octubre 2002
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Cerámica y Dólmenes
por Mercedes Villar Liñán
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CERÁMICA
Y DÓLMENES
Introducción:
el patrimonio arqueológico y su conservación. Si
hay una característica constante que defina la historia de Andalucía,
como región y como unidad paisajística, sin duda es el asentamiento
de diferentes culturas por sus múltiples espacios. Pueblos prósperos,
imperialistas o simplemente colonizadores marcan el devenir de la
historia en esta comarca, desde el pueblo Fenicio del primer milenio
antes de Cristo hasta los repoblamientos cristianos-castellanos del
siglo XIII de nuestra era. Con frecuencia se usa la historia para
justificar el presente, y en el caso de esta región, hasta la
saciedad se ha buscado la raíz de la "idiosincrasia" de
"lo andaluz" en este sucesivo e intenso asentamiento de
culturas diversas. Sin embargo, no es el propósito de este artículo
resaltar rasgos de cultura andaluza, si es que ésta existe como
unidad, apoyándonos en la ocupación de un suelo fértil, bien regado
por cursos y manantiales de agua abundantes, pródigo en minerales y
cruzado por cordilleras que, lejos de ser obstáculos para la
comunicación, brindan pasos naturales entre valles y costas. Sin duda
han sido éstos, y no otros, los factores que han convertido esta zona
de la Península Ibérica en lugar escogido para un poblamiento sin
solución de continuidad desde los primeros momentos de la
Prehistoria, sin olvidar su posición estratégica de avanzadilla
entre Europa Occidental y el Norte de África.
Por otra parte, las divisiones
administrativas actuales poco tienen que ver con el espacio de la
Prehistoria: las fronteras actuales resultan un límite artificial
para el estudio de la realidad cultural de hace cuatro mil años,
hecho que se constata con la interrelación de Andalucía con el
Algarve portugués y con Extremadura. (Pellicer, 1986) Los
rasgos del clima y el paisaje, combinados con la abundancia de agua,
suelos fértiles, zonas escasamente elevadas de fácil accesibilidad y
larga franja costera, hicieron de la región un lugar preferente de
asentamiento a lo largo de la Prehistoria y Protohistoria, confirmado
este rico pasado cultural por la abundancia de yacimientos arqueológicos.
El
estado de conservación de los restos prehistóricos no es siempre el
óptimo, e incluso a veces, ni siquiera el mínimo deseable. El
patrimonio arqueológico constituye con frecuencia objeto de
descuidos, expolios, dejaciones y abandono en toda la Península Ibérica,
y podemos decir que en Andalucía, debido tanto a su abundancia como a
la existencia de centros de interés histórico más llamativos y
brillantes, los
yacimientos de la Prehistoria
andaluza han sufrido en exceso. Factor importante de esta destrucción
ha sido el tradicional coleccionismo particular, asociado a las
"antigüedades" y a la industria de la falsificación,
negocios que tuvieron gran auge a finales del siglo pasado y que por
desgracia continúan (Sanz Nájera, 1981).
A veces, los hallazgos fortuitos de labradores y vecinos de los
pueblos han ido a parar a manos de algún estudioso, formándose
colecciones locales y particulares, que con el tiempo se han
depositado en los museos arqueológicos; otras veces, sin embargo, se
han vendido a extranjeros, a coleccionistas y negociantes, quedando
oculto y perdido para el estudio. La curiosidad individual, el
"misterio" que parecen encerrar las piezas arqueológicas,
lo atractivo de sus formas, y en fin, la sensación de poseer algo único,
valioso y enigmático, llevan a muchos profanos a codiciar
y atesorar algún tipo de resto prehistórico, despojando a los
investigadores de materiales irrecuperables. Si el historiador
construye su discurso con fuentes documentales, a menudo
irremplazables, el arqueólogo-prehistoriador reconstruye una realidad
muy lejana en el tiempo con los restos materiales recogidos y
seleccionados en las excavaciones; es tarea del investigador conectar
y poner en relación los restos hallados con una hipótesis o teoría
que arroje luz sobre el pasado remoto del hombre (Sanz,1981;
Cabrera,1993). A niveles locales es fundamental encontrar restos no
expoliados, o al menos, conservados una vez descubiertos,
pues ese rompecabezas que forman los problemas del poblamiento,
la producción y distribución de bienes, la división y organización
socio-económica, la difusión de prácticas espirituales y los
intercambios de tecnología puede quedar sin ensamblar. La
metodología del estudio de la Prehistoria precisa del análisis
profundo de los materiales y su posterior
constatación y conexión dentro de un marco teórico, tomado como hipótesis
de trabajo, con el cual construir la Historia. Afortunadamente los
listados de materiales procedentes de yacimientos ya no se encuentran
en los trabajos de investigación sin una interpretación teórica,
pero es bastante paradójico que tras análisis rigurosos y con
tecnologías avanzadísimas, a menudo las excavaciones quedan sin
protección y a merced de los saqueadores aficionados, de modo que las
hipótesis a veces no pueden llegar a comprobarse fielmente, o no
pueden revisarse, pues la pérdida del material hace imposible un
segundo estudio. De este modo las investigaciones quedan muchas veces
condicionadas a la aparición de nuevos restos que puedan avalar o
desestimar las hipótesis. Si hojeamos las revistas especializadas de
arqueología[i]
llamarán nuestra
atención dos hechos significativos para la conservación del
Patrimonio: las numerosas referencias a las fuentes orales para
conocer el estado original de los yacimientos, y el elevado número de
artículos que dan a conocer resultados de
"excavaciones de urgencia" que no siempre pueden
continuar. El
furtivismo y la acción incontrolada no es el único obstáculo para
la conservación del Patrimonio Arqueológico. Digamos que es el más
anecdótico. Los usos progresivos del suelo y la expansión urbana
constituyen uno de los elementos de destrucción más importantes,
especialmente en Andalucía, debido a la ya comentada riqueza cultural prehistórica y a un
elemento que nos introduce en más profundidad en el tema de este artículo:
la continuidad poblacional
y del patrón de asentamiento en nuestra comarca. La importancia del
sector primario aún en la actualidad, y la constante roturación del
suelo sobre antiguos poblados o asentamientos prehistóricos es un
factor fundamental de deterioro. A menudo los restos se hallan
revueltos y rotos. Por tanto, la propiedad y el uso del suelo pueden
marcarse como una de las dificultades para la conservación del
patrimonio. Otro factor fundamental es la dependencia respecto a la
Administración, ya sea central o autonómica, en cuanto a permisos,
financiación y explotación, No
podemos olvidar señalar que en la categoría de patrimonio arqueológico
de la Prehistoria se incluyen los restos fósiles humanos, animales o
vegetales; el material o industria lítica; el material cerámico,
textil y de cestería; la joyería e industria del adorno; el material
metálico o industria metalífera; y el material arquitectónico y
escultórico. Materiales que en manos de profanos pierden todo su
valor intrínseco, debido a la falta de datación y explicación en el
conjunto de la Historia. El
inicio del poblamiento en Andalucía y su problemática Si
el estudio de la Prehistoria siempre es complejo, para el caso de
Andalucía se incrementa la dificultad, por los enigmas que van
surgiendo y que el arqueólogo debe interpretar. A ello sumamos que
Andalucía en su Prehistoria no presenta la unidad geográfica ni
cultural que conocemos. El profesor Pellicer Catalán establece tres
áreas o círculos culturales en nuestra región (Pellicer, 1992): -El
círculo Oriental, sumamente montañoso -El
círculo Occidental, cuyo eje vertebrador sería el Guadalquivir y las
tierras abiertas de su valle -El
círculo de la Costa Meridional, que desde Gibraltar hasta Almería
participa de los dos círculos anteriores Los
primeros signos de poblamiento datan del Paleolítico Medio, encontrándose
en Andalucía restos de Homo Neardentalensis en distintas
comarcas como el campo de Gibraltar, la zona granadina de Guadix-Baza,
la fachada Atlántica de Cádiz-Huelva y la cuenca del Guadalquivir.
