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Tomamos de La época de las Catedrales.Arte y sociedad 980-1420, del historiador Georges Duby, este fragmento que presenta una panorámica de la Europa del año mil, aquella en que el espacio físico y el elemento humano van resurgiendo de las cenizas, aquella en que se vivía una época de cambios.

 

"Muy pocos hombres -las soledades se extienden hacia el oeste, hacia el norte, hacia el este, inmensas, y terminan por invadirlo todo-, tierras yermas, ciénagas, ríos vagabundos y landas, bosquecillos, pastizales, todas las formas degradadas del bosque que subsisten después de la quema de las brozas y de las furtivas siembras de los quemadores de bosques; de tanto en tanto, claros, un suelo conquistado esta vez, pero que sin embargo apenas ha sido domado; surcos superficiales, irrisorios, que aperos de madera arrastrados por bueyes enjutos han trazado sobre una tierra reacia; en este espacio nutridor salpicado aún de grandes manchas vacías, todos los campos que se dejan en barbecho uno, dos, tres años, diez a veces, para que, con su reposo, se reconstituyan naturalmente los principios de su fertilidad; chozas de piedra, de barro o de ramas, reunidas en pequeñas aldeas, rodeadas de setos de espino y de las cercas de los huertos; a veces, en medio de las empalizadas que la protegen, la residencia de un jefe, una construcción de madera, graneros, los cobertizos de los esclavos y el fogón de las cocinas, en un aparte; de tarde en tarde, una ciudad, penetrada por la naturaleza rural, que no es sino el esqueleto revocado de una ciudad romana, bloques de ruinas que rodean los arados, una muralla bien que mal reparada, edificios de piedra que datan del Imperio, convertidos en iglesias o en ciudadelas; no lejos de ellos, algunas docenas de cabañas en las que viven viticultores, tejedores, herreros, aquellos artesanos domésticos que fabrican, para la guarnición y para el señor obispo, armas y ornamentos; por último, dos o tres familias de judíos que prestan un poco de dinero a cambio de una prenda; caminos, largas caravanas de transporte de mercnacías, flotillas de barcazas en todos los cursos de agua: así es el Occidente en el año 1000. Rústico, aparece frente a Bizancio y frente a Córdoba excesivamente pobre y despojado. Un mundo salvaje. Un mundo acechado por el hambre. 

(...) Sin embargo, desde hacía cierto tiempo, movimientos imperceptibles empujaban a esta humanidad miserable fuera de su total indigencia. El siglo XI fue, para los pueblos primitivos de Europa occidental, el momento en que empezaron a emerger lentamente de la barbarie. Se libraron entonces de las hambrunas, entraron uno tras otro en la historia y emprendieron un progreso continuo. Despertar, infancia. Esta región del mundo, en efecto, dejó de ser entonces -y en adelante éste sería su gran privilegio sobre las demás y el gaje de su progresivo ascendiente-, y para siempre, víctima de invasiones. Desde hacía siglos, un gran movimiento de pueblos en marcha había afluido casi sin cesar sobre Occidente, alterando el orden de las cosas, trastornándolo todo, desbaratando y destruyendo. Las conquistas carolingias habían logrado por un tiempo restaurar una apariencia de disciplina y de paz en la Europa continental; pero, apenas desaparecido Carlomagno, de todas partes volvieron bandas escurridizas, de Escandinavia, de las estepas orientales y de las islas mediterráneas tomadas por el Islam, a abalanzarse sobre la cristiandad latina para saquearla. Pero los brotes iniciales de lo que lamamos el arte románico se perciben en el preciso instante en que tales incursiones se detienen, en que los normandos se instalan y se amansan, en que el rey de Hungría se convierte, en que el conde de Arles expulsa de sus guaridas a los piratas sarracenos que controlan los pasos de los Alpes y que acababan de exigir rescate por el abad de Cluny. Después del año 980 ya no se vieron más abadías saqueadas ni multitudes de monjes atemorizados huyendo por los caminos con sus reliquias y sus tesoros. A partir de entonces, cuando el fuego asomaba más allá de los bosques, ya no eran pillajes, sino desmontes."

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