febrero/marzo 2003
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El discurso histórico y la escuela en la Dictadura de Franco
Mercedes Villar Liñán, profesora de Historia
|
Memoria Histórica, Discurso y Escuela
Numerosos investigadores e
historiadores han resaltado –o recordado- la función que cumple la
disciplina histórica en las escuelas, como vehículo de transmisión de
la ideología dominante y como producto a su vez de su tiempo histórico,
del momento en que se ha elaborado –por ejemplo, esta es la línea de Fco. Javier Merchán Iglesias en los artículos que he
consultado-[1].
El texto, el programa, el conocimiento estanco que desde los centros
educativos transmitimos, a menudo tiene poco que ver con la realidad
social de nuestros alumnos o con sus inquietudes, y sí tiende a
reproducir conceptos y contenidos que hemos seleccionado como los que
toda persona culta debe conocer. Estos contenidos suelen ser arquetípicos,
por lo que los alumnos tienden a su reproducción para el examen de
forma memorística, de modo que ganan éxito académico, imprescindible
para su posterior inserción en un determinado nivel de nuestra sociedad
de clases capitalista. La asignatura –o disciplina- de Historia o de
Ciencias Sociales suele ser la que más ideologizada se encuentra, pues
por su propio contenido tiende a ser vehículo de socialización. Sin
embargo, para la construcción de la memoria histórica la Disciplina
Histórica no tiene el monopolio constitutivo, “y hasta podríamos
dudar bastante que los ámbitos oficiales y formales de apropiación,
transmisión y construcción de esta memoria, por ejemplo la escuela,
sean realmente portadores de su discurso [de la ciencia histórica]”[2]. Actualmente existe una disociación
entre la práctica de los docentes de historia y el trabajo investigador
de los historiadores; aún mayor es la distancia entre nuestras prácticas
y el imaginario que de ellas tenemos. Los programas que aceptamos continúan
secuenciando la historia desde el concepto de la formación del
Estado-Nación, de raíz decimonónica, idea superada por la
historiografía actual más avanzada. Existen movimientos históricos
que, vistos en su diacronía y continuidad, trascienden este enfoque del
devenir nacional. Por ejemplo, el análisis del éxodo español puede
acercarnos a una perspectiva más enriquecedora de la historia. El
exilio republicano no fue una anécdota, una contribución a otra
historia más universal, sino historia en sí que trasciende
fronteras y naciones. En este sentido, abordar la diacronía del fenómeno
masivo del exilio, puede ayudar a esclarecer cómo se combina el
sujeto individual y el sujeto colectivo[3],
el papel histórico interrelacionado de lo social y lo político, de
la gente común y de los grandes hombres.
La historia que enseñamos
en nuestros centros está anquilosada en el modelo academicista
y enciclopédico. Justo Serna, en un magnífico artículo sobre
la utilidad de la historia para los adolescentes, llega a definir el daño
que puede llegar a causar el exceso y abuso de la “historia
monumental” practicada por celosos guardianes de la nación dispuestos
a arruinar el disfrute del presente a partir de un pasado glorioso: “Un
exceso de historia ahoga, niega nuestra felicidad y nos hipoteca con el
fardo de lo heredado”[4].