Del sucesor Homo
Sapiens Sapiens hay huellas en la cueva de La Carigüela de
Granada, en Almería, y en diversas cuevas de Málaga, estas últimas
con restos de pinturas rupestres: Cueva de Nerja, Cueva de la Pileta,
Cueva del Gato. A partir del Neolítico las zonas costeras mediterráneas
son avanzadillas culturales, terminando la etapa con la Cultura de
Almería. El registro Neolítico en Andalucía es particularmente
interesante y presenta una problemática abordada en los años
80 (Olaria,1986;Pellicer,1992). Tradicionalmente se consideraba
que la aparición del Neolítico iba asociada a un tipo de cerámica
concreta, la "cardial o impresa", sirviendo ésta
como guía y prueba de la expansión del Neolítico desde Oriente
Medio hacia el resto del Mediterráneo. Sin embargo, el análisis de cerámicas
no cardiales en el sur de España
ha dado una cronología antiquísima, apareciendo esta
manifestación asociada a la tipología socio-económica del neolítico.
De los análisis de fauna, flora domesticada y cerámica se puede
deducir que en la Península Ibérica existieron unas condiciones
objetivas por las cuales las comunidades indígenas autóctonas del
Mesolítico evolucionaron progresivamente hacia un estadio cultural
neolítico, sin necesidad de ser aculturadas por grupos orientales.
Así el origen de las primeras manifestaciones neolíticas en el
Mediterráneo Occidental fue prácticamente sincrónico. En este área
pueden constatarse en fechas muy tempranas la existencia de dos grupos
neolíticos, uno "cardial" y otro "no cardial",
con características particulares en cuanto a industria lítica, ósea,
pintura parietal, y adaptación territorial (Olaria,1986). Dentro de
este contexto el Neolítico Andaluz parece el más arcaico de la
Península, si bien la agricultura se desarrolló primero en
Levante y los grupos andaluces, de raíz cazadora, tendrían una base
económica pastoril con un primer desarrollo de proto-agricultura. Los
primeros cereales se encontraron en la Cueva de Los Murciélagos de
Zuheros (Córdoba), con una cronología de finales del V Milenio a.C.
, mientras que los encontrados en la Cueva de Nerja, pertenecerían al
IV Milenio a.C. Estos grupos serían de cerámica "no
cardial" el primero, y de "cerámica cardial" -datada
en La Carigüela- el segundo; constituyen los dos focos principales
del Neolítico Andaluz y "desmarcándose" del gran círculo
cardial del mediterráneo occidental [ii]
Como cronología del Neolítico, Pellicer propone un inicio hacia el
5500 a.C. y un final hacia el 2800 a.C. En
el período Calcolítico sobresale la cultura de Los Millares, también
en la provincia de Almería, con un importante y desarrollado conjunto
defensivo. Este tipo de conjuntos se encuentran en otras comarcas,
destacando uno excepcional en Lebrija, cuya cronología data del Neolítico
Medio. Con descubrimientos similares se va desbancando la teoría del
difusionismo del calcolítico desde focos orientales, y cobra fuerza
una interpretación similar a la del Neolítico: la evolución autóctona
desde el Neolítico y Eneolítico, con ciertos contactos exteriores.
Así descubrimos que el Calcolítico de Andalucía es con probabilidad
el más antiguo de la Península Ibérica. (Pellicer,1986;1992) La
vieja cronología de Millares I y II ha sido superada por la señalada
como "inicial" de Andalucía Occidental.
Hay que matizar que la presencia o ausencia de cobre no define
al Calcolítico Inicial, ya que es un elemento de poca signficación
en relación a otros de tipo material o espiritual. No obstante, los
primeros ensayos metalúrgicos en el Valle del Guadalquivir y Huelva
se remontan a finales del IV milenio; para la Cueva de Nerja la fecha
inicial sería el principio del III milenio. Los
dos grandes fenómenos que definen al Calcolítico van a ser: -la
profusión de poblados (andaluces y portugueses) con
fortificaciones de murallas y torres circulares de piedra -la
difusión del megalitismo, cuyas tempranas fechas en torno al
IV milenio a.C. hacen descartar un origen oriental frente al más
plausible inicio atlántico dentro del neolítico. Para
la historia del poblamiento de Andalucía la Edad del Cobre se
presenta como un período particularmente interesante. Hemos citado ya
la proliferación de asentamientos o poblados, hecho que parece
coincidir con un aumento poblacional autóctono sin aportes exteriores
de nuevos grupos ni migraciones, especialmente para la zona occidental
. En palabras de la doctora Rosario Cruz-Auñón Briones en el III
Milenio se asiste "a la más antigua eclosión demográfica de
este sector regional, humanizándose una amplia gama de paisajes,
incluso algunos de ellos por primera vez."(Cruz-Auñón, 1992).
