diciembre 2002
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apuntes

Lugares comunes a la Pintura (segunda parte: Artistas)

Por Benjamín Castillo.

El artífice de este gran "fingimiento" como lo definió Velázquez según la tradición, es el primer responsable de su obra. La ejecución de ciertos ritos gestuales que llevan hasta la superficie manchada y que damos en llamar pintura recae sobre este personaje que ha sido definido por la historia de muy diferentes maneras. Cada época ha creado una imagen para aquellos que han dejado en las superficies la imaginería de su tiempo. Cubiertos de gloria todos aquellos que conocemos por la historia general del arte y enterrados en viejos libros de anticuarios aquellos otros cuya fortuna se ha limitado a unas líneas, a veces escasas y perentorias y siempre poco justas. El artista pintor se debate entre un espacio en blanco y una imagen de la mente que quisiera ver plasmada lo antes posible. En ese viaje que va de uno a otro espacio es donde se produce el vertiginoso proceso de la creación pictórica. Es donde aparecen las tribulaciones y gestualidades propias. Cada pintor realiza su proceso de modos distintos, en tiempos distintos y al ritmo de un rito que cada uno sigue como el compás de una música que partiera de una orquesta de instrumentos fieles a un director sin auditorio, que  representa sobre la superficie el devenir de una obra inconclusa. En la soledad del estudio se forja el carácter de algo que en cierto modo repite el sueño de aprehender la realidad de un pensamiento inquieto y cautivado por la imagen única. El artista, en ese momento, coparticipa de la creación y ejerce un poder antiguo de transformación de la materia. Sublima del modo más directo y crea una realidad sensible paralela a la anterior a la transformación. El tiempo y el espacio se ven distorsionados y ocupan un lugar carente de referencias físicas en el entorno. Es por ahí, por ese lugar, verdadero centro de un huracán por donde se escapa la memoria a un tiempo futuro de ámbitos reconocibles tan sólo en cuanto recuerdos de una historia jamás vivida ni contada.

El artista queda también envuelto por algo que le sobrepasa y sienta sobre la materia la raíz de un nuevo mundo de insospechadas relaciones entre los seres nuevos que lo pueblan. Vuelve sobre sí la responsabilidad tremenda de la creación.


 

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