El mismo autor cita a Nietzsche para explicar que necesitamos la
historia monumental, la historia anticuaria y la historia crítica: “necesitamos
la celebración de lo grande que nos precedió, restar novedad a lo que
ya se dio antes, o era simplemente antiguo, y también evaluar o
contrastar a partir del presente” [5]
Siguiendo a
Merchán, el “Debate de las Humanidades”[6], desarrollado en España en el año 2000
a partir de informes de la Academia de la Historia, ha
reinstaurado para la escuela el estudio de la “historia monumental”,
dividida en bloques de contenidos marcados por las grandes editoriales,
y por un concepto lineal de
la Historia de la Humanidad: la humanidad ha ido avanzando en estadíos
sucesivos hacia un mayor progreso, que ha desembocado en una realidad
social, la actual, de modo natural, y que es la mejor en el devenir
humano. De este modo la asignatura de Historia es un vehículo de
ideologización, por el que los escolares pueden tener una visión homogénea
del pasado, formado por una selección de hechos y personajes
idealizados, piezas clave en ese “devenir hacia el desarrollo”; el
discurso olvida o silencia o descalifica aquellos hechos
que suponen confrontación o conflicto con este devenir. Una historia
sin duda muy conservadora, en el sentido de que tiende a conservar los
logros alcanzados por el progreso democrático capitalista, marginando
los desperfectos, lo disonante. En
nuestro actual currículo, sin embargo, se definen otros objetivos para
la asignatura, como el de fomentar el espíritu crítico, comprender el
presente desde el pasado, contribuir a la formación del pensamiento lógico
abstracto y científico...[7]. Difícilmente podemos contribuir a tales valores
desde una enseñanza memorística que se ve presionada por la celebración
de exámenes, los cuales pretenden verificar si nuestros alumnos han
digerido o se les ha atragantado la cultura oficial. El estudio del destierro
republicano español, junto al análisis de las depuraciones del primer
franquismo, llevado a los centros de enseñanza, permite rescatar la
esfera de lo privado y personal como algo más que anécdota o extensión
de la historia institucional y pública: a través de los numerosos
testimonios del exilio salen a la luz el tiempo de su vida, los
proyectos, la intención, la soledad, la unión, la solidaridad. La
secuencia de los exilios en las familias e historias personales abre
otra perspectiva de la narración histórica: el relato mantenido por
las generaciones posteriores a quienes hubieron de huir de España nos
enseña la amplitud, la generosidad de tales historias; la “Historia
de España” se ensancha a otros continentes, se amplía, constituyendo
el fenómeno de los exiliados un desafío a esa construcción de la
historia desde la perspectiva del Estado-Nación. Por otra parte, en el amplio número
de exiliados de muy diversas clases sociales y profesiones se manifiesta
la sincronía, la experiencia compartida pero única de cada familia que
ha hecho la Historia. Las ideas que perviven en sus descendientes, la
evolución de estas familias concretas en sus “nuevas patrias”, son
una muestra de la diacronía y la permanencia en la memoria histórica y
la contramemoria. El gran número de maestros que, ante el
“saneamiento” de las instituciones docentes durante la Guerra Civil
y la Posguerra, optaron por marcharse del país y trabajar en otros
lugares, muestra la permanencia y diacronía de aquellas ideas
progresistas que intentaron enseñar a muchos niños españoles. Los
maestros y profesores de instituto fueron vehículo de transmisión de
una serie de valores como fueron el racionalismo, el laicismo, el
librepensamiento, la igualdad y solidaridad entre los géneros, gestadas
entre las clases intelectuales, y más concretamente difundidas por
Francisco Ferrer Guardia, Giner de los Ríos y Sanz del Río. El
Discurso Histórico del franquismo y la depuración de los
docentes
La
enseñanza de la Historia como vía de transmisión de valores fue uno
de los pilares de la escuela del franquismo, y precisamente, motivo de
exilio de muchos maestros. La utilización de la Historia para ensalzar
un pasado construido a la medida de la ideología de los vencedores se
insertó en un modelo nuevo de escuela. Desde las primeras victorias del
alzamiento, con la constitución de la Junta de Defensa Nacional,
la escuela fue blanco de las primeras reformas. Será misión de la Comisión
de Cultura y Enseñanza romper con el modelo de escuela republicano,
comenzando por la depuración de los docentes. La Orden de
19/Agosto/1936 y la Circular de 7/Diciembre/1936 constituyen el marco
legal para la depuración, y en ellas quedaba claro que el objetivo de
las Comisiones Depuradoras era apartar de la enseñanza “a
los envenenadores del alma popular, los primeros y mayores responsables
de todos los crímenes y destrucciones que sobrecogen al mundo”.
La depuración tenía carácter punitivo y preventivo, y se basaba en la
atribución de la responsabilidad del desorden de España a la Institución
Libre de Enseñanza, considerada anti-católica y anti-española.
Los sublevados del Movimiento señalaban como primerísima causa
de la tragedia española la difusión de la masonería, el judaísmo, la
tradición liberal de la Revolución Francesa, el anarquismo y el
marxismo, todos ellos precedentes de la escuela laica, última
consecuencia del pensamiento krausista, “infiltrado” por Giner de
los Ríos y sus discípulos de la I.L.E. [8]
Esta
idea de infiltración presupone una falta de libertad de pensamiento y
de elección por parte de aquellos que se dejan “contaminar”. Parte
de un presupuesto erróneo: las ideas no se adoptan sino por
adoctrinamiento. Tal planteamiento, que niega la capacidad de pensar,
lleva a la depuración de los maestros e intelectuales y a la
ideologización de las escuelas.
La escuela republicana no pudo eliminar el
embudo escolar liberal. Sin embargo, como una experiencia acelerada y de
exploración de alternativas educativas, intentó una mayor escolarización.