Por el contrario, en un momento inmediatamente anterior -Neolítico- y
posterior -Bronce Pleno y Final- se registra una expresión de
poblamiento totalmente diferente. Esta peculiaridad no está aún bien
explicada, pues debe conectarse a la casuística del momento histórico
en que dicho auge poblacional ocurrió. El gran número de yacimientos
descubiertos e investigados en Andalucía Occidental pueden
sintetizarse en dos tipos genéricos: -Poblaciones
que siguen manteniendo su tradicional medio como las cuevas, hábitats
mantenidos [iii]
que parecen conservar una tradición neolítica en su base económica,
con la opción de añadir la explotación de algún otro recurso (lítico,
metalúrgico, agropecuario), participando así de un tipo de realción
socio-económica más compleja, más propio del período del cobre. -Poblaciones
de nuevo medio o de fundación "ex novo", con las que el
hombre ocupa zonas que estaban prácticamente vacías desde el Paleolítico
inferior.[iv]
Muchos de ellos se encuentran a escasa distancia entre sí, dando
lugar a núcleos poblacionales concentrados y con "aspecto
urbano". Los
poblados tienden a la concentración en grandes áreas ubicadas
en puntos estratégicos, dominando zonas fértiles, con defensas
artificiales, y cuyas conexiones y orígenes egeos se están
descartando. Dada la ubicación de estos poblados, generalmente en
zonas abiertas a pasos y cañadas, puede darse por seguro el
intercambio comercial entre distintas áreas con alguna regularidad,
sobre todo por la facilidad de comunicación entre zonas agropecuarias
y zonas mineras. Las relaciones con el norte de Africa cobran más
verosimilitud, confirmadas por la presencia de "industrias del
marfil" , por la abundancia de cuentas de huevo de avestruz y por
la difusión, constatada, del campaniforme hispano en yacimientos
norteafricanos. Otras características del fenómeno poblador se
refieren a la extensión y tipología de las viviendas. Algunos
asentamientos pueden alcanzar gran superficie, como el de Valencina de
la Concepción que alcanza las 20 Has. Son lugares sin planificación
urbana, con viviendas dispersas de planta circular y oval -raramente
rectangular o abisal-, entre las que se crean espacios vacíos. Las
habitaciones suelen construirse con zócalo de piedra y muros de
tapial y adobe, y techumbre cónica sostenida por un eje central. En
el interior del poblado se abren silos de estructura ovoide con
fondo plano o de tendencia troncocónica. Son tan abundantes en la
rica tierra cerealística del Guadalquivir que las primeras
excavaciones dieron lugar a hablar de la "Cultura de los
Silos" (Carriazo,1974). Suelen aparecer asociados a zanjas y
pozos, las cuales han sido interpretadas como drenajes del
almacenamiento y como posibles vertederos.[v]
Este tipo de hábitat se constata para todo el Guadalquivir, las zonas
de Campiña y, sin solución de continuidad, en Portugal hasta el
Tajo. Generalmente
se entiende que la fase final del calcolítico la constituye la
Cultura del Vaso Campaniforme. Esta sigue planteando una problemática
muy controvertida, descartada ya aquella teoría que fijaba en Carmona
el origen de este estilo internacional. Hoy día se piensa más bien
que el campaniforme continental, muy representado en Carmona y con
magníficos ejemplares, adopta técnicas y motivos decorativos que ya
existían en el sustrato calcolítico, un milenio y medio antes de la
aparición del fenómeno como tal. Nos sirve sin embargo para
constatar que a partir de la aparición de esta cultura se difunde y
generaliza la metalurgia del cobre por el sur peninsular. Para Andalucía
Oriental la estratigrafía del Cerro de la Virgen de Orce muestra
clara la evolución del Calcolítico y el Campaniforme. En Andalucía
Occidental el ambiente general del final del período es muy
arcaizante, interfiriéndose con un bronce inicial no muy claro, pero
manteniendo prolongadas perduraciones, como más adelante matizaremos.
La zona del Valle del Guadalquivir resulta una región innovadora
de culturas y a su vez decididamente conservadora, en la que el
calcolítico duró aproximadamente un milenio y medio, implantándose
un horizonte cultural epicampaniforme (Pellicer,1986) La ausencia de
una cultura floreciente y rica en ese Guadalquivir que conecta con las
grandes zonas mineras de Sierra Morenay Río Tinto, la cual que no se
manifiesta hasta el Bronce Final, está esperando aún una explicación
de los investigadores. La
comarca de la Campiña Sevillana y su particularidad poblacional
Queremos fijar nuestra atención en una zona no explorada en
exceso cuyo interés reside en la abundancia de yacimientos arqueológicos
pertenecientes a muy diversas etapas. Se trata de la Campiña
Sevillana, comarca en la actualidad dedicada principalmente a la
agricultura de secano y regadío combinados, y a la ganadería,
situada en las márgenes del Guadalquivir y en torno a los afluentes
Genil, Corbones y Guadaira. Topográficamente tiene el interés de
poner en comunicación las estribaciones de la serranía subbética
con el valle y desembocadura del Guadalquivir. Hoy día los municipios
de Carmona, Utrera, Ecija, Alcalá de Guadaira, Marchena y Osuna,
destacados en distintas épocas históricas (como sus monumentos
romanos, andalusíes, mudéjares, renacentistas y barrocos delatan)
concentran la mayor cantidad de población, y sus habitantes se
dedican ya a los sectores secundario y terciario. Junto a ellos un
conjunto de pueblos menores aún dependen en gran medida del sector
primario. Una
mirada a los períodos pre- y protohistóricos sorprende por la persistencia
del patrón de asentamiento en la comarca, que parece confirmar cómo
el poblamiento del sureste-suroeste de la Península Ibérica,
denominado como "argárico", era sustancialmente el mismo
desde el Neolítico al Calcolítico, y desde éste al Bronce y al período
Orientalizante. Los cambios que se dieron en la población debieron
ser por tanto los de tipo socio-económicos y socio-políticos,
concretados en el proceso de jerarquización social y de aparición
de caudillajes locales.
Los primeros restos constatados
datan del período Calcolítico. En torno al IV milenio a.C la zona se
muestra como un lugar idóneo para las actividades agrícolas y
ganaderas, bien comunicado y con cauces de agua abundantes. Por ello
se encuentran restos de numerosos asentamientos pequeños y de
enterramientos. La Carta Arqueológica de la zona constata una
veintena de ocupaciones con distancias de entre 3 y 4 kms entre ellos.
