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Si
hay una característica constante que defina la historia de Andalucía,
como región y como unidad paisajística, sin duda es el paso y
asentamiento de diferentes culturas por sus diversos espacios. Pueblos
prósperos, imperialistas o simplemente colonizadores marcan el devenir
de la historia en esta comarca, desde el pueblo Fenicio del primer
milenio antes de Cristo hasta los repoblamientos cristianos-castellanos
del siglo XIII de nuestra era. Con frecuencia se usa la historia para
justificar el presente, y en el caso de esta región, hasta la saciedad
se busca la raíz de la "idiosincracia" de "lo
andaluz" en este sucesivo e intenso asentamiento de culturas
diversas. Sin embargo, no es nuestro propósito resaltar rasgos de
cultura andaluza, si es que esta existe como unidad, apoyados en la
ocupación de un suelo fértil, bien regado por cursos y manantiales de
agua abundantes, pródigo en minerales, cruzado por cordilleras que,
lejos de ser obstáculos para la comunicación, brindan pasos naturales
entre valles y costas. Sin duda han sido éstos, y no otros, los
factores que han convertido esta zona de la Península Ibérica en lugar
escogido para un poblamiento sin solución de continuidad desde los
primeros momentos de la Prehistoria, sin olvidar su posición estratégica
de avanzadilla entre Europa Occidental y el Norte de África.
Las características de clima y paisaje, combinadas con la
abundancia de agua, suelos fértiles, zonas escasamente elevadas de fácil
accesibilidad y larga franja costera, hicieron de la región un lugar
preferente de asentamiento a lo largo de la Prehistoria y Protohistoria,
confirmado este rico pasado por la abundancia de yacimientos arqueológicos
Los primeros signos de poblamiento
datan del Paleolítico Medio, encontrándose en Andalucía restos de Homo
Neardentalensis en distintas comarcas como el campo de Gibraltar, la
zona granadina de Guadix-Baza, la fachada Atlántica de Cádiz-Huelva y
la cuenca del Guadalquivir. De su sucesor el Homo Sapiens Sapiens hay
huellas en la cueva de La Carigüela de Granada, en Almería, y en
diversas cuevas de Málaga, estas últimas con restos de pinturas
rupestres: Cueva de Nerja, Cueva de la Pileta, Cueva del Gato. A partir
del Neolítico las zonas costeras mediterráneas son avanzadillas
culturales, terminando la etapa con la Cultura de Almería. En el período
Calcolítico sobresale la cultura de Los Millares, también en la
provincia de Almería, con un importante y desarrollado conjunto
defensivo. La última fase del Calcolítico culmina con la llamada
"Cultura del Vaso Campaniforme", hallándose en Andalucía
algunos de los ejemplares más característicos de este estilo
internacional.
Queremos fijar ahora
nuestra atención en una zona no explorada en exceso cuyo interés
reside en la gran cantidad de yacimientos pertenecientes a muy diversas
épocas. Se trata de la Campiña Sevillana, comarca en la
actualidad dedicada principalmente a la agricultura de secano y regadío
combinados, y a la ganadería, situada en las márgenes del Guadalquivir
y en torno a los afluentes Genil, Corbones y Guadaira. Topográficamente
tiene el interés de poner en comunicación las estribaciones de la
serranía subbética con el valle y desembocadura del Guadalquivir. Hoy
día los municipios de Carmona, Utrera, Ecija, Alcalá de Guadaira,
Marchena y Osuna, destacados en distintas épocas históricas como sus
monumentos romanos, andalusíes, mudéjares, renacentistas y barrocos
delatan, concentran la mayor cantidad de población, y sus habitantes se
dedican ya a los sectores secundario y terciario.
Una
mirada a los períodos pre- y protohistóricos sorprende por la
persistencia del patrón de asentamiento en la comarca, que parece
confirmar cómo el poblamiento del sureste-suroeste de la Península Ibérica,
denominado como "argárico", era sustancialmente el mismo
desde el Neolítico al Calcolítico, y de este al Bronce y período
Orientalizante. Los cambios que se dieron debieron ser por tanto los de
tipo socio-económicos y socio-políticos, concretados en el proceso de
jerarquización social y aparición de caudillajes locales.