Recogía la tradición iniciada por Ferrer Guardia y Giner de los Ríos,
impulsando la modernización metodológica, la razón como instrumento,
el laicismo y la coeducación como vías de avance social y nacional.
Según Claudio Lozano Seijas, “fue un proceso moral, ideológico,
que suscitó una socialización política que movilizó a millones de
seres, y les hizo luchar por la justicia. Acuñó una cultura y un
mensaje, el del humanismo de izquierdas, del que se nutrirá el exilio y
el antifranquismo”[9].
Las bases de la nueva escuela franquista van
a ser: la depuración de los profesionales de todas las escalas, la
reorganización administrativa, la normativa sobre contenidos y
funciones de la escuela, y la modificación de la función de la
Inspección de Enseñanza. Unas y otras se complementan, formando el
entramado educativo que descansa sobre tres principios: escuela
adoctrinadora, control absoluto de las conciencias, escuela
nacional-tradicionalista.
Interesa destacar dos aspectos de esta "nueva
escuela":
-la depuración, que significó
para el magisterio nacional un total de entre 15.000 y 16.000
sancionados, de los que 6000 maestros fueron separados definitivamente
de la enseñanza, 3000 fueron suspendidos de empleo y sueldo, alrededor
de 6000 perdieron su plaza al ser trasladados forzosamente de su
localidad. La mayoría de los sancionados fueron aquellos que estaban más
comprometidos con el proyecto de reforma educativa, política, económica
y social; fueron el sector más progresista e innovador del magisterio
-la utilización de
la historia al servicio de los valores católicos, patrióticos,
tradicionalistas (orden, disciplina, jerarquía). La máxima expresión
de estos valores es el Libro de España,[10] cuyos contenidos debían ser un “compendio
atractivo y apologético de todo cuanto de ella deben conocer sus hijos
para amarla”. El libro resaltaría la contribución de España a
la civilización católica universal, refutaría los pasajes de la
“Leyenda Negra” y enseñaría a los niños las características de
la “Raza” que debe imitar, cuyo valor principal es la fe cristiana.
La nación era un concepto exclusivo y excluyente, una idea donde no cabía
la diferencia ideológica, lingüística o cultural. La tradición
fijaba este camino de unidad, iniciado por los Reyes Católicos y
prolongado por la monarquía de los Austria.
La historia apologética ensalzaría al Héroe y al Santo como
los formadores de la Patria. El Libro de España era de lectura
obligatoria en las escuelas. Junto a la exaltación de otros símbolos,
el libro de texto histórico cumplía un importante papel como
instrumento de socialización. La Orden de 21 de septiembre precisaba
esta función: “esa nueva y clara luz donde la simple
verdad histórica es ya apología. Ha de señalar acentuadamente la no
interrumpida contribución de España a la civilización universal, y
preferentemente la coincidencia de estos esfuerzos civilizadores con el
actual Movimiento en que se prolonga su historia y su grandeza,
contraponiendo a la absurda tendencia separatista, la idea excelsa de
unión de todas las regiones dentro de
la gran Patria Española”[11]
Para
la elaboración del “Libro” la citada Orden convocaba un
concurso público, cuyas bases resaltaban de modo especial la función
apologética. Los miembros de la Comisión de Cultura y Enseñanza
habían comprendido la importancia del libro de texto como instrumento
de adoctrinamiento. En dicha línea, la Comisión también dictó
las normas para la destrucción de los libros que no se ajustasen a los
nuevos criterios. La Orden de 16 de septiembre de 1936 establecía las Comisiones
Depuradoras de bibliotecas, cuyo trabajo se extendía a las
bibliotecas universitarias, escolares y ambulantes. El encargo expreso
era destruir todos los libros de carácter marxista, y resguardar del público
aquellos libros que pudieran herir o perjudicar. La libertad de
pensamiento y de conciencia de todos los ciudadanos quedaba oficialmente
suprimida.