Puede reconocerse un esquema de ocupación que responde a la
preferencia por los puntos con visibilidad, de gran valor estratégico-defensivo,
próximos a cruces de cañadas y junto a manantiales o cursos de agua,
al menos en los poblados más amplios y estables. Los restos
materiales asociados a estos poblados son trozos de cerámica y láminas
de sección triangular, así como lascas, puntas de flecha de base cóncava,
hazuelas trapezoidales pulimentadas, algunas cuentas de collar,
molinos de piedra, y un alto número de útiles pulimentados. El
yacimiento de Cerro del Pescozal se encuentra casi totalmente
destruido debido a las labores agrícuolas. Se trataría de un
asentamiento de pequeñas dimensiones, probablemente relacionado con
otros de su época como El Casar o El Amarguillo II. Su ubicación
debe deberse a la proximidad de la vía de comunicación a cuyo lado
se sitúa (en el km 6 de la actual carretera de El Coronil-Utrera). En
este mismo período encontramos, en torno al IV milenio, el conjunto
megalítico de Los Molares. Se trata de una necrópolis compuesta
de hasta seis tumbas dolménicas de tipo "corredor acodado",
hoy día desaparecidas por la acción del furtivismo, la construcción
y las labores agrícolas. El primer dolmen descubierto (Dolmen de la
Cañada Real) fue estudiado por el profesor D. Juan de Mata Carriazo
en 1967 y sus conclusiones definitivas fueron publicadas en 1974. Más
recientemente el de El Palomar fue excavado de urgencia por el Museo
Arqueológico de Sevilla y por D. Manuel Mª Ruiz Delgado en 1980;
actualmente está siendo estudiado por el equipo de Dª Rosario
Cabrero García dentro de un proyecto sobre el proceso cultural de las
sociedades agrarias de la campiña sevillana entre el IV y II milenio
a.C.[vi]
Las estructuras de este conjunto
presentan la particularidad de tener planta en forma de "L",
relacionadas con algunos ejemplares de la Sierra Norte sevillana y la
Cuenca onubense, y también con otros atlánticos, concretamente
armoricanos de la primera mitad del tercer milenio. Estas estructuras
en "L" se encuentran en conexión con la expansión de las
pequeñas galerías cubiertas que proliferan en las sierras de Andalucía
Occidental y que ocasionalmente, como en este caso, invaden la
llanura. En ellos se hallaron restos de huesos humanos, cuentas de
collar, hazuelas trapezoidales pulimentadas, y restos de almagra,
indicativos de rituales en torno a la muerte. La necrópolis parece
estar relacionada con los poblados cercanos de Amarguillo y El Casar,
aunque los investigadores apuntan la posibilidad de la existencia de
un yacimiento bajo el actual municipio de Los Molares. Esta
manifestación de una realidad socio-cultural nueva entra en relación
con dos fenómenos de suma importancia histórica: -el
proceso de jerarquización y diferenciación social que conocieron
las sociedades tribales junto a la progresiva espiritualidad que
acompañaba a la muerte, constatables en la difusión del
megalitismo por todo el territorio habitado a nivel mundial -la
temprana expansión del megalitismo tanto en la Campiña como en
otras áreas dolménicas de Andalucía, como el Aljarafe, la Sierra
Norte de Sevilla, el Condado y la Cuenca Minera onubense, la costa y
sierra malagueñas. De
gran importanicia es el poblado de Amarguillo II, valorado como
uno de los más relevantes de la zona. Fue descubierto en 1986 y
excavado por Manuel Mª Ruiz Delgado. Se sitúa en las proximidades de
un cortijo del mismo nombre, en el camino que en dirección noreste se
dirige desde Los Molares a El Arahal. El yacimiento se extiende por
una zona llana, ligeramente inclinada hacia el oeste. La situación de
este poblado se debe a razones económicas, y no parece que tuviera la
importancia estratégica de otros yacimientos de la zona como Las
Aguzaderas, El Casar o El Molino Pintado. En principio resulta extraño
que florezca un poblado de tanta amplitud en un lugar poco adecuado
para ello, si bien parece deberse a la necesidad de contar con un área
fértil para abastecer de alimento a toda su población, y sobre todo,
a la proximidad del manantial de "Fuente de la Reina",
utilizado tanto por el asentamiento como por el ganado. Es probable
que el paso de los ganados por el manantial crease un punto de
confluencia e intercambio, primitivo mercado de excedentes agrícolas;
desde este punto de vista, el poblado de Amarguillo II controlaría el
paso de la ganadería por una de las cañadas más importantes de toda
la zona, que iría desde Utrera a Morón de la Frontera, uniendo el
Valle del Guadalquivir con las primeras estribaciones de la serranía
subbética, rica en pastos. Por otra parte y tratándose de un hábitat
de importancia, destaca que en superficie no se han encontrado restos
de construcciones ni de edificios defensivos. El punto mejor situado
en los alrededores es el actual pueblo de Los Molares, del que se
sospecha que debía estar poblado.[vii] El
hallazgo en este asentamiento de restos óseos en 1986 y los nuevos análisis
realizados en 1993 a los mismos permiten poner en conexión dos
yacimientos importantes: el poblado de Amarguillo II y el Conjunto
Dolménico de Los Molares. La prueba del 14C brindó una cronología
de entre 3810-3630 a.C. para los restos óseos de los dólmenes.
Algunas pruebas realizadas con moderna teconología han revelado
microtraumatismos y lesiones óseas relacionadas con sobrecarga
muscular, lo cual indicaría las duras condiciones de vida. En cuanto
a los restos óseos de Amarguillo II, en 1986 fueron analizados y
parecían pertenecer a un sólo individuo. Sin embargo, los análisis
realizados de nuevo con técnicas más avanzadas han descubierto que
se trata de huesos pertenecientes al menos a cuatro individuos, uno de
ellos adulto joven femenino. Esta novedad parece muy importante, pues
se trataría de un enterramiento de inhumación de transición
entre el antiguo enterramiento colectivo en dólmenes hacia el
individual, pero acompañado aún de sus ancestros. Dicho
enterramiento se correspondería con una primera sociedad metalúrgica,
con uso y explotación del cobre y el oro, perteneciente a un pueblo
precampaniforme en su base. La datación por 14C oscila entre 2770 y
2460 a.C., y corroborando esta hipótesis, una escoria de bronce del
yacimiento analizada en Oxford University da una fecha muy próxima,
entre 2870-2409 a.C. El análisis de la fauna y de la dieta parece
revelar una alimentacón rica en carne y cereales pero pobre en
frutos. Esta reinterpretación de los restos arqueológicos confirmaría
el cambio que se está operando en la zona de la Campiña : la
transformación de una organización tribal a una sociedad jerárquica,
con las consiguientes desigualdades sociales que ello trae consigo
Para finalizar esta síntesis del
Calcolítico en la Campiña queda apuntar que las comarcas contiguas
de Los Alcores y La Vega del río Corbones presentan registros
poblacionales similares, con una decadencia desde el Paleolítico
Inferior y un nuevo poblamiento en el Calcolítico.Éstas quedan
comunicadas a través de la Campiña con el "Pie de Sierra Subbético",
zona con posibilidades óptimas de utilización por ser límite
natural entre la sierra y la campiña y por brindar pasos a través de
depresiones que conectan con el sudeste. Los poblamientos de sierra
explotarían recursos líticos y las zonas más abiertas presentan
habitaciones que explotarían los recursos agropecuarios, de un modo
similar a los de la Vega, los Alcores y la Campiña. La
problemática del poblamiento en el Bronce Final La
fase final de la Edad del Bronce se caracteriza por la disminución de
la importancia de los asentamientos de la Andalucía Oriental y la
aparición de nuevos hábitats en la parte occidental de la región.
