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POESIA MEXICANA DEL MODERNISMO:

MANUEL GUTIERREZ NÁJERA,  ENRIQUE GONÁLEZ MARTÍNEZ.

 

De los modernistas mexicanos hemos seleccionado dos cuyas obras han trascendido el paso del tiempo, por sumar a un lenguaje depurado una vocación sentimental  con dimensión de sincerar un mundo interior rico y complejo.

 

            MANUEL GUTIERREZ NÁJERA       (México, 1859-1895) dedicó la casi totalidad de su vida al periodismo, dejando una obra en prosa vastísima, en forma de cuentos y relatos, crónicas, crítica literaria y crítica teatral. Su actividad poética es escasa, recogida en un solo libro póstumo, pero fundamental en la renovación lírica de aquellos años. Nájera, como Martí, a quién le unía una mutura devoción literaria y personal, supo ver la causa primera y fundamental que obraba en la decadencia de la poesía española de entonces, y comprendió lo necesaria y saludable que sería la apertura cultural y literaria que caracteriza al modernismo. De igual modo que el cubano, defendió lo permanente y válido de la tradición literaria española. De su romanticismo esencial nacen los sentimientos centrales que recorren su poesía, y los temas que conforman: la tristeza, la resignación, la invitación al placer y a la vida, pero invitación casi angustiada por la premura del tiempo: la conciencia dolorosa y resignada de la temporalidad. Y como todos los poetas del modernismo, la fe salvadora en la "santa poesía". No fue un renovador de las formas, pero sí un avanzado en el ajuste de un lenguaje colorista y musical al servicio de la expresión de un dolorido mundo interior teñido por la melancolía, y de una visión enteramente subjetiva de la realidad exterior.

 

 

            ENRIQUE GONZALEZ MARTINEZ  (México, 1871-1952) fue, de todos los modernistas, quien más se adentra en el siglo XX, y resultó testigo de los cambios de sensibilidad poética de nuestra centuria. Aquellos cambios poco afectaron en general a su poesía, y de las inestabilidades colectivas que amenazaban al hombre contemporáneo, algunas dieron tema a sus libros de la etapa final. Su personalidad poética quedó fijada muy pronto en sus primeros libros, definida por el alejamiento programado de la afectación retórica de los virtuosismos decorativos, y la búsqueda de una palabra tersa, despojada y diáfana, puesta al servicio de una introspección serena, que trata de acordar el alma del hombre con el alma de las cosas. Su actitud es la de la voluntad esencializadora, depurada y sugerente que propiciaba la actitud simbolista en el arte, no la violencia del romántico ni la impasibilidad del parnasiano.Su lección fue decisiva en el encauzamiento de lareacción hacia la sencillez que nutrió una de las corrientes del posmodernismo hispánico.Poesía de talante meditativo, reflexivo, que ha trascendido por su invitación al pensamiento. Fue férreamente leal a sí mismo y a su estética, y esa lealtad concluyó por darle al modernismo , al extenderlo hasta fechas tan avanzadas, la dimensión de un clasicismo vivo.

 

 

 

 

MANUEL GUTIERREZ NÁJERA

 

            Para entonces

 

Quiero morir cuando decline el día,

en alta mar y con la cara al cielo;

donde parezca sueño la agonía,

y el alma, un ave que remonta el vuelo.

 

No escuchar en los últimos instantes,

ya con el cielo y con el mar a solas,

más voces ni plegarias sollozantes

que el majestuoso tumbo de las olas.

 

Morir cuando la luz, triste, retira

sus áureas redes de la onda verde,

y ser como ese sol que lento expira:

algo muy luminoso que se pierde.

 

Morir, y jove: antes que destruya

el tiempo aleve la gentil corona;

cuando la vida dice aún:soy tuya,

aunque sepamos bien que nos traiciona.

 

 

            A un triste

 

¿Por qué de amor la barca voladora

con ágil mano detener no quieres

y esquivo menosprecial los placeres

de Venus, la impasible vencedora?

 

A no volver los años juveniles

huyen como saetas disparadas

por mano de invisible Sagitario;

triste vejez, como ladrón nocturno,

sorpréndenos sin guarda ni defensa,

y con la extremidad de su arma inmensa,

la  copa del placer vuelca Saturno.

 

¡Aprovecha el minuto y el instante!

Hoy te ofrece rendida la hermosura

de sus hechizos el gentil tesoro,

y llamándote ufana en la espesura,

suelta Pomona sus cabellos de oro.

 

En la popa del barco empavesado

que navega veloz rumbo a Citeres,

de los amigos el clamor te nombra,

mientras, tendidas en la egipcia alfombra,

sus crótalos agitan las mujeres.

 

¡Deja, por fin, la solitaria playa,

y coronado de fragantes flores

descansa en la barquilla de las diosas!

