octubre 2002
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historia

Cerámica y Dólmenes 

por Mercedes Villar Liñán 

   

CERÁMICA Y DÓLMENES

 

Introducción: el patrimonio arqueológico y su conservación.

Si hay una característica constante que defina la historia de Andalucía, como región y como unidad paisajística, sin duda es el asentamiento de diferentes culturas por sus múltiples espacios. Pueblos prósperos, imperialistas o simplemente colonizadores marcan el devenir de la historia en esta comarca, desde el pueblo Fenicio del primer milenio antes de Cristo hasta los repoblamientos cristianos-castellanos del siglo XIII de nuestra era. Con frecuencia se usa la historia para justificar el presente, y en el caso de esta región, hasta la saciedad se ha buscado la raíz de la "idiosincrasia" de "lo andaluz" en este sucesivo e intenso asentamiento de culturas diversas. Sin embargo, no es el propósito de este artículo resaltar rasgos de cultura andaluza, si es que ésta existe como unidad, apoyándonos en la ocupación de un suelo fértil, bien regado por cursos y manantiales de agua abundantes, pródigo en minerales y cruzado por cordilleras que, lejos de ser obstáculos para la comunicación, brindan pasos naturales entre valles y costas. Sin duda han sido éstos, y no otros, los factores que han convertido esta zona de la Península Ibérica en lugar escogido para un poblamiento sin solución de continuidad desde los primeros momentos de la Prehistoria, sin olvidar su posición estratégica de avanzadilla entre Europa Occidental y el Norte de África.

                Por otra parte, las divisiones administrativas actuales poco tienen que ver con el espacio de la Prehistoria: las fronteras actuales resultan un límite artificial para el estudio de la realidad cultural de hace cuatro mil años, hecho que se constata con la interrelación de Andalucía con el Algarve portugués y con Extremadura. (Pellicer, 1986)

Los rasgos del clima y el paisaje, combinados con la abundancia de agua, suelos fértiles, zonas escasamente elevadas de fácil accesibilidad y larga franja costera, hicieron de la región un lugar preferente de asentamiento a lo largo de la Prehistoria y Protohistoria, confirmado este rico pasado cultural por la abundancia de yacimientos arqueológicos. 

El estado de conservación de los restos prehistóricos no es siempre el óptimo, e incluso a veces, ni siquiera el mínimo deseable. El patrimonio arqueológico constituye con frecuencia objeto de descuidos, expolios, dejaciones y abandono en toda la Península Ibérica, y podemos decir que en Andalucía, debido tanto a su abundancia como a la existencia de centros de interés histórico más llamativos y brillantes,  los yacimientos de la  Prehistoria andaluza han sufrido en exceso. Factor importante de esta destrucción ha sido el tradicional coleccionismo particular, asociado a las "antigüedades" y a la industria de la falsificación, negocios que tuvieron gran auge a finales del siglo pasado y que por desgracia continúan (Sanz Nájera, 1981).  A veces, los hallazgos fortuitos de labradores y vecinos de los pueblos han ido a parar a manos de algún estudioso, formándose colecciones locales y particulares, que con el tiempo se han depositado en los museos arqueológicos; otras veces, sin embargo, se han vendido a extranjeros, a coleccionistas y negociantes, quedando oculto y perdido para el estudio. La curiosidad individual, el "misterio" que parecen encerrar las piezas arqueológicas, lo atractivo de sus formas, y en fin, la sensación de poseer algo único, valioso y enigmático, llevan a muchos profanos a codiciar  y atesorar algún tipo de resto prehistórico, despojando a los investigadores de materiales irrecuperables. Si el historiador construye su discurso con fuentes documentales, a menudo irremplazables, el arqueólogo-prehistoriador reconstruye una realidad muy lejana en el tiempo con los restos materiales recogidos y seleccionados en las excavaciones; es tarea del investigador conectar y poner en relación los restos hallados con una hipótesis o teoría que arroje luz sobre el pasado remoto del hombre (Sanz,1981; Cabrera,1993). A niveles locales es fundamental encontrar restos no expoliados, o al menos, conservados una vez descubiertos,  pues ese rompecabezas que forman los problemas del poblamiento, la producción y distribución de bienes, la división y organización socio-económica, la difusión de prácticas espirituales y los intercambios de tecnología puede quedar sin ensamblar.

La metodología del estudio de la Prehistoria precisa del análisis profundo de los materiales y su  posterior constatación y conexión dentro de un marco teórico, tomado como hipótesis de trabajo, con el cual construir la Historia. Afortunadamente los listados de materiales procedentes de yacimientos ya no se encuentran en los trabajos de investigación sin una interpretación teórica, pero es bastante paradójico que tras análisis rigurosos y con tecnologías avanzadísimas, a menudo las excavaciones quedan sin protección y a merced de los saqueadores aficionados, de modo que las hipótesis a veces no pueden llegar a comprobarse fielmente, o no pueden revisarse, pues la pérdida del material hace imposible un segundo estudio. De este modo las investigaciones quedan muchas veces condicionadas a la aparición de nuevos restos que puedan avalar o desestimar las hipótesis. Si hojeamos las revistas especializadas de arqueología[i]  llamarán nuestra atención dos hechos significativos para la conservación del Patrimonio: las numerosas referencias a las fuentes orales para conocer el estado original de los yacimientos, y el elevado número de artículos que dan a conocer resultados de  "excavaciones de urgencia" que no siempre pueden continuar.