La actividad económica desarrollada entre los pueblos de la fachada
atlántica de Europa, desde el golfo de Cádiz hasta el Báltico,
impulsó la creación de nuevos núcleos de población en torno al
Suroeste andaluz. Se han encontrado numerosos objetos de bronce en
enterramientos o escondrijos en la cercanía de la costa, que han
hecho pensar en las relaciones que se emprendieron por mar con otros
pueblos cuyos restos presentan similares características. La
existencia de una población creciente en la zona occidental de
Andalucía, con una avanzada organización urbana, así como con una
actividad económica y comercial basada en la riqueza agrícola,
ganadera y minera, daría
lugar a la aparición de una sociedad refinada y altamente
desarrollada. Para
el Bajo Guadalquivir el prehistoriador Antonio Tejera Gaspar planteó
una hipótesis sobre su poblamiento (Tejera ,1978). La aparición de
nuevos núcleos en el Valle se relacionaría con la fertilidad y
riqueza del suelo , si bien serían los grupos herederos de los
poblados del Eneolítico quienes decidieron bajar de las cornisas y
mesetas altas del río, por ejemplo de las comarcas sevillanas del
Aljarafe y de Los Alcores . El desplazamiento podría explicarse por
la actividad económica, y por
tratarse de un período en principio menos convulsionado y sin aportes
poblacionales externos (por el contrario, en las culturas del sureste
andaluz, por ejemplo en El Argar, existieron grandes cambios de
costumbres debido a la llegada de nuevos pobladores procedentes de
Europa y/o de oriente). Los
grupos del Valle del Guadalquivir parecen ser de mayor dinamismo
cultural que los de Los Alcores, y si seguimos el curso de los túmulos
excavados en la zona, puede interpretarse que se trata de pueblos
ganaderos que bajaron por la ruta que une Sierra Morena y El Valle a
través de Los Alcores. Precisamente estos túmulos ofrecen una
posibilidad interpretativa al fenómeno poblacional del bronce,
confirmando el ya citado "arcaísmo cultural del bronce" En
los túmulos de Entremalos y algunos de la Mesa de Gandul, en la Vega
del Corbones, coexisten enterramientos de inhumación y de incineración,
depositados en distintas fases, e incluso, como en Entremalos, el
mismo túmulo se ha formado por acumulación de depósitos. El más
importante quizás sea el Túmulo de Setefilla, en Lora del Río, y en
la misma Vega. En su reexcavación se descubrió una tumba de cámara
rectangular y corredor, de mampostería, cubierto por una
superestructura de tumbas; al cortar el túmulo se descubrió un
conjunto de enterramientos de incineración en urna acumulados desde
el suelo, constituyendo un verdadero enterramiento colectivo de
incineración, llegando a formar túmulos de hasta 7 mts de altura. El
conjunto fue fechado entre los siglos VII y VI a.C., cronología muy
reciente, sobre todo si la comparamos con los sepulcros colectivos que
ya conocemos de Los Molares. Una explicación posible sería la
pervivencia de la tradición del enterramiento colectivo, realizado en
el mismo lugar desde el eneolítico, por gentes que conservan lo que
conocen pero van incorporando el nuevo ritual de incineración. También
en relación a esta pervivencia podemos recordar la cronología de los
conjuntos dolménicos de Valencina de la Concepción (Tejera,
1978;Ruiz Moreno,1995), el gran poblado calcolítico que tuvo
conexiones con las comarcas mineras onubenses, con el Andévalo, con
el Condado y que ejerció un papel de enlace comercial con el
Guadalquivir. La necrópolis abarca hasta el término municipal de
Castilleja de Guzmán, y en ella se encuentran 8 túmulos tipo
"tholoi", 13 de menor tamaño y hasta 20 más en zonas
colindantes. El dolmen de La Pastora se fecha entre 1800 y 1600 d.C.,
y presentaba ajuar de influencia oriental. Estas características
junto a la inexistencia de un poblado de cronolgía posterior parecen
apuntar a la pervivencia durante el bronce sin cambio cultural
aparente (Ruiz Moreno,1995) En
la zona de la Campiña sevillana que estudiamos no hay restos del
Bronce Final de importancia, siendo en general escasos los
yacimientos, por lo que podría hablarse de una cierta decadencia
poblacional en el área. Este descenso puede deberse a la ubicación
de la comarca y sus anteriores relaciones con los poblados ganaderos y
mineros de Andalucía Oriental. Sí volvemos a encontrar restos
pertenecientes a este período en los yacimientos de Las Aguzaderas,
El Casar, El Coronil, El
Jardal y La Frenadilla III.
El Bronce Final continúa siendo un período peculiar y
diferenciado en cuanto al cambio y la continuidad poblacional, social
y cultural. Historiadores como M.Almagro, Basch, W. Schüle y
O.Arteaga han investigado sobre la evolución de las culturas del
Valle del Guadalquivir desde el Eneolítico. Si seguimos sus
planteamientos, junto a los de Tejera Gaspar, parece existir una
evolución continuada de las culturas de este área, de fuerte y
marcado carácter indígena, desde el Eneolítico, Calcolítico,
Bronce Medio, Bronce Final Inicial y Bronce Final, (si bien este último
período presenta la complejidad de la aculturación) para los
yacimientos de Lebrija, Mesas de Asta
(Hasta Regia), Colina de Los Quemados (Córdoba), llegando
incluso al Cerro del Real, Cerro de la Virgen y hasta Saladones de
Orihuela en Alicante. Parece pertenecer todo ello a un "hinterland
tartésico" , con lento desarrollo tipológico en cerámica,
arquitectura, urbanismo, que conformaría el sustrato básico del
Bronce Final sobre el que va a aflorar, con aportes orientales, la
Cultura Tartésica (Tejera,1978). Algunos yacimientos de Cástulo,
pertenecientes al Bronce Final confirmarían las relaciones a través
del Guadalquivir, y de éste hacia las Hoyas de Baza, de los
yacimientos mencionados, formando así una ruta minera a través de
los cauces fluviales.
