febrero/marzo 2003
portada

poesía

ELÍAS FERNANDO GÓMEZ GARCÍA
POEMAS

SIN TÍTULO

dame cobijo sobre tus rodillas
y por favor no me preguntes nada
hoy soy sólo una alma naufragada
que sin sexo se llega a tus orillas

 
hoy no te pido amor amada amiga
hoy te imploro un albergue no lascivo
para dormir que más muerto que vivo
estoy y es demasiada la fatiga
 
esta noche no soy hombre siquiera
sino flaco caballo malherido
con negras mataduras en la espalda
 
esta noche sé sólo compañera
hoy tu calor no anhelo ni tu nido
hoy me quiero olvidar sobre tu falda
 
 
VLAD TEPES

Sangre y polvo,
habitaciones con olor de muerto
y flores muertas,
que no se acaban nunca;
helados infinitos corredores;
prodigiosas murallas de dos metros de ancho
alertas al ataque de los turcos,
que espera el Conde; y vaga por pasillos mohosos,
pasando indiferente ante espejos inútiles
que no reflejan su capa morada,
ni sus uñas vetustas,
ni su mirada muerta,
ni su cólera por no poder morir.
El pacto que hizo con el Gran Embustero
para alcanzar victoria y vida eterna
y enemigos empalados en vida
le retiene clavado
a esas piedras grisáceas.
Todo dolor y odio y pesadumbre,
sin caminar, desplaza su destrozado cuerpo
en el ámbito inmenso del castillo;
híbridos de mujer y de diablo
emiten carcajas estentóreas
desde el fondo de una locura negra sin remedio.
Hace ya tiempo que no hay Imperio Turco,
y Vlad Tepes lo sabe;
pero el Ángel Caído
no renuncia jamás a sus derechos,
y Vlad firmó con sangre,
y cada noche hay una joven menos,
un niño menos
en los pueblos vecinos.
Y no hay cruz con poder sobre la tierra
para librar a Vlad Dracul, eterno
prisionero en las ruinas espantosas
y cansado.
Emitiendo en su tumba, quedamente,
el llanto peculiar de los vampiros.

 

 

DESDÉN

Ojos claros, serenos,
  si de un dulce mirar sois alabados...
                                  Gutierre de Cetina

 
Violante, me miráis con tal mirada
que meditar me hacéis si os he ofendido,
y buscar en el tiempo transcurrido
por ver si hallo la ofensa no buscada.
Y no encuentro palabra indelicada,
ni gesto inadecuado o desmedido,
ni saludo tal vez inadvertido,
ni misiva quizá no contestada.
Si así habéis de mirar, señora mía,
mejor no me miréis aunque me muera,
pues vuestros ojos, si desdeñan, hieren,
y los míos de vuestro desdén mueren,
haciendo que mi soledad prefiera
a esa mirada vuestra siempre fría.

 

ODALISCA

Bajo el vestido rojo de brocado
dos redondas palomas enfadadas
no se miran, de nácar, rematadas
por dos cerezas de color morado.
Magníficas, las piernas perezosas
invitan al amor violento y plácido,
a quemarse en el fuego dulce y ácido
en que se justifican tantas cosas.
El cabello, negrísimo, dejado
a su albedrío, acaricia las lomas
de los hombros de línea delicada.
Pero no te esclavizan a su lado
sus muslos, su cabello o sus palomas,
sino la languidez de su mirada..

 

Envía tus poemas para publicarlos en esta página e-mail
Expresa tu opinión en foro Artegnos

VOLVER A INICIO DE PÁGINA