portada

En este apartado de nuestra revista hemos querido que la última y primera Crónica de estos dos siglos que confluyen esté llevada de la mano de un autor de sólido prestigio en el análisis contemporánero como es Giulio Carlo Argán. El fragmento que hemos escogido pertenece al opúsculo a su obra El Arte Moderno. Desde un punto de vista renovador de la historiografía del arte Argán acierta al diseccionar la producción artística del siglo XX y ,por ello, nos parecen de interés las observaciones para el final del milenio que nos ofreció en esta obra El Arte hacia el 2000.

     "Indudablemente la generación internacional de los 90 hacia el 2000 confía al neo-objetivismo del arte el sentido creativo, entendido como posibilidad de conjugar al mismo tiempo memoria y estilo lingüístico, experimentación y representación, ornamentación y comunicación, poesía colectiva de la historia del arte y prosa personal de lo material. La ironía de la neutralidad parece habitar en las obras de estos artistas, que ya son intercontinentales y que están convencidos de que la sociedad los mira, los observa no a través de la mirada directa, sino, preferiblemente, a través de la fotográfica, con la obligación de que las obras, como en los aeropuertos, pasen a través de las horcas claudinas del detector de metales.
     El arte hacia el 2000 tiende a establecer como su propio contexto una especie de estado mundial que ya existe al nivel de la técnica, como afirma Ernst Jünger, y en el que no existe un centro, sino más bien un campo constantemente forzado desde la periferia.
     En un mundo en constelación, según la definición de Norbert Elias, que en el arte está adecuadamente representado por esa doble polaridad de la transvanguardia fría y caliente. La creatividad ya se expresa sin la hegemonía de un lenguaje fuerte o sin la influyente preponderancia de un único mercado.
     Geográficamente el arte tenderá a una ambigua de movimiento y homologación, siguiendo la ley física de la deriva de los continentes, por la cual la distancia entre ellos se reduce hasta casi llegar a la catástrofe por colisión entre las tierras aún separadas por las aguas de los océanos: el arte contra el 2000.
     Probablemente este movimiento producirá la intensificación de un proceso común de alfabetización visual de pueblos lejanos entre sí, pero que telemáticamente acercan los satélites.
     Al mismo tiempo esta alfabetización de imágenes, en cuanto afecta al arte, provocará un cortocircuito entre los códigos locales e internacionales. La contaminación constituye el carácter predominante del arte que va contra el 2000, fomentado por la velocidad de circulación de los distintos códigos visuales entre los diferentes continentes de Europa, América, Asia y Oceanía. [...]
     En este sentido el arte conserva su cualidad de producir formas expresivas capaces de documentar la condición del hombre a finales del XX, necesariamente vinculada a una forma de neoausteridad
que es la única posible en la contradicción norte-sur, entre occidente y oriente, y también adquiere un involuntario atributo de alarma sobre la homologación que se deriva de la circulación de los objetos artísticos. Por otra parte, su destino es ser problemático y ambiguo, pues la aceleración que le imprime el sistema determina su consumo e, implícitamente, el peligro de su fin, pero también una elasticidad que retrasa la muerte continuamente."

Argán, G.C., El Arte hacia el 2000, Trad. Gloria Cué, Ed. Akal, Madrid, 1992, págs.66-74.

 

 

Envía tus Crónicas sobre actos y eventos
aquí