Podemos resaltar tres rasgos del proceso de evolución cultural
de este período anterior al "Orientalizante" propiamente
dicho en el Valle del Guadalquivir: -la
evolución ininterrumpida de antiguas raíces eneolíticas y el
fuerte tradicionalismo de las mismas -la
unión con elementos orientales y europeos en una fase
posterior, confirmados por los hallazgos de la Ría de Huelva o por
las estelas decoradas del suroeste, en las que se aprecia la
simbiosis. -la
fuerza del mundo indígena que mantuvo su impronta y riqueza
cultural a pesar de la aculturación.
En el contexto del Bronce Tardío se han encontrado piezas de
orfebrería parecidas a las del Mediterráneo central y oriental. La
comparación de estas muestran han llevado a plantear la hipótesis
(Rui-Gálvez ,1992) de una precolonización de la Península Ibérica
por comerciantes micénicos y sardos anterior a la penetración
fenicia, en torno a 1300 a.C.
El crecimiento de los centros de
Andalucía occidental, ligados al desarrollo de la actividad
agropecuaria y finalmente minera (extracción de hierro, plomo, cobre,
plata y oro), se relaciona con el desarrollo de Tartesos. Los
contactos de esta civilización con los enclaves comerciales fenicios
y griegos, aunque parecen basarse en diversos mitos y leyendas
(mencionemos por ejemplo a Habis y Gerión, relacionados con la
agricultura y la ganadería respectivamente) y en fuentes antiguas
fiables pero poco claras al respecto, parecen confirmarse por el
marcado carácter orientalizante de su cultura material: joyas, armas,
escritura (sin descifrar), cerámica, dioses. Sí parece claro que el
mayor auge de extracción minera coincide con un impulso del comercio
con estas colonias, de modo que Tartessos se desarrollaría a remolque
de la demanda exterior, en lugar de ser el hasta ahora considerado
"brillo y esplendor" de esta cultura el atractivo que
fenicios y griegos encontraron en la Baja Andalucía. Las necesidades
de mineral para abastecer a fenicios y griegos obligaron a una
extracción mejor organizada, y por tanto, dieron lugar al nacimiento
de una incipiente y efímera unidad política, basada en el caudillaje
y posteriormente en una jefatura de tipo monárquico, necesaria para
una actividad minera constante y productiva. Los focos de poblamiento
de esta cultura se extendían por el bajo Guadalquivir, principalmente
en el triángulo de las actuales Sevilla-Huelva-Cádiz y su auge y
esplendor corrieron entre los siglos IX y VI a. C.
En este sentido, el Guadalquivir
serviría de vía de comunicación entre las comarcas mineras de Córdoba,
la Sierra de Huelva y la zona de Aznalcóllar. Asimismo el río se
usaría como vía para el comercio por los orientales, hecho que
explicaría la ubicación del poblado tartésico de El Carambolo como
salida natural desde la Sierra de Huelva y punto de control en la
comercialización del metal.[viii]
(Tejera,1978)
Durante esta etapa tartésica la
zona de la Campiña parece mantener un poblamiento discreto, cuyos
restos muestran la influencia oriental típica del período, si bien
se trata de objetos de escaso valor. Más significativo es el cambio
operado en la estructura socio-política, pues parece lógico que
el caudillaje local habría sido sometido, de un modo más o menos
intenso, a la autoridad tartésica. Con la decadencia de Tartessos la
comarca mantiene su poblamiento en pequeños núcleos urbanos-agrícolas,
incrementados ahora en número y dispersión. Entre los siglos VI y
III a. C. podemos hablar de un poblamiento de tipo ibero cuyas
cabeceras serían los centros de CARMO (Carmona), URSO (Osuna), ASTIGI
(Écija) y ASTAPA (Estepa). Más alejado pero no incomunicado, pues el
curso y valle del Guadalquivir sería la vía natural de contacto, se
encuentra el yacimiento de HASTA REGIA (Jerez de la Frontera). El
crecimiento de estos lugares entra en relación con dos procesos: -la
expansión de la cultura ibérica en todo el litoral mediterráneo
y sur-occidental de la Península, cuyas manifestaciones en Andalucía
son las culturas de Turdetanos, Oretanos y Bastetanos fundamentalmente -los
contactos, esta vez más intensos, con las colonias costeras de
fenicios, griegos y cartagineses; la pérdida de importancia de
los centros tartésicos, en los alrededores de la desembocadura del
Guadalquivir, ponen en comunicación directa a la Campiña con la
costa mediterránea de la actual provincia de Málaga a través de la
cañada natural que discurre entre el valle del Guadalquivir y la
Sierra Subbética, aproximadamente por la actual carretera
Sevilla-Ronda-Costa del Sol. Este
auge explica que encontremos esculturas antropomorfas de influencia
oriental en la Campiña sevillana, con paralelos en las culturas ibéricas
de la provincia de Jaén (Cástulo) o de Granada (Comarca de
Guadix-Baza), algunos de cuyos ejemplares más notables pertenecen a
Carmona, Morón y Los Molares (yacimiento de El Casar). Estas
esculturas de leones, toros y ciervos pertenecerían con probabilidad
a monumentos funerarios, nueva muestra de la adopción de patrones
religiosos y rituales en torno a la muerte de tipo oriental-mediterráneo.
En cuanto a las bases socio-económicas
de esta expansión, última antes de la conquista de la región por
Roma, seguían siendo la agricultura y ganadería excedentetaria, con
productos de la llamada "trilogía meditarránea", en
particular trigo y olivo. La explotación de la tierra en cultivos de
secano se realizaría a través de los primeros
"latifundios", usando el término con la cautela necesaria,
propiedad de los primeros "grandes jerarcas" de la zona,
probablemente jefes locales de los pequeños asentamientos con necrópolis
cercanas.