Por otra parte, los
principios de la escuela nueva eran totalmente opuestos a los de la
escuela republicana: -escuela religiosa frente a escuela laica (la
religión impregna cada acto de la escuela) -educación sexista frente a coeducación ( se forman los “Círculos
de Orientación del Magisterio Femenino”, para orientar la enseñanza
de las niñas hacia el hogar y la familia)
-educación patriótica excluyente, frente a los
inicios de autonomías regionales -educación cívica que potencia el
sacrificio y la austeridad frente al librepensamiento, la creatividad y
la construcción del conocimiento En
esta trama adoctrinadora, el maestro es la pieza principal, convertido más
en un transmisor que en un educador. El cambio en el sistema de enseñanza
propició el exilio de muchos maestros. La purga y “renovación” a
la que fueron sometidos, hizo que muchos optaran por no solicitar el
reingreso una vez que habían sido separados temporalmente mientras se
tramitaba su expediente de depuración y se exiliaron. La mayoría lo
hizo por motivos ideológicos, por no comulgar con las características
de la nueva escuela. Según Miguel Martínez Cuadrado,
la generación de 1913, en la que se incluye Ortega y Gasset, Américo
Castro, Gregorio Marañón, Menéndez Pidal y otras muchas figuras de la
investigación, significaron un cambio de rumbo en la vida nacional. “Tanto
esta generación como la forjada y multiplicada bajo su magisterio, la
que podemos situar en torno a 1931 –y que abarca a quienes llegaron a
los años mozos entre 1927 y 1936 aproximadamente- participaron, se
sacrificaron o perecieron en el gigantesco incendio aniquilador de la
guerra civil española”[12]
Tenemos algunos datos sobre miembros de esa generación que llegan
a México: 7 rectores, 45 catedráticos de filosofía, 36 de ciencias
exactas, 55 de derecho, 70 de medicina, 12 de farmacia, y otros 151 de
otras facultades. El cálculo de los maestros de primera enseñanza
exiliados no está hecho, y es más difícil de precisar que el número
de maestros depurados. Sí hay algún testimonio sobre el trabajo en los
colegios de algunos de ellos:
“Nos
adherimos [a la sección de maestros
de FETE-UGT] casi todos los que estudiábamos y los que ya eran
maestros: Cocquard, Pujolar, Paulí Corredor... La República creó un
cupo profesional de maestros que entrañaba un nuevo plan de educación,
con un programa de cinco años. En el sindicato se celebraban periódicamente
asambleas y cada cual explicaba sus experiencias en la escuela. Hacíamos
pruebas, sobre todo en los centros de interés y estábamos en la
vanguardia de Europa. También se hacían intercambios de periódicos
escolares” (Testimonio de Antonia
Adroher, maestra exiliada en Francia[13]). Este testimonio tan
simple es fecundísimo, y puede servir de punto de partida para
caracterizar a los maestros que se marchaban: jóvenes (hombres y
mujeres), estudiantes aún, renovadores, activistas, conscientes de su
función modernizadora... Además destaco que el uso de la prensa en la
escuela (Técnicas Freinet) y el intercambio de periódicos
escolares fue introducido en España por Herminio Almendros, maestro,
inspector de primera enseñanza y profesor de la Universidad de
Barcelona, quien en 1939 se exilió a Cuba, donde trabajó como docente
en distintos puestos y transmitió sus experiencias pedagógicas hasta
formar parte de Ministerio de Educación cubano.
Frente a esta actividad intensa en torno a la
escuela, podemos comparar el testimonio de otra exiliada, quien
manifiesta el retraso educativo que llegó a vivirse en España durante
la dictadura: “Fui a España, a Galicia, por
primera vez en 1961. Mis primos no sabían ni cuando empezaba la
escuela, no tenían libros, y se tenían que llevar la silla a clase” (Testimonio de Gladis
Carballeira, nacida en Barcelona en 1937 y exiliada en Francia.[14]) EL tradicionalismo
insuflado desde el estado a la sociedad española tuvo un alto precio.
Las palabras de Placer Marey, hija de Raimunda Marey, exiliada en
Tolouse y profesora de Español de la Universidad de dicha ciudad,
retratan con precisión la distancia cultural que Europa marcaba a España: “La primera vez que volví a España fue en
1961, tenía 14 años. Me pareció espantoso. Fui a ver a la familia que
teníamos en Madrid y Galicia. La sociedad española era muy rígida,
con mucho miedo a la policía. Había mucho rigor y poca afición a la
cultura. Me encontré con algo muy distinto de lo que me habían dicho y
yo me había imaginado. En Madrid, el universo se reducía a una caña,
la misa y el cine. En Tolouse teníamos mucha más vida cultural” [16] Este texto nos ofrece la jugosa diferencia, difícil
de desentrañar para los historiadores, entre aquello que constituye el
imaginario colectivo de los desterrados, lo que fue la España que
dejaron atrás y que pervivió en las generaciones posteriores como
referencia de progreso, y la realidad que se gestó en la dictadura, la
de un ambiente nacional limitado y restrictivo. Podríamos preguntarnos
si tal referente pervivió como memoria histórica entre los
descendientes del exilio que generó una conciencia activista y viva. La realidad histórica del año 61 no se parecía a
la del año 36. “Me pareció espantoso”. El imaginario,
individual o colectivo, recordaba dos visiones enfrentadas del año del
Alzamiento. Para unos, el espanto de la diversidad, de la posibilidad
del laicismo, justificaba la sublevación. Fueron los vencedores. Para
los vencidos, lo horrible fue el país que dejó de ser y el país en
que se convirtió.
