noviembre 2002
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apuntes

Lugares comunes a la Pintura (Primera parte: Mercado)

Por Benjamín Castillo.

La pintura no está en la lista de artes en vías de extinción. Si hay algo que distingue al arte de las ciencias es eso precisamente. Ninguna de las expresiones han desaparecido. Se suman. Se transforman adquiriendo nuevas técnicas y contenidos pero nunca perecen. La vitalidad de las distintas formas de expresión artísticas reverdece cada primavera de cada era. El simple hecho de manchar una superficie en la disposición que llamamos pintura no es un gesto que pueda desligarse de la actividad humana por mucho que algunos se empeñen en anunciar muertes y sepelios sobre las actividades que hacen del hombre lo que es.  La anunciada muerte de la historia no es más que una metáfora del cambio sustancial de nuestra época, que sin embargo nunca ha dejado de ser tremendamente parecida a las anteriores etapas de la humanidad. La filosofía, la religión y el arte son las formas genuinas de la explicitación del pensamiento humano y engloban la práctica totalidad de los conceptos que albergan las comunidades y grupos que forman este variopinto lugar donde la comunicación es un hecho inherente a nuestra condición. Nada puede hacer que las denodadas ansias de comunicar que demostramos queden relegadas en el arca de los objetos sin uso y aún se verá cómo resurgen de las cenizas como ave fénix el color sobre una pared, un lienzo o una superficie de plástico dejado por una mano en un gesto único y diferenciador de la realidad aséptica de la era tecnológica postmoderna que levanta más expectativas que realizaciones concretas. Por otro lado, siempre hemos estado "esperando" y nada mejor que el arte para hacernos recordar que existe lo perdurable y que es en esta cualidad donde nos realizamos como seres capaces de pensar lo que nos rodea. Nunca mejor que ahora disponemos de los instrumentos y la capacidad para la expresión artística. ¿Qué nos hace pensar en una próxima desaparición de la pintura?¿Desde dónde puede afirmarse que la expresión simple del color sobre la superficie vaya a desaparecer? Quizá se desprenda de estas sorprendentes afirmaciones un deseo de hacer tambalear la opinión crítica y personal que hoy día podría cumplir muy bien una diferenciación del individuo. En el siglo XVII la pintura era un medio propagandístico de la monarquía y la Iglesia en lugares como España, y cumplía otro cometido similar en Holanda respecto de la burguesía y el poder. ¿Porqué hoy día se plantea una desaparición de este medio en los círculos más influyentes de la cultura? El "todo ya está hecho en pintura" no hace más que confirmar esa intención de privar de carácter diferenciador de la pintura y del modelo de artista menos afecto e independiente a los poderes actuales. Del artista pintor que no estima la elaboración de sus creaciones referidas al mercado.

Surgen nuevas formas de alteración del mercado y de salirse del que parece única forma de comunicación a través de la transacción económica. La propia Red es un ejemplo y los intentos de neutralizar esta importante herramienta de intercambio de conocimientos se encuentra sobre las mesas de los grandes poderes económicos. Igual que no se puede permitir la libre circulación de información, la expresión siempre personal de la pintura y, sobre todo, del modo de vida del artista, cada vez más independiente del mercado, no es un lugar propio para la explotación económica. La unificación de criterios propuesta por la mal llamada "globalización" (se trata tan sólo de una expresión de marketing), retrata el lugar del que parten las iniciativas de destrucción de conceptos como Historia, Arte, Filosofía, y porqué no de Religión. Estas disciplinas, sistemas o como queramos llamarles configuran el mapa de nuestra esencia cuando son desarrolladas fuera de las leyes del mercado. Cualquier transformación del ser humano pasa por la revisión y ubicación de las nuevas actitudes en estos lugares comunes a la Pintura.

Pero ¿qué hace de la Pintura algo tan esencialmente unido a la naturaleza humana? ¿Qué aspectos desarrolla o refleja de nuestro ser íntimo personal y colectivo? Este modo de expresión tan arcaico y primordial encuentra fundamento en el fenómeno físico de la visión y en la necesidad humana de representarla; de crear la imagen reconociendo el valor que transmite la transformación material en signo simbólico, en significado inherente a la impresión que la forma y el color sobre la superficie producen en la percepción del espectador y del propio ejecutor. La inmediatez de la captación de la imagen, al menos en una primera fase, es parecida a la de la música pero con una diferencia sustancial: nadie cuestiona la pervivencia de la música como medio de expresión sobre todo por la capacidad de generar mercado que posee la plasmación en medios de reproducción masiva. Poseer un disco de Mozart es poseer su música, la vibración del aire reproduce en el oido el original de modo aceptable para el aficionado. Pero poseer una reproducción de Velázquez no es poseer su pintura. El efecto óptico no es comparable. La pintura es un objeto único, no se puede hacer un mercado de reproducciones aceptable para el aficionado. Puede servir a lo sumo para la ilustración pero no se confunde con el original. El mercado no puede hacerse con la pintura contemporánea a no ser que limite el número de objetos de interés, susceptibles de ser cambiados por dinero. La difusión de pocos autores acentúa este efecto revalorizador de la mercancía. 


 

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