Para terminar, y como conclusión, con este somero repaso a la
prehistoria sólo pretendemos destacar la continuidad temporal y
espacial del poblamiento de la Baja Andalucía, y la temprana
especialización de la comarca en la actividad agrícola-ganadera con
cultivos de secano que conformarían la primera jerarquización
social basada en la propiedad de la tierra. Con los sucesivos
asentamientos posteriores el patrón de poblamiento articulado en
torno a "tierra-propietario-asentamiento de trabajadores" se
confirma y consolida -aunque con intervalos de decadencia poblacional
consignados en la cartografía histórica como
"despoblados"- resultando característico de la comarca las
grandes extensiones labradas y los núcleos de población dispersos
pero abundantes, como centros de la actividad económica y política. Epílogo:
respeto al patrimonio y prosperidad futura . Cada
uno de los conjuntos megalíticos o zonas dolménicas de Andalucía
Occidental presenta una problemática particular, aunque casi todos
coinciden en un estado de abandono, saqueo y expolio que imposibilita
la investigación, la cual recurre a menudo a las fuentes orales para
conocer la ubicación, la extensión y el número de los dólmenes. La
destrucción se debe también a las labores de fondeo agrícola,
actividad que por otra parte corrobora nuestro planteamiento del
problema de la pervivencia del patrón de asentamiento en la Baja
Andalucía. En palabras de Rosario Cabrero el hecho de la destrucción
de monumentos megalíticos "es una prueba evidente de la
facilidad e impunidad con que se destruye el patrimonio andaluz,
patrimonio al fin y a la postre de la Humanidad: único e insustituíble,
y enormemente valioso para conocer nuestro pasado"
(Cabrero,1993). Precisamente, el conocer por fuentes orales la
existencia de "un dolmen" en el lugar de trabajo, y el ver
la cantidad de fragmentos de material lítico que atesoran los
vecinos, me llevó a interesarme por la prehistoria de la Campiña, y
de ésta pasé a informarme sobre cómo Los Molares tuvo un pasado
rico y próspero. El
conjunto dolménico de Los Gabrieles, excavado también por la autora
citada a finales de los 70, presentaba el mismo estado de deterioro,
con el agravante de haberse cortado literalmente los ortostratos del
Dolmen Nº 1 al construir un camino vecinal que lleva al centro del
complejo. Se trata de un conjunto de seis monumentos megalíticos en
un área aproximada de 1km2
. Se localiza en Valverde del Camino (Huelva), al sureste
en el km 2 de la Carretea Valverde-La Palma del Condado. Se accede a
él por el citado camino vecinal. Todos los dólmenes son del tipo de
"galería cubierta", construidos con losas de pizarra y
sistema adintelado; algunos están calzados con piedras de tamaño
mediano. Se orientan al este, y presentan suelo natural sin
pavimentar. Son de factura eneolítica, pero parecen haber estado en
uso durante mucho tiempo, al menos durante el calcolítico como
muestran la industria de
microlitos, hachas y hazuelas, algunos de los cuales son muy arcaicos,
y las piezas de cobre puro. Conviven además con los enterramientos en
cistas. En dicho lugar el Dolmen Nº 5 estaba tan destruído que ni
siquiera se pudo dibujar su planta después de limpiar la zona y los
fragmentos de losas y ortostratos que quedaban; el Dolmen Nº 4 parece
haberse salvado del saqueo por tener dos grandes losas de la cubierta
caídas sobre la cámara y una encina que ocupaba la mitad de la cámara
y parte del corredor. Afortunadamente es éste el dolmen de mayor
complejidad constructiva y tipológica y en él se encontraba la
"pila", pieza clave de este yacimiento en relación a la
evolución de la espiritualidad y los rituales funerarios. Sin
embargo, y según la autora de las excavaciones, "poco puede
deducirse de este complejo dolménico dado su estado de
saqueo"(Cabrero,1978). Triste ejemplo de cómo puede quedar
inconexo para los historiadores el numeroso material extraído de los
conjuntos arqueológicos, en este caso el abundante material lítico
(microlitos, hachas y hazuelas), cerámico, de joyería, útiles como
molinos de mano, ídolos de placa y la mencionada "pila".
Todo ello repercute evidentemente en la interpretación, ya sea
reconstructiva o crítica, de nuestro pasado. Sin esta labor la pieza
queda sin significado y por lo tanto sin valor. Gran
parte del material arqueológico procedente de la Campiña Sevillana
se encuentra en el Museo Arqueológico Provincial de Sevilla, formando
parte de la Colección Lara Hueso. Por desgracia, otra importante
cantidad de restos líticos y dolménicos han sido expoliados por
los vecinos de la zona, con la dejadez de las autoridades al
respecto. El caso más significativo quizás sea el del Dolmen de Cañada
Real, de Los Molares, sobre el que se permitió la construcción de
una vivienda familiar, después de un estudio de urgencia de la
Universidad de Sevilla, y el cual, irónicamente, da nombre a la calle
en que apareció. En este caso y en nuestra opinión, la labor que las
autoridades municipales pudieron hacer para su conservación y no
hicieron es evidente, mucho más tratándose de un municipio no
expuesto a la especulación inmobiliaria. Por contraste, en las
grandes ciudades los criterios entre conservación vs. ocultación
y/o destrucción se ven condicionados por factores ajenos a la
historia, tales como los favores políticos y el amiguismo, los
intereses inmobiliarios y de usos del suelo, la polémica vecinal y la
oportunidad de captar votos. Estas realidades evidencian la marcada
dependencia que los historiadores podemos llegar a tener de las
autoridades y la administración, con el consiguiente perjuicio para
la sociedad en su conjunto. Realidad que parece imparable, pues
actualmente asistimos a la destrucción de uno de los trazados urbanos
medievales más antiguos y auténticos de la Comunidad Andaluza y
declarado Patrimonio de la Humanidad: la reurbanización del barrio de
San Luis de Sevilla, tras serios estudios tipológicos e históricos
financiados, gran paradoja, por el mismo ayuntamiento que lo está
modificando. La naturaleza es capaz de conservar un patrimonio arqueológico
durante cuatro mil años; el hombre los destruye en menos de uno por
intereses no siempre lícitos ni deseables. Destruir aleatoriamente el
legado del pasado no contribuye a la modernidad ni a crear un futuro
mejor. Otro
enfoque que puede mencionarse para la conservación del patrimonio es
la "utilidad" que como recurso dinamizador de la economía
local puede darse a los conjuntos dolménicos. En el caso que mejor
conocemos, el de Los Molares, sin duda alguna hubiera sido un
incentivo que hubiera reportado beneficios al municipio de haberse
conservado. Otra muestra patrimonial de este pueblo es el Castillo del
siglo XVI donde se ha ubicado un restaurante, único modo de visita
que puede realizarse en esta interesante construcción por no estar el
resto habilitado. Una empresa que salva el Castillo de su completa
división para viviendas, o de restauraciones realizadas sin criterio
histórico ni estético. Un ejemplo de aprovechamiento del patrimonio
como valor económico puede ser la vecina ciudad de Utrera, donde se
inaugura en julio de 2002 un Museo Arqueológico Municipal ubicado en
el conjunto defensivo de la ciudad, y que reunirá importantes piezas
donadas por particulares y adquiridas por el ayuntamiento, sumando así
un atractivo más al conocido municipio.