Volviendo al proceso depurador,
éste se inició de inmediato, y fue aplicándose a los territorios que
los sublevados iban ganando. Fue uno de los episodios más dramáticos
de la Guerra y la Posguerra, y en la historia de la educación y la
escuela, el más grave de la época contemporánea. El propio presidente
de la Comisión de Cultura y Enseñanza, el escritor José Mª
Pemán en una carta privada a Eugenio Vegas Latapié, miembro de la
misma, reconocía el exceso de las instrucciones dadas a las comisiones
depuradoras, y el peligro que suponía para la imagen y el prestigio de
los miembros de la propia comisión: “me ha hecho aparecer el Torquemada de esta
Inquisición, llega a mí diariamente la marea de lágrimas y las súplicas
de Cádiz, de Sevilla, de Córdoba... Admiro la entereza con que Siurot
se ha negado rotundamente a la vocalía que le dimos en la Comisión
Depuradora de Sevilla.(...) Admiro su entereza. Yo no he sabido hacer
esto. Otros darán por la patria un brazo o una mano. Yo, sin que muchos
lo aprecien, estoy dando más, porque estoy dando –lo veo con claridad
meridiana-toda una obra, un ambiente y un nombre creado tan
trabajosamente durante años” [17]
Todo el proceso depurador partía de la idea
del perjuicio que significó la I.L.E. para la sociedad española.
Alfonso Iniesa, miembro de la Comisión de Cultura y Enseñanza,
definía a la Institución como la misma encarnación del mal, “expandiendo
sus principios disolventes y revolucionarios hasta lograr el 14 de abril
su gran victoria” desde las cátedras de Universidad, de
institutos y de normales. Otro miembro de la comisión, Pemartín, resumía
la intención de las depuraciones: “De la I.L.E., anti-católica, anti-española,
no ha de quedar piedra sobre piedra. Se ha de transformar en Centro de
Españolismo. La Alta Enseñanza Madrileña, habrá de ser,
inexorablemente, de aquí en adelante, Patriótica, Católica y Leal. O
no ser” [18] Al hacer responsables
a los maestros y docentes de la Guerra Civil, la primera represión se
cebó sobre ellos. La Circular a los Vocales de las Comisiones
Depuradoras de Instrucción Pública, de 7 de diciembre de 1936,
firmada por Pemán, otorgaba a la depuración un carácter punitivo y
preventivo: “Es necesario garantizar a los españoles, que (...)
salvan la causa de la civilización, que no se volverá a tolerar, ni
menos a proteger y subvencionar a los envenenadores del alma popular los
primeros y mayores responsables de todos los crímenes y destrucciones
que sobrecogen al mundo y han sentado de duelo la mayoría de los
hogares honrados de España. (...) Los individuos que integran esas
hordas revolucionarias, cuyos desmanes tanto espanto causan, son
sencillamente los hijos de catedráticos y profesores que, a través de
instituciones como la llamada “Libre de Enseñanza”, forjaron
generaciones incrédulas y anárquicas” [19]
Según datos del
historiador Francisco Morente, tomados de 14 provincias, un 105 del
conjunto de maestros y maestras fueron definitivamente separados de la
enseñanza, otro 5% lo fue temporalmente, otro 10% fue trasladado de
localidad, con suspensión temporal de empleo por lo general, y otro
1,5% recibió otras sanciones. Algunos expedientes personales se
resuelven con la separación del servicio “por no comparecer”. Fue
el caso de Herminio Almendros, y otros muchos que podemos intuir que
pasaron al exilio. La base legal de la
Depuración del Magisterio la constituyen un Decreto, dos Órdenes, y
una Circular publicados entre principios de noviembre de 1936 y mediados
de Febrero de 1937. Posteriormente, diversos documentos van matizando el
procedimiento. La última orden para la Depuración se publicó al final
de la Guerra, el 18 de marzo de 1939, que regirá los últimos
territorios ganados. El sistema alcanzó gran homogeneidad. Las “Comisiones
Depuradoras de Instrucción Pública” se organizaron en cuatro
tipos: -para
el personal docente universitario -para
el personal de escuelas de ingeniería y arquitectura -para
el de institutos, escuelas normales, de comercio, de artes y oficios, de
trabajo, inspecciones de primera enseñanza, sección administrativa y
en general a cuantos dependan del Ministerio -y
para formular propuestas de suspensión o separación del personal del
magisterio. Las
comisiones del Magisterio debían actuar sobre el personal de todos los
estatus: maestros del escalafón (propietarios de plaza), maestros
interinos (los cuales ya habían pasado una depuración previa), alumnos
de las Escuelas Normales (estudiantes de magisterio) de los cuales,
quienes estuviesen en prácticas se considerarían como maestros, y el
personal de primera enseñanza de las Fundaciones benéfico-docentes.