Los primeros restos constatados
datan del período Calcolítico. En torno al IV milenio a.C la zona se
muestra como un lugar idóneo para las actividades agrícolas y
ganaderas, bien comunicados y con cauces de agua abundantes. Por ello se
encuentran restos de numerosos asentamientos pequeños y de
enterramientos. Los restos materiales asociados a estos poblados son
trozos de cerámica y láminas de sección triangular, así como lascas,
puntas de flecha de base cóncava, hazuelas trapezoidales pulimentadas,
algunas cuentas de collar, molinos de piedra, y un alto número de útiles
pulimentados. Algunos de los poblados excavados, como el Amarguillo II,
parece que fueron nudos de comunicación e intercambio, relacionados con
el paso de los ganados hacia la Subbética y hacia los manantiales, que
potenciarían un primitivo mercado de excedentes agrícolas.
En este mismo período encontramos,
en torno al IV milenio, el conjunto megalítico de Los Molares. Se trata
de una necrópolis compuesta de hasta seis tumbas dolménicas de tipo
"corredor acodado", hoy día desaparecidas por la acción del
furtivismo, la construcción y las labores agrícolas. Esta manifestación
de una realidad socio-cultural nueva entra en relación con dos fenómenos: -el
proceso de jerarquización y diferenciación social que conocieron las
sociedades tribales junto a la progresiva espiritualidad que acompañaba
a la muerte, constatables en la difusión del megalitismo por todo el
territorio habitado a nivel mundial -la
temprana expansión del megalitismo tanto en la Campiña como en otras
áreas dolménicas de Andalucía, como el Aljarafe, la Sierra Norte de
Sevilla, el Condado y la Cuenca Minera onubense, la costa y sierra
malagueñas.
Las estructuras de este conjunto presentan la particularidad de
tener planta en forma de "L", relacionadas con algunos
ejemplares de la Sierra sevillana y la Cuenca onubense, y también con
otros atlánticos. En ellos se hallaron restos de huesos humanos,
cuentas de collar, hazuelas trapezoidales pulimentadas, y restos de
almagra, indicativos de rituales en torno a la muerte. Esta necrópolis
de tamaño considerable parece estar relacionada con los poblados
cercanos de Amarguillo y El Casar. La
fase final de la Edad del Bronce se caracteriza por la disminución de
la importancia de los poblamientos de la Andalucía Oriental y la
aparición de nuevos asentamientos en la parte occidental de la región.
La actividad económica desarrollada entre los pueblos de la fachada atlántica
de Europa, desde el golfo de Cádiz hasta el Báltico, impulsó la
creación de nuevos núcleos de población en torno al Suroeste andaluz.
Se han encontrado numerosos objetos de bronce en enterramientos o
escondrijos en la cercanía de la costa, que han hecho pensar en las
relaciones que se emprendieron por mar con otros pueblos cuyos restos
presentan similares características. La existencia de una población
creciente en la zona occidental de Andalucía, con una avanzada
organización urbana, así como con una actividad económica y comercial
basada en la riqueza agrícola y minera, daría lugar a la aparición de
una sociedad refinada y altamente desarrollada.
En la zona de la Campiña sevillana
que estudiamos no hay restos de importancia, siendo en general escasos
los yacimientos, por lo que podría hablarse de una cierta decadencia
poblacional en el área. Sí volvemos a encontrar restos pertenecientes
al Bronce Final en los yacimientos de Las Aguzaderas, El Casar,
El Coronil, El Jardal y La Frenadilla III.
El crecimiento de los centros de Andalucía occidental, ligados
al desarrollo de la actividad minera (extracción de hierro, plomo,
cobre, plata y oro), agrícola y ganadera, se relaciona con el
desarrollo de la cultura Tartésica. Los contactos de esta civilización
con los enclaves comerciales fenicios y griegos, si bien parecen basarse
en diversos mitos y leyendas y las fuentes antiguas fiables no son
claras al respecto, parecen confirmarse por el marcado carácter
orientalizante de su cultura material: joyas, armas, escritura (sin
descifrar), cerámica, dioses. Sí parece claro que el mayor auge de
extracción minera coincide con un impulso del comercio con estas
colonias, de modo que Tartessos se desarrollaría a remolque de la
demanda exterior, en lugar de ser el hasta ahora considerado
"brillo y esplendor" de esta cultura el atractivo que fenicios
y griegos encontraron en la Baja Andalucía. Estas necesidades de
mineral obligaron a una nueva organización de la extracción, y por
tanto, dieron lugar al nacimiento de una incipiente y efímera unidad
política, basada en el caudillaje y posteriormente en una jefatura de
tipo monárquico, necesaria para una actividad minera organizada y
constante. Los focos de poblamiento de esta cultura se extendían por el
bajo Guadalquivir, principalmente en el triángulo de las actuales
Sevilla-Huelva-Cádiz y su auge y esplendor corrieron entre los siglos
IX y VI a. C.
