agosto 2003 
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crónicas

A propósito del realismo poético de Gabriel García Márquez

Por Mercedes Villar Liñán. Profesora de Historia

 

GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel:  Vivir para contarla. Editorial Mondadori, Biblioteca García Márquez. Barcelona 2002.   

 

En enero Gabriel García Márquez nos regalaba una primera entrega de fragmentos de su vida enlazados por el recuerdo como si de una gran y fertilísima  cuenca fluvial se tratase. Lugares, personas, escritos, relatos, son afluentes del caudaloso río que los une: la narración. 

Como preámbulo a sus páginas, una cita reveladora: "La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla". El relato se convierte en la esencia de la vida, caudal disperso dotado de unidad al ser contado. El recuerdo como fuente de la historia, de toda historia sentida o soñada. "En el principio fue el verbo". Acto y ser vocalizado, explicado, dicho. Decir y sentir, universos coordinados. En García Márquez sólo la realidad de la narración será posible cuando la realidad vivida sea rescatada de la memoria en su versión más sentida y nostálgica: en su dimensión poética. Al comenzar la biografía hay una elección, la del episodio crucial que a través de un caño del río y de las ciénagas llevó al autor a comprender con veintitrés años cual era su raíz, origen de todas sus ansias. El paisaje recorrido con su madre desde Barranquilla hasta Aracataca tendrá el poder de rescatar toda la memoria escondida, lugares oscuros que frenaban la escritura. Será un viaje iniciático de ida y vuelta, hacia el recuerdo y hacia la vida. Vistos como episodios de una crónica familiar, no tendrían trascendencia los propios recuerdos. En cualquiera de nosotros existen anécdotas sobre parientes, vicisitudes y pasajes de todo aquello que va conformando nuestra existencia. García Márquez convierte la evocación en epopeya, al estilo de la vieja épica narrativa, donde los fastos personales eran logros de la Historia y los contratiempos, méritos que añadir a las hazañas. Sin embargo el peso de la crudeza se aligera, en una leyenda de héroes del siglo XX, más por la poesía que por la fantasía. La infancia del escritor junto a sus abuelos, los avatares y traslados de su familia por distintos paisajes colombianos cargados de realidad histórica, el nacimiento de sus hermanos y la muerte de sus mayores, podrían ser motivos de una interpretación triste, negativa, cruel y excesivamente pesada; es lo que ocurre a menudo con la visión de los historiadores. No es así en ninguno de los pasajes literarios de García Márquez, cuyo sustento vienen a ser pasajes vividos, que fueron recordados como hechos poéticos más que mágicos.   

La obra escrita de García Márquez forma un conjunto unido por su peculiar visión poética de sus propias remembranzas. No como recurso sino como fondo y alma de su propia escritura. 

    "El viaje con mi madre para vender la casa de Aracataca me rescató de ese abismo  [un desgano en el que estaba sumido tratando de escribir una novela llamada La casa], y la certidumbre de la nueva novela me indicó el horizonte de un porvenir distinto. Fue un viaje decisivo entre los numerosos de mi vida, porque me demostró en carne propia que el libro que había tratado de escribir era una pura invención retórica sin sustento alguno en una verdad poética. El proyecto, por supuesto, saltó en añicos al enfrentarlo con la realidad en aquel viaje revelador. 

    El modelo de una epopeya como la que yo soñaba no podía ser otro que el de mi propia familia, que nunca fue protagonista y ni siquiera víctima de algo, sino testigo inútil y víctima de todo. Empecé a escribirla en la hora misma del regreso, pues ya no me servía para nada la elaboración con recursos artificiales, sino la carga emocional que arrastraba sin saberlo y me había esperado intacta en la casa de los abuelos. [pág. 438]". Realismo sublimado por la poesía más que realismo mágico. No es lo fantástico inasible ni imaginativa historia sino sentimiento y lirismo que trasciende a lo real aquello que cautiva en García Márquez y que lo convierte en el mayor cuentista del siglo, formando su obra un "antiguo nuevo testamento ", crónica humana contemporánea... 

 

    ...Otro día hablaremos de la ficción de la biografía como novela.

  Mercedes Villar Liñán. Agosto 2003

 

  

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