Los funcionarios docentes quedaban suspendidos de forma provisional, y
disponían de quince días para solicitar ser admitidos en el servicio.
A cada maestro se le abría un expediente personal, y a la solicitud de
readmisión debía acompañar una declaración jurada y al menos dos
certificaciones que justificasen su adhesión al Movimiento. Las
comisiones depuradoras de cada provincia revisaban los expedientes, y
para evitar grandes arbitrariedades, la Comisión Superior, en Madrid,
volvía a examinar cada uno de ellos. Así, el conjunto de la depuración
adquiría coherencia y uniformidad. En la instancia de reingreso debía
constar la forma y fecha de ingreso en el escalafón, los cargos que
hubiera desempeñado, las agrupaciones sindicales y partidos políticos a
que hubiera pertenecido, la actuación concreta desde la fecha del
Movimiento, y debía indicar nombres de personas que pudieran confirmar
dichos datos. La Orden de 19 de agosto de 1936 y la Circular de 7 de
diciembre del mismo año establecían de forma muy amplia y ambigua los
criterios de depuración de los maestros: -aquellos
que tuviesen ideario perturbador de conciencias infantiles (dejando sin
precisar cual era este ideario); -comportamiento
antipatriótico, inmoral o amoral -cooperación
directa o indirecta con la revolución -aquellos
que “siendo profesional y moralmente intachables” simpatizaran con
los partidos nacionalistas (para el caso catalán y vasco especialmente) -y
aquellos militantes o simpatizantes de cualquiera de los partidos del
Frente Popular Conforme
la Guerra avanzaba, estos motivos fueron matizándose. Con la victoria
de los sublevados, la Ley de Responsabilidades Políticas de 9 de
febrero de 1939 es el nuevo marco legal al que se rigen las
depuraciones. El 18 de marzo siguiente una nueva Orden se publica para
las depuraciones del Ministerio de Educación. En ella se fijan “con
carácter enunciativo y no limitativo” las causas suficientes para
sancionar a los docentes, que eran: -todos
los hechos que hubieran dado lugar a sanciones militares o de
responsabilidad política -la
aceptación de ascensos fuera del movimiento natural de las escalas y el
desempeño de cargos ajenos al Cuerpo a que perteneciera -la
pasividad de quienes no hubieran cooperado con el triunfo del Movimiento -las
acciones u omisiones no comprendidas en las anteriores pero que
implicaran antipatriotismo o conducta contraria al Movimiento Nacional La
Comisión Depuradora de Barcelona trabajó según esta orden, y del
estudio de sus expedientes se definen una serie de cargos más amplia a
la de la normativa: -Actitudes contrarias a la “causa Nacional”; -Irreligiosidad o Ateísmo -Militancia en organizaciones afines a la República -Ideología de izquierdas -Catalanismo o separatismo -Desidia o imcompetencia profesional -Planteamientos pedagógicos inaceptables (como por
ejemplo, el de coeducación) -Conducta privada inmoral -Pertenencia a la masonería -No solicitar el reingreso (este cargo, suponemos que
se relaciona con los casos en que los maestros decidieron abandonar el
país)[20]
En
los expedientes también podía aparecer “No se formularon
cargos”, casos en los que se confirmaba en el puesto. En
cuanto a las sanciones, en el año 36 podían aplicarse sólo tres
tipos: suspensión provisional de empleo y sueldo, en tanto se resuelve
el expediente; traslado forzoso; separación del servicio. Las penas
fueron ampliándose, quedando como definitivas las que establecía la
Orden de 18 de marzo del 39: -Traslado forzoso con prohibición de solicitar
cargos vacantes durante un período de uno a cinco años -Suspensión de empleo y sueldo durante, de entre un
mes y dos años -Postergación desde uno a cinco años -Inhabilitación para el desempeño de cargos
directivos y de confianza -Separación definitiva del servicio. Las cuatro primeras
sanciones podían imponerse de forma conjunta. La Comisión de Barcelona
actuó bajo esta orden, aunque aplicó un abanico mucho más amplio de
castigos. Por ejemplo, los traslados forzosos podían ser con o sin
tiempo determinado, y ejecutarse dentro o fuera de la provincia. La
