
que seria de mi
sin ti
sin verte sonrreir
sin saberte feliz
¿que seria de ti
si tu unica felicidad reside en mi?.
eternitzats
els bons pensaments
desitjats
que tots siguin
bons fets
ben fets
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No me
busquéis
Cuando, olvidados ya
de mí y de mis quimeras,
tal vez echéis de menos mis manos en la noche. Cuando, perdidas ya las pistas de mi risa, caminéis por el filo de una voz enemiga. Cuando mueran los trigos. Cuando desaparezca...
No me busquéis en
casas decoradas
por artistas del lujo y el boato. No me busquéis en cálidos despachos ni entre alfombras, cortinas o lámparas antiguas. No me hallaréis tampoco entre las gentes que, despreciando al hombre, conversan vanamente con vacías palabras que nada significan.
No estaré con
aquellos que filtraron
(sin piedad, sin rubores) gota a gota la sangre de los pobres para hacer de cada vena un instrumento de riqueza enterrada en sus bolsillos.
Buscadme en el
sepelio de una hoja
brutalmente arrastrada por el viento. Tal vez en las aceras, entre las multitudes, solo, contemplando el ocaso de un insecto o el cambio de colores de un semáforo.
Ahogándome quizás
tozudamente
en gigantescas fuentes de nostalgia, o prendido de un silbo recorriendo recuerdos.
También me
encontraréis enredado en la hiedra
que crece por los muros del eterno rayo que hirió mi piel y no se apaga. Tal vez esté subido en una estrella o escarbando la tierra malherida o cantando a la luna mis desvelos o arrullando las aguas del arroyo o a la orilla nocturna de ese mar compañero de viajes y esperanzas, de ese mar que me ama.
Jugando con las
ninfas sobre una flor de loto,
en el curso de un río al norte de mi aldea, comentando con un almendro amigo las últimas promesas del otoño o el tono grisverdoso del crepúsculo.
Allí me encontraréis
sinceramente vuestro
si me buscáis en pie, sin veleidades.
Quizá malhumorado,
alegre, deprimido,
confuso, triste, solo, emocionado, feliz, cansado, incierto... pero vivo.
Humildemente,
maestro
Reconozco el
salitre de sus pulidos versos,
la atlántica firmeza que los parió desnudos la sangre enamorada que amamantó su fuerza y el agudo chirriar de los ferrocarriles que unen patrias y mares y llevan esperanzas.
De lucha, amor y
fierro crecieron las palabras,
su luz se fue expandiendo por pueblos y senderos, la paz del caminante fue la explosión secreta que prestó alas al verso para poblar las sierras donde los campesinos vieron crecer la vida, donde se hizo mujer la fértil resistencia.
Hoy esa voz nacida
de la roca
callada está, su grave resonancia dejó paso a su indómito recuerdo.
La cordillera
estremecida de su verbo
se hizo tuétano en las almas de los pobres. Hoy, nosotros, lo que queda del pueblo malherido, hemos querido entonar un canto hacia la aurora, y en su memoria esparcirlo por el viento como una ofrenda matinal que verifique su presencia vital desde la tierra que le cobija. Gracias. Gracias don Pablo por enseñarnos el hierro y los volcanes, por su recia testuz de militante, por las navegaciones estelares por las espigas, los navíos, las quimeras por la fe y por el clamor de las montañas que un día se alzarán incontrolables contra los viles verdugos de la tierra.
A Don
Pablo Neruda
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