EL
CAMINO ÍNTIMO DE LA ABSTRACCIÓN
exposición completa en www.galeriarafaelortiz.com
Carmen Ruíz Gálvez
En
la Galería Rafael Ortíz ha tenido lugar, durante el mes de mayo, una exposición
que, bajo el título “Obra reciente”,
englobaba la producción última de Jaime Burguillos (Sevilla, 1930) un artista,
cuyas exposiciones individuales se convierten en un acontecimiento para la
ciudad, por la tardanza con que éstas se producen. Desde que, en 1997,
se organizara en el Monasterio de San Clemente, una gran exposición con
toda su obra, no teníamos en Sevilla la oportunidad de ver de cerca una
exposición individual de un autor poco conocido en su tierra, a pesar de contar
con una de las obras abstractas más admiradas entre los amantes de la
pintura-pintura.
Cuando
Burguillos decidió dedicarse a este difícil mundo del arte, la ciudad no
estaba por la labor de brindar la mano a todo aquel que quisiera adentrarse en
los caminos desconocidos y “poco aptos para buenos cristianos”[i]
de la contemporaneidad, pero su convencimiento, vocación y entrega, le lleva,
al igual que a un nutrido grupo de futuros grandes pintores, a buscar por
lugares más inquietos y apartados de los rancios salones oficiales de primavera
y otoño o de los obsoletos premios Murillo y Velázquez, que no aportaban más
que ñoñería, cursilería y estancamiento a la pintura sevillana. Este lugar
lo encontraron en el Club La Rábida, que les permitió reunirse, tanto a
pintores jóvenes como a músicos, poetas, etc., y que supuso, para ellos, una
forma más directa de conocer el arte más actual a través, en principio, de
grandes maestros como Benjamín Palencia, Godofredo Ortega Muñoz, Zabaleta o Vázquez
Díaz y el empujón que necesitaban para liberarse del academicismo y adentrarse
en el camino de la libertad de expresión, para pintar aquello que cada uno sentía.
A
pesar de que no formaran un grupo homogéneo[ii],
de hecho fueron evolucionando hacia caminos distintos, no cabe duda de la
importancia que supuso el Club La Rábida,
y es innegable que para todos fue el primer escalón hacia la búsqueda del espíritu
contemporáneo andaluz. Entre ellos estaban Carmen Laffón, José Luis Mauri,
Diego Ruiz Cortés, Santiago del Campo, etc., nombres que en el futuro engrosarán
las listas de los pintores más conocidos de Sevilla.
Más
tarde, por su amistad con Carmen Laffón pudo conocer a la galerista Juana Mordó[iii]
con quien estableció una sólida relación laboral que se extendería hasta la
muerte de esta. Este significó el segundo hito fundamental en su carrera ya
que, pasó a pertenecer a una galería
que aglutinaba a los artistas más relevantes del arte contemporáneo
español[iv].
Trasladado a Madrid donde reside durante veinte años, se desvincula, en cierta
manera, del mundo cultural sevillano, y cuando vuelve, ya bajo la Galería
Rafael Ortíz, encuentra una ciudad abierta a las nuevas tendencias, con nuevos
nombres renovadores y arriesgados, aunque quede aún mucho camino por andar.
UNA
EVOLUCIÓN INTERIOR
En
todo este camino, la obra de Burguillos va evolucionando hacia el
intimismo abstracto. El pintor se nutre de las enseñanzas de los grandes
maestros como los impresionistas, Turner, Bonnard, Kandinsky o los
Expresionistas Abstractos y la obra se sirve de la esencia de lo aprendido para
mostrarse única y distinta, apartada de tendencias o modas, personal y sincera.
En
su carrera, como en cada una de sus obras, Jaime consigue llevar a sus últimas
consecuencias un principio máximo a todo artista, buscar en sí mismo
e intentar reflejar, libre de adornos y de influjos, lo que hay en su
interior. Para llegar a esto, el proceso pictórico se convierte en un ritual
con el que consigue desasirse de lo superfluo para quedarse con la esencia, con
el alma de aquello que quiere reflejar. En su obra, como en su evolución, parte
de la Naturaleza y le va eliminando lo anecdótico, la va simplificando hasta
atomizarla, al mismo tiempo que, ante cada uno de sus lienzos, logra desnudarse
y liberarse para sincerarse consigo mismo y con su pintura.
El
dibujo, el color y el ritmo son las armas de un pintor que pone el protagonismo
en la pincelada, en el movimiento dirigido de esta en el lienzo y en el juego de
ritmos que crean las luces y las tonalidades de color, para conseguir una
pintura sublime y sensual, serena y emotiva, a la que el tiempo tan sólo le ha
dado la oportunidad de seguir evolucionando y madurando para seguir deleitando
los sentidos.
Enemigo
de contar historias elocuentes o provocadoras en sus cuadros, busca conseguir
una obra abierta, universal, entendible a cualquier idioma personal, una obra
que termina cada espectador con su propia identidad, con su propia experiencia.
Una obra que evoca estados del alma, emociones y sentimientos íntimos y que ha
conseguido aprehender la esencia en ese proceso metódico liberador y
desintegrador que le lleva a evocar el mundo de las ideas platónico y por
tanto, contenedor de una belleza infinita capaz de llegar al alma de cualquier
espectador.
REVISIÓN
Y MADUREZ
Esta
exposición significa una nueva etapa en la trayectoria del pintor; se aprecia
esa evolución pictórica que le va llevando hacia la melodía, que en una época
o en otras, ha protagonizado la personalidad de sus lienzos. En esta ocasión la
melodía se mueve con un ritmo firme e inquebrantable, sobre la base de una
trama dibujística de caminos dirigidos que parecen evocar aquellos gouaches que
abandonó en los noventa y que no piensa retomar. Existe una revisión del
pasado con el color del cristal del presente y un homenaje a la pincelada que se
convierte, ahora más que nunca, en constructora de espacios, de luces, de
ritmos. Enmarca la pincelada, concretamente en el cuadro del año 2002 (Sin título,
óleo sobre lienzo, 175 x 135 cm), donde la trama pictórica, a modo de malla
que recorre el cuadro, se hace más evidente y donde la pincelada pierde su
característica impronta para convertirse en pequeñas manchas, rellenos de
color enmarcados por líneas de colores dirigidas como corrientes acuáticas,
aspecto que siempre ha sido inherente a la obra de Burguillos. Una obra que
tiene aún mucho que decir y que sigue cautivando y emocionando, para disfrutar
de lleno en una exposición que, como se escuchaba en la inauguración, se agradece,
porque consigue también liberar los sentidos a quien la admira, porque es capaz
de llegar al interior de cada uno.
[i] Manuel Olmedo. La Escuela Superior de Bellas Artes de Sevilla. ABC. Sevilla, 11-V-1947.
[ii] Juan Ramón Barbancho Rodríguez.
El Club La Rábida. Cincuenta
años de su fundación, 1949-1999. Sevilla, 1999.
[iii] Muerta en 1984, fue una de las más importantes galeristas españolas de todos los tiempos. Se preocupaba de promocionar a sus pintores y les hacía un contrato que les permitía pintar sin problemas económicos..
[iv] El grupo El paso, Antonio López, el grupo de Cuenca. Sempere, Zóbel, etc.
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