Por último, queda resaltar el
papel que como "educadores en la historia" podemos realizar
desde nuestra profesión, pues sin duda un mejor planteamiento del
futuro comienza por una buena educación en los valores del
patrimonio. Una correcta valoración del patrimonio conlleva no sólo
los beneficios económicos expuestos, también aspectos claramente
positivos en la formación de los habitantes de la población que verán
adecuadamente enfocadas las expectativas de su población joven con el
poder de transformación social.que implica el aumento del nivel
cultural. Toda sociedad que se respeta a sí misma lleva detrás un
reconocimiento de su pasado. NOTAS [i] Véanse por ejemplo: Anuario
Arqueológico de Andalucía, Revista de Arqueología, Trabajos de
Prehistoria, Cuadernos de Prehistoria y Arqueología, SPAL,
Tabona, Zehyrus, etc. [ii] Esta teoría de un foco neolítico más arcaico e independiente está respaldada por varios fenómenos: la secuencia de la industris lítica de características locales; la presencia de vasos de arcilla sin cocer con improntas de cestería fechados por C14 en el VII a.C. en la Cueva de Nerja; la posibilidad de la existencia de cerdos domésticos epipaleolíticos avanzados de esa misma cueva; la profusión y calidad de las primeras cerámicas de las cuevas excavadas, pertenecientes al tipo denominado "a la almagra"; y por las altas cronologías dentro del VI a.C.de las Cuevas de Nerja (Málaga), de la Dehesilla (Cádiz) y de Santiago Chica (Sevilla) [iii] Ejemplos son la Cueva de la Mora en Jabugo (Huelva), la Cueva Grande y Cueva Chica de Santiago en Cazalla de la Sierra (Sevilla), y las cuevas de la Sierra de Cádiz, especialmente las de los términos de Grazalema y de Benaocaz. [iv] Es el caso de las poblaciones establecidas en las comarcas de El Andévalo y El Condado en la provincia de Huelva; la Cornisa del Aljarafe, Los Alcores, la Vega del río Corbones y La Campiña en la provincia de Sevilla; la Campiña de la provincia de Cádiz; y el Pie de Sierra Subbético que abarca las provincias sevillana y gaditana. Para más detalle sobre la tipología de los poblados de cada comarca y sus relaciones véase el interesante artículo de síntesis de Rosario Cruz-Auñón citado en la bibliografía. [v] En la campiña gaditana el interesante poblado del Cerro de la Viña (Puerto de Sta.María) posee gran cantidad de silos, algunos de ellos con enterramientos.Parece distinguirse una zona habitada en la parte baja del cerro y una zona de almacenamiento en la parte alta. Los silos aparecen agrupados en núcleos de 3 a 6 estructuras, separados entre 20 y 40 mts. cada conjunto. De ello se infiere una estructura socioeconómica con propiedad privada fundamentada en la familia nuclear. Véase: RUIZ FERNÁNDEZ, :"Informe de las excavaciones de urgencia.Pago de Cantarranas-La Viña-El Puerto de Sta.María" en Anuario Arqueológico de Andalucía.1986.III. págs. 95-100) [vi] Proyecto en curso dentro del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla coordinado por la Dra. Dña. Rosario Cabrero García titulado "Amarguillo II (Los Molares). Análisis del proceso cultural operado en las sociedades agrarias de la campiña sevillana entre el IV yII milenios a.C." [vii] En los alrededores de Los Molares se encuentran otros yacimientos de interés, especialmente el de el cerro de El Casar. Este ocupa la zona más elevada de la comarca, junto a los de El Jardal, El Molino Pintado, y el Pilar. Desde ellos se divisan los Alcores, Carmona, Alcalá de Guadaira, Torres Alocaz, por lo que debían tener función estratégica y de control de los recursos de la zona. En el Cerro El Casar se encuentran hasta cuatro pozos, razón que se suma a las anteriores como atractivo para asentar poblaciones. Véase el capítulo III.2:"Estudio de los yacimientos.A. Eneolítico" de la Carta Arqueológica de la Campiña de Sevilla. Zona sureste I, por Dr.D. Manuel Mª Ruiz Delgado. [viii] Hay que recordar que en esta época el Guadalquivir desembocaba a la altura de Coria del Río formando un gran golfo marino. BIBLIOGRAFÍA -CABRERA
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el sepulcro megalítico de El Palomar: contribución al
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y otros: "El poblado metalúrgico de Amarguillo II en Los
Molares (Sevilla) y su entorno inmediato en la Campiña: últimas
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CURADO, Antonio: Villa de Los Molares. Pasado y Presente. Los
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PUYOLES, Carmen: "La problemática del Neolítico Andaluz y
sus conexiones con el litoral Mediterráneo Peninsular", en Homenaje
a Luis Siret. Madrid, 1986. Págs. 130-135. -PELLICER
CATALÁN, Manuel: "Una visión sintética de la Prehistoria
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99-107 -IBIDEM:
"El Cobre y el Bronce Pleno en Andalucía Occidental",
en Homenaje a Luis Siret (1934-1984). Madrid, 1986. Pags.
245-249. -RUIZ-GÁLVEZ
PRIEGO, Marisa: "La novia vendida: orfebrería, herencia y
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DELGADO, Manuel Mª: Carta Arqueológica de la campiña
sevillana. Zona Sureste I. Publicaciones de la
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MORENO, Mª Teresa: "Valencina de la Concepción:
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Congreso Nacional de Arqueología.Vol. I. Elche, 1995. Págs.
37-41. -SÁNCHEZ
MANTERO, Rafael: Historia breve de Andalucía. Madrid,
2001. -SANZ
NÁJERA, María S. y CABRERA GARRIDO, José Mª: "La
conservación del Patrimonio Arqueológico: punto de vista del
Instituto de Restauración" en Primeras Jornadas de
Metodología de Investigación Prehistórica. Soria, 1981. Págs.
445-451. -TEJERA GASPAR, Antonio: "El Bronce Final del Bajo Guadalquivir y su problemática" en Huelva Arqueológica IV. 1978. Págs 181-195.
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