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Retrato
de la flor roja sobre fondo verde. Abierto a la luz de los siglos sin ver un
segundo en la tregua de los besos. Abiertas las manos de los años que pasan
en un tren sin frenos. Solares de los desesperados abrazos de los amados, de
aquellos que son dos sin verbos. Es la estación de los pasos sin huella en la
palma de un mundo amplio y en el estrépito silencioso de los deseos. Retrato
de la flor roja sobre el fondo de la geografía absorta, verde en el fondo.
Salmo de un instante, canto oculto, piernas al sol. Girasol que sigue su paso
en el momento de la ventana azul y gris en el suelo. Las líneas que siguen el
curso de las cosas serán testigos del vuelo en los campos atentos al mar. A
las rocas y los seres alucinantes e increíbles de sus retos al tiempo y al
espacio infinito sobre sus espaldas. Desde todos los días de sol y las noches
de luna traspasados de almas palpitantes sobre el tapiz enredado de violetas
que encienden el compás y la música dormida del agua.
Saltos de hiedras trepadoras al cielo cubierto de esencias innombrables,
mecidas del viento sobre el alto de los caprichosos eucaliptos cuando al final
se pierden fundidos la tierra y el mar. Caleidoscópicos visos de extrañas
formas en la piel estrellada de la espalda. Dioses retornados al verano del
tiempo enlazado, bestiario en papel. No faltarán motivos.
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