agosto 2003
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fragmentos

Ian Gibson, Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca

 "Si yo me pierdo, que me busquen en Andalucía o en Cuba

 

LA HABANA-FUENTE VAQUEROS-CÁDIZ

 

¡Cuba!. Desde los días lejanos de Fuente Vaqueros ha sido para Federico García Lorca un nombre mágico. En el pueblo había escuchado las lánguidas habaneras cantadas por su tía Isabel, su prima Aurelia y otros miembros de aquella familia tan musical como numerosa; y sus visiones más antiguas de la isla procedían de las exóticas etiquetas interiores de las cajas de puros habanos que su padre recibía directamente de Cuba. En ellas había contemplado, embelesado, a Romeo y Julieta abrazándose en medio de una lluvia de rosas y de medallas de oro  admirado la leonina cabeza de Fonseca, el magnate tabaquero; y en su imaginación había cruzado un barco delante del Morro, el célebre faro del puerto de La Habana, o vagado entre los bosques de palmeras bajo un cielo turquesa. Más adelante, ya en Granada, al descubrir Lorca adolescente a Debussy le debió intrigar el que tanto La Puerta del Vino como La Soirée dans Grenade tengan ritmo de habanera, música en absoluto relacionada con la ciudad de la Alhambra (aunque sí con Cádiz). Un poco después, como sabemos, el poeta cubano José Chacón y Calvo le había hablado con entusiasmo de la isla. Todo ello, y sin duda otros factores, hacían que, para Lorca, Cuba encerrara una fascinación muy especial.

Chacón, que probablemente había presionado para que se invitara a Lorca a Cuba, se hallaba ahora en la isla, donde esperaba con ilusión al poeta, al igual que otros muchos admiradores suyos que todavía no le conocían personalmente, pero que habían leído poemas suyos o tenido noticias de él. Antes de poner los pies en Cuba, de todas maneras, Lorca sabe que allí, después de Nueva York, lo va a pasar en grande. Solo se conocen dos cartas de Lorca a su familia desde Cuba. En la primera de ellas se disculpa por no haber escrito desde Nueva York antes de su salida, y describe sus primeras impresiones de La Habana, donde su acogida ha sido, dice, "un acontecimiento", aunque lo achaca, no sin falsa modestia, al hecho de que "esta gente es exagerada como pocas":

Pero Habana es una maravilla, tanto la vieja como la moderna. Es una mezcla de Málaga y Cádiz, pero mucho más animada y relajada por el trópico. El ritmo de la ciudad es acariciador, suave, sensualísimo, y lleno de un encanto que es absolutamente español, mejor dicho, andaluz. Habana es fundamentalmente española, pero de lo más característico y más profundo de nuestra civilización. Yo naturalmente me encuentro como en mi casa. Ya vosotros sabéis lo que a mí me gusta Málaga, y esto es mucho más rico y variado."

Gibson, Ian: Vida, Pasión y Muerte de Federico García Lorca. Volumen II, Ed. ABC, S.L., Barcelona 2003, págs. 355-356.

 

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