Durante esta etapa tartésica la
zona de la Campiña parece mantener un poblamiento discreto, cuyos
restos muestran también la influencia oriental comentada, si bien se
trata de restos de menor valor. Más significativo es el cambio operado
en la estructura socio-política, pues parece lógico que el caudillaje
local habría sido sometido, de un modo más o menos intenso, a la
autoridad tartésica. Con la decadencia tartésica la comarca mantiene
su poblamiento en pequeños núcleos urbanos-agrícolas, incrementados
ahora en número y dispersión. Entre los siglos VI y III a. C. podemos
hablar de un poblamiento de tipo ibero cuyas cabeceras serían los
centros de CARMO (Carmona), URSO (Osuna), ASTIGI (Écija) y ASTAPA
(Estepa). Más alejado pero no incomunicado, pues el curso y valle del
Guadalquivir sería la vía natural de contacto, se encuentra el
yacimiento de HASTA REGIA (Jerez de la Frontera). El crecimiento de
estos lugares entra en relación con dos procesos: -la
expansión de la cultura ibérica en todo el litoral mediterráneo y
sur-occidental de la Península Ibérica, cuyas manifestaciones en
Andalucía son las culturas de Turdetanos, Oretanos y Bastetanos
fundamentalmente -los
contactos, esta vez más intensos con las colonias costeras de fenicios,
griegos y cartagineses, ya que la pérdida de importancia de los centros
tartésicos, en los alrededores de la desembocadura del Guadalquivir,
ponen en comunicación directa a la Campiña con la costa mediterránea
de la actual provincia de Málaga a través de la Cañada natural que
discurre entre el valle del Guadalquivir y la Sierra Subbética, por
donde hoy discurre, aproximadamente, la carretera Sevilla-Ronda-Costa
del Sol. Es
debido a este auge por lo que encontramos esculturas antropomorfas de
influencia oriental en la Campiña sevillana, con paralelos en las
culturas ibéricas de la provincia de Jaén (Cástulo) o de Granada
(Comarca de Guadix-Baza), algunos de cuyos ejemplares más notables
pertenecen a Carmona, Morón y Los Molares. Estas esculturas de leones,
toros y ciervos pertenecerían con probabilidad a monumentos funerarios,
nueva muestra de la adopción de patrones religiosos y rituales en torno
a la muerte de tipo mediterráneo-oriental.
En cuanto a las bases socio-económicas
de esta expansión, última antes de la conquista de la zona por Roma,
seguirían siendo la agricultura y ganadería, con producción de
excedentes de la llamada "trilogía meditarránea", en
particular trigo y olivo. La explotación de la tierra en cultivos de
secano se realizaría a través de los primeros "latifundios",
usando el término con cautela, propiedad
de los primeros grandes "jerarcas" de la zona, probablemente
jefes locales de los pequeños asentamientos con necrópolis cercanas.
Para terminar, y como conclusión, sólo pretendemos destacar la
continuidad temporal y espacial del poblamiento de la Baja Andalucía, y
la temprana especialización de la comarca en la actividad agrícola-ganadera
con cultivos de secano que conformarían la primera jerarquización
social basada en la propiedad de la tierra. Con los sucesivos
asentamientos (Roma, Visigodos, Califato Omeya y Reinos Taifas,
Repoblación y Repartimientos Cristianos) el patrón de poblamiento
articulado en torno a "tierra-propietario-asentamiento de
trabajadores" se confirma y consolida, resultando característico
de la comarca las grandes extensiones labradas y los núcleos de población
dispersos pero abundantes, como centros de la actividad económica y política.
BIBLIOGRAFÍA -MORENO
CURADO, Antonio: Villa de Los Molares. Pasado y Presente. Los
Molares, 1991 -
RUIZ DELGADO, Manuel: Carta Arqueológica de la campiña sevillana.
Zona Sureste I. Publicaciones de la
Universidad de Sevilla. 1985. -SÁNCHEZ
MANTERO,Rafael: Historia breve de Andalucía. Madrid, 2001. -CABRERO
GARCÍA ,Rosario (Coord.): Arqueometría antropológica en el
sepulcro megalítico de El Palomar: contribución al conocimiento histórico
de la Campiña Sevillana, en SPAL 4, (1995): 69-79. |
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