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"Ante la Eva de mi elección, que he pintado con formas y armonías de un mundo diferente, sus recuerdos de elección han evocado, quizá, un pasado doloroso. La Eva de su concepción civilizada le vuelve a usted, y nos devuelve a casi todos, misóginos; la eva antigua que le produce miedo, en mi taller, podría sonreírle un día con menos amargura. [...] La Eva que yo he pintado (ella sola), lógicamente puede permanecer desnuda ante nuestros ojos. La suya, en ese sencillo estado no sabría andar sin impudor y, demasiado bella (quizá), sería la evocación del mal y del dolor. Para que usted entienda bien mi pensamiento, me gustaría comparar, no ya esas dos mujeres directamente, sino la lengua maorí o turania, que habla mi Eva, y la que habla la mujer que usted elige entre todas, una lengua de flexiones, una lengua europea. En las lenguas de Oceanía, con elementos esenciales conservados en su rudeza, aislados o agrupados sin ninguna preocupación por lo educado, todo es desnudo y primordial. Mientras que en los idiomas de flexiones, las raíces por las cuales han comenzado, como todas las lenguas, desaparecen en el comercio periodístico que ha utilizado su relieve y sus contornos. Es un mosaico perfeccionado en el que ya no se ve la unión de las piedras, unidas de forma más o menos burda, para admirar únicamente una bella pintura lapidaria. Un ojo avezado puede sorprender únicamente el proceso de construcción. Le ruego disculpe esta larga disgresión de filología; la creo necesaria para explicar el dibujo salvage que he tenido que emplear para adornar un país y un pueblo turanios."
Fragmento de una carta dirigida a Strindberg. Éste se negó a hacer un comentario para el catálogo de una exposición de Gauguín y este publicó la carta de la negativa y su respuesta en su lugar. GAUGUIN, Paul: Escritos de un salvaje. Trad. Marta Sánchez-Eguibar, Ediciones Istmo, Madrid, 2000. págs. 133-134. |
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"No hay dos cerros iguales, pero en cualquier lugar de la tierra la llanura es una y la misma. Yo iba por un camino de la llanura. Me pregunté sin mucha curiosidad si estaba en Oklahoma o en Texas o en la región que los literatos llaman la pampa. Ni a derecha ni a izquierda vi un alambrado. Como otras veces repetí despacio estas líneas, de Emilio Oribe: En medio de la pánica llanura interminable que van creciendo y agrandándose." BORGES, Jorge Luis: El libro de arena, Ed. Alianza Emecé. Madrid, 1975. Pág.: 69. |