inhabilitación podía combinarse con ellos. También aplicó la
inhabilitación para interinidades en Cataluña, la jubilación forzosa,
la pérdida de derechos transmisibles a los causahabientes, y la
inhabilitación absoluta para la enseñanza. Podemos señalar el caso de
Concepción Sainz-Amor, perteneciente a los grupos escolares del
Patronato de Barcelona, a quien se le acusó de militancia en la FETE,
de ser pionera en la coeducación, de haber colaborado con instituciones
como el Ateneo Enciclopédico Popular, de haber publicado artículos en
revistas del ámbito de la I.L.E., causas peligrosas que “se
agrava por su habilidad y formación cultural” , por lo que “se
merecía” ser separada del servicio. Concepción Sainz-Amor presentó
una solicitud de revisión que fue admitida, y se le readmitió en el
cuerpo aunque con una sanción leve. Otro ejemplo de la dureza de la
represión es el de Ramón Torroja i Valls, acusado de afiliación a la
FETE y al P.S.U.C., de haber desempeñado cargos de responsabilidad política,
de ser ateo y defensor del laicismo y propagandista del socialismo, y de
ser autor de una Historia de Catalunya de tendencia separatisa; su
castigo fue doble: separación del servicio por el Ministerio de Educación
y condena a 20 años de cárcel por el Tribunal Militar. [21] El historiador Manuel
Ortiz Heras analiza las depuraciones de la provincia de Albacete,
resaltando la especial crueldad de las purgas al magisterio, en
comparación con las realizadas sobre otras profesiones, por ser los
enseñantes una pieza importante para la ideologización en el nuevo Régimen.
Entre 1939 y 1943 el grupo depurado fue de 860 maestros, titulares,
interinos y cursillistas –estudiantes en prácticas-. El resultado numérico
de esta “purificación” fue [22]
-65 rehabilitados provisionalmente
-452 serán confirmados en sus cargos sin sanción
-100 separados definitivamente de sus cargos
-34 suspensiones de empleo y sueldo, por un tiempo que abarca
entre 6 meses y 5 años, junto a traslado del pueblo donde ejercían.
Algunos también fueron inhabilitados para cargos de confianza
-2 suspensiones e inhabilitaciones, sin poder pedir vacantes
-14 inhabilitaciones para la docencia, por un tiempo que podía
alcanzar dos años
-4 traslados de provincia
-29 casos de penas menores
-4 expedientes administrativos por “faltas profesionales” De
todos los expedientes, destaca que en ellos se prestaba especial atención
a aspectos de conducta moral y personal, como la forma de vestir, la
práctica
religiosa, los comentarios que del expedientado circulaban, su posible
filiación política. Nunca se analizaban criterios pedagógicos o
educativos. A la depuración siguió la normalización de la enseñanza
bajo los nuevos principios y la nuevas asignaturas y doctrinas, que
transmitieron unos valores a las generaciones de la posguerra
radicalmente distintas a las de la época republicana. Entre la depuración,
el celo sancionador y las carencias de la posguerra, muchos niños
quedaron sin escuela o sin maestro. El analfabetismo volvió a
extenderse por el país, siendo una lacra que tardó mucho tiempo en
desaparecer. BIBLIOGRAFÍA Y PÁGINAS WEB: -BARROS, Carlos: “La Nueva Historiografía y la Enseñanza de la Historia” , 20/9/ 2002.
Transcripción revisada
por el autor del primer seminario de HaD por videoconferencia
Universidad de Santiago de Compostela-Instituto Tecnológico de
Monterrey. Se puede consultar completo en: http://www.h-debate.com/Spanish/seminario/2002/barros/videoconferencia.htm -BERNASCONI,
Alejandro: “La dinámica de
construcción de la Memoria Histórica” Panel de presentación de HaD
en Concepción del Uruguay, Argentina. En http://www.h-debate.com/Spanish/presentaciones/lugares/curuguay7.htm#4 -MERCHÁN IGLESIAS, Fco. Javier: “La enseñanza de la
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En Actas del XVIII Coloquio
Metodológico-Didáctico de la ...Hespérides,
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-“Profesores
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en Cuadernos de Pedagogía.