¿Qué importa lo fugaz de los amores?

¡También expiran jóvenes las rosas!

 

 

            Non omnis moriar

 

¡No moriré del todo, amiga mía!

De mi ondulante espíritu disperso,

algo en la urna diáfana del verso,

piadosa guardará la poesía.

 

¡No moriré del todo! Cuando herido

caiga a los golpes del dolor humano,

ligera tú, del campo entenebrido

levantarás al moribundo hermano.

 

Tal vez entonces por la boca inerme

que muda aspira la infinita calma,

oigas la voz de todo lo que duerme

¡con los ojos abiertos en mi alma!

 

Hondos recuerdos de fugaces días,

ternezas tristes que suspiran solas;

pálidas, enfermizas alegrías

sollozando al compás de las violas....

 

Todo lo que medroso oculta el hombre

se escapará, vibrante, del poeta,

en áureo ritmo de oración secreta

que invoque en cada cláusula tu nombre.

 

Y acaso adviertas que de modo extraño

suenan mis versos en tu oído atento,

y en el cristal, que con mi soplo empaño,

mires aparecer mi pensamiento.

 

Al ver entonces lo que yo soñaba,

dirás de mi errabunda poesía:

era triste, vulgar lo que cantaba....

¡más qué canción tan bella la que oía!

 

Y porque alzo en tu recuerdo notas

del coro universal, vívido y almo;

y porque brillan lágrimas ignotas

en el amargo cáliz de mi salmo;

 

porque existe la Santa Poesía

y en ella irradias tú, mientras disperso

átomo de mi ser esconda el verso,

¡no moriré del todo, amiga mía!

 

 

ENRIQUE GONZALEZ MARTINEZ

 

            Irás sobre la vida de las cosas...

 

Irás sobre la vida de las cosas

con noble lentitud; que todo lleve

a tu sensorio luz:blancor de nieve,

azul de linfas o rubor de rosas.

 

Que todo deje en ti como una huella

misteriosa grabada intensamente;

lo mismo el soliloquio de la fuente

que el flébil parpadeo de la estrella.

 

Que asciendas a las cumbres solitarias

y allí, como arpa eólica, te azoten

los borrascosos vientos, y que broten

de tus cuerdas rugidos y plegarias.

 

Que esquives lo que ofusca y los que asombra

al humano redil que abajo queda,

y que afines tu alma hasta que pueda

escuchar el silencio y ver la sombra.

 

Que te ames en tí mismo, de tal modo

compendiando tu ser cielo y abismo,

que sin desviar los ojos de ti mismo

puedad tus ojos contemplarlo todo.

 

Y que llegues, por fin, a la escondida

playa con tu minúsculo universo,

y que logres oír tu propio verso

en que palpita el alma de la vida.

 

            Tuércele el cuello al cisne.....

 

Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje

que da su nota blanca al azul de la fuente;

él pasea su gracia no más, pero no siente

el alma de las cosas ni la voz del paisaje.

 

Huye de toda forma y de todo lenguaje

que no vayan acordes con el ritmo latente

de la vida profunda... y adora intensamente

la vida, y que la vida comprenda tu homenaje.

 

Mira al sapiente búho cómo tinede las alas

desde el Olimpo, deja el regazo de Palas

y posa en aquel árbol el vuelo taciturno....

 

El no tiene la gracia del cisne, mas su inquieta

pupila, que se clava en la sombra, interpreta

el misterioso libro del silencio nocturno.

 

            Estancias

 

            1

Tropel de sombras; mas el ojo lleva

en su retina la visión del viaje.

Alcé mi voz al astro que se eleva;

cantando espero que la noche baje,

Del coro soy; mi resonancia nueva

mi raro timbre de inicial mensaje;

me seduce la eterna melodía

que, por ser la de todos, es más mía.

 

 

            2

Roble, laurel, espina, poco importa;

lo que vale es vivir; en la tortura,

igual que en el placer, la vida es corta;

voluntad de vivir es lo que dura.

La frente al aire y la mirada absorta,

mil veces renovara mi aventura

de andar y desandar este camino

a fuer de voluntario peregrino.

 

            8

Causa dolor dejar interrumpida

la vieja historia y en sordina el canto

que a toda voz alzamos a la vida

con risa fácil o con doble llanto;

mas esta suavidad adormecida

de rapsodia final, tiene su encanto:

define el ojo y el oído ausculta

la forma vaga y la palabra oculta.

 

            13

Desde la aurora de preludios rojos

una obsesión de altura me enardece;

y cuando el sol escapa de mis ojos

y en brazos de la noche desfallece,

sigue el ansia de vuelo sus antojos,

crece el afán mientras la sombra crece,

y voy a tientas por la selva oscura

como niño que corre a la ventura.

 

 

 

 
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