Autor: Benjamín Castillo
Título: REIVINDICACIÓN DE LA PINTURA
Fecha: Septiembre de 2000
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Los restos de la materia sobre la superficie plana del cuadro. Los bordes como delimitadores de una realidad a medias objeto, a medias representación de otra realidad. Terriblemente inmersa en una paradoja, la pintura se desarrolla desde una interpretación subjetiva y a la vez, como objeto, desde la afirmación material. En el campo abierto de la mirada, la creación ambigua y reivindicativa del cuadro propone un reto interpretativo al espectador que da lugar a la clasificación en géneros y movimientos raramente argumentados con consistencia. Reivindicativa: la propuesta de constituirse en realidad con el mismo rango que cualquier objeto descrito. Ambigua: desde la dicotomía entre el ser objetual y el ser representado. La llamada abstracción matérica traiciona su propio concepto desde la patente objetualidad de sus creaciones convertida en hiperrealismo desde el instante en el que el motivo pasa a ser la materia misma. En este sentido el realismo se propone, entonces, como representación engañosa de la mirada sobre el soporte plano y neutro del cuadro. Así los conceptos de abstracción y realismo se diluyen en el laberinto de la paradoja. La obra pictórica se presenta ante el observador, pues, como un problema ontológico derivado de su doble estado como objeto y, a la vez, como representación de una realidad referente. Como dos espejos enfrentados que devuelven la imagen en una repetición hasta el infinito. Esta circunstancia ha influido (en algunos casos creado) en la aparición de las teorías y los movimientos artísticos en busca de una respuesta definitiva. El debate artístico actual refleja la cualidad absorbente y relativizadora que ejerce el objeto sobre su interpretación y lleva a cualquier taxonomía dogmática a la confusión de los términos de la propuesta que toda obra plástica expone. Así mismo, el origen de la creación material surge y se desarrolla en el seno de este doble valor. |
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Inútil pues la
discusión, tan sólo nos queda como justificación para tal separación conceptual
la competencia por colocar en el mercado la obra argumentando el gusto estético revestido de teoría artística, posterior sin duda
al acto creativo, como si de una operación de marketing se tratara. La
obra, silenciosa y reticente a cualquier intento de clasificación yace en su
estado inanimado, expuesta en su literalidad de objeto a la mirada de un
espectador. |
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