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En Actas del XVI Coloquio Metodológico-Didáctico de...Hespérides, Úbeda,
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XIII: Textos y Documentos
de Historia Moderna y Contemporánea
(s. XVIII-XX). -TUSELL, Javier: Historia
de España en el siglo XX. Vol I, II, III. Taurus Bolsillo. Madrid, 1988. [1] MERCHÁN IGLESIAS
Fco. Javier: “La enseñanza de la historia: cambio y
continuidad”. En Actas del XVIII Coloquio Metodológico-Didáctico
de la...Hespérides, Algeciras, 1999. Granada, 1999. Págs.235-257;
Ibídem: “Profesores y alumnos en la clase de Historia”, en
Cuadernos de Pedagogía. Nº 309. Enero 2002. Barcelona, 2002. Págs.
90-94. [2]
Tomado
de Alejandro
BERNASCONI en “La dinámica de
construcción de la Memoria Histórica” Panel de presentación de HaD
en Concepción del Uruguay, Argentina. En http://www.h-debate.com/Spanish/presentaciones/lugares/curuguay7.htm#4 [3] Sobre estas ideas, así como sobre el
compromiso de los docentes con la construcción de la disciplina
histórica, diserta el profesor Carlos Barros en “La Nueva
Historiografía y la Enseñanza de la Historia”, 20/9/ 2002.
Transcripción revisada
por el autor del primer seminario de HaD por videoconferencia
Universidad de Santiago de Compostela-Instituto Tecnológico de
Monterrey, en: http://www.h-debate.com/Spanish/seminario/2002/barros/videoconferencia.htm [4] SERNA, Justo: “Utilidad
y perjuicio de la historia para el adolescente”
en Cuadernos de Pedagogía.
Nº 298.Enero 2001. Barcelona. Págs. 80-84. [5] Ibidem. [6] MERCHÁN IGLESIAS, Fco. Javier: en “La
Enseñanza de la Historia....” [7] BOJA nº 97. Martes 20 de agosto) Decreto
208/2002 de 23 de julio, por el que se modifica el decreto 126/1994
de 7 de junio conforme a las facultades del Decreto 246/2000 de 31
de mayo a las Comunidades Autónomas. En este documento, la
modificación de los artículos 7 y 8 especifica la función del
Bachillerato como formación de valores, cívicos y solidarios,
junto a la función más técnica de capacitación de habilidades técnicas
y científicas) [8]
MORENTE VALERO, Fco: Tradición y represión: La depuración del
magisterio de Barcelona (1939-1942). Barcelona, 1996.
[9]
LOZANO SEIJAS, Claudio: “El exilio pedagógico republicano español
de 1939” en CENTENARIO DE HERMINIO ALMENDROS. Cuadernos de
Estudios Locales. Almansa, 2001. Pág. 105. [10] Orden de 21/Septiembre/1937. [11] Citado en MORENTE VALERO, Fco. , op.cit.,
pág. 23 [12]
MARTÍNEZ CUADRADO, Miguel: Restauración y crisis de la Monarquía.
(1874-1931). Historia de España dirigida por Miguel Artola. Alianza Editorial. Madrid, 1988.
Pág. 495 [13] En RODRIGO, Antonina.: Mujer y Exilio. 1939.
Madrid, 1999. Pág. 231. [14] En EL PAÍS SEMANAL, pág. 65. [16] Ibídem, pág. 65 [17] Citado por MORENTE VALERO, Fco. , op. cit.,
pág. 42, nota 59. Quiero resaltar que a Pemán lo traicionó su
conocimiento de la historia, identificándose con Torquemada y al
proceso con la Inquisición. Sirva de muestra para conocer el
dramatismo que debió acompañar a las purgas, y el rechazo social
que generaban. [18] Ibidem, págs 35-36. [19] Ibidem, pág. 42. [20] Fue el caso de Pau Romera, diputado en el
Parlamento de Cataluña por Unió Democrática de Catalunya y
director del “Grupo Escolar Les Corts” o de Josep Coll i Mas,
director del “Grupo Escolar Roselló” y Director General de
Primera Enseñanza en el segundo Ministerio de Marcelino Domingo. [21] MORENTE VALERO, Fco. : op. cit. , pág.
150, nota 175. [22] ORTIZ HERAS, Manuel:
Violencia política en la II República y el primer franquismo.
Madrid, Siglo XXI. 1996. Págs. 433-434
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