El furtivismo y la acción incontrolada no es el único obstáculo para la conservación del Patrimonio Arqueológico. Digamos que es el más anecdótico. Los usos progresivos del suelo y la expansión urbana constituyen uno de los elementos de destrucción más importantes, especialmente en Andalucía, debido a  la ya comentada riqueza cultural prehistórica y a un elemento que nos introduce en más profundidad en el tema de este artículo: la continuidad  poblacional y del patrón de asentamiento en nuestra comarca. La importancia del sector primario aún en la actualidad, y la constante roturación del suelo sobre antiguos poblados o asentamientos prehistóricos es un factor fundamental de deterioro. A menudo los restos se hallan revueltos y rotos. Por tanto, la propiedad y el uso del suelo pueden marcarse como una de las dificultades para la conservación del patrimonio. Otro factor fundamental es la dependencia respecto a la Administración, ya sea central o autonómica, en cuanto a permisos, financiación y explotación,

 No podemos olvidar señalar que en la categoría de patrimonio arqueológico de la Prehistoria se incluyen los restos fósiles humanos, animales o vegetales; el material o industria lítica; el material cerámico, textil y de cestería; la joyería e industria del adorno; el material metálico o industria metalífera; y el material arquitectónico y escultórico. Materiales que en manos de profanos pierden todo su valor intrínseco, debido a la falta de datación y explicación en el conjunto de la Historia.

 

El inicio del poblamiento en Andalucía y su problemática

Si el estudio de la Prehistoria siempre es complejo, para el caso de Andalucía se incrementa la dificultad, por los enigmas que van surgiendo y que el arqueólogo debe interpretar. A ello sumamos que Andalucía en su Prehistoria no presenta la unidad geográfica ni cultural que conocemos. El profesor Pellicer Catalán establece tres áreas o círculos culturales en nuestra región (Pellicer, 1992):

-El círculo Oriental, sumamente montañoso

-El círculo Occidental, cuyo eje vertebrador sería el Guadalquivir y las tierras abiertas de su valle

-El círculo de la Costa Meridional, que desde Gibraltar hasta Almería participa de los dos círculos anteriores

Los primeros signos de poblamiento datan del Paleolítico Medio, encontrándose en Andalucía restos de Homo Neardentalensis en distintas comarcas como el campo de Gibraltar, la zona granadina de Guadix-Baza, la fachada Atlántica de Cádiz-Huelva y la cuenca del Guadalquivir. Del sucesor  Homo Sapiens Sapiens hay huellas en la cueva de La Carigüela de Granada, en Almería, y en diversas cuevas de Málaga, estas últimas con restos de pinturas rupestres: Cueva de Nerja, Cueva de la Pileta, Cueva del Gato. A partir del Neolítico las zonas costeras mediterráneas son avanzadillas culturales, terminando la etapa con la Cultura de Almería. El registro Neolítico en Andalucía es particularmente interesante y presenta una problemática abordada en los años  80 (Olaria,1986;Pellicer,1992). Tradicionalmente se consideraba que la aparición del Neolítico iba asociada a un tipo de cerámica concreta, la "cardial o impresa", sirviendo ésta como guía y prueba de la expansión del Neolítico desde Oriente Medio hacia el resto del Mediterráneo. Sin embargo, el análisis de cerámicas no cardiales en el sur de España  ha dado una cronología antiquísima, apareciendo esta manifestación asociada a la tipología socio-económica del neolítico. De los análisis de fauna, flora domesticada y cerámica se puede deducir que en la Península Ibérica existieron unas condiciones objetivas por las cuales las comunidades indígenas autóctonas del Mesolítico evolucionaron progresivamente hacia un estadio cultural neolítico, sin necesidad de ser aculturadas por grupos orientales. Así el origen de las primeras manifestaciones neolíticas en el Mediterráneo Occidental fue prácticamente sincrónico. En este área pueden constatarse en fechas muy tempranas la existencia de dos grupos neolíticos, uno "cardial" y otro "no cardial", con características particulares en cuanto a industria lítica, ósea, pintura parietal, y adaptación territorial (Olaria,1986). Dentro de este contexto el Neolítico Andaluz parece el más arcaico de la Península, si bien la agricultura se desarrolló primero en Levante y los grupos andaluces, de raíz cazadora, tendrían una base económica pastoril con un primer desarrollo de proto-agricultura. Los primeros cereales se encontraron en la Cueva de Los Murciélagos de Zuheros (Córdoba), con una cronología de finales del V Milenio a.C. , mientras que los encontrados en la Cueva de Nerja, pertenecerían al IV Milenio a.C. Estos grupos serían de cerámica "no cardial" el primero, y de "cerámica cardial" -datada en La Carigüela- el segundo; constituyen los dos focos principales del Neolítico Andaluz y "desmarcándose" del gran círculo cardial del mediterráneo occidental [ii] Como cronología del Neolítico, Pellicer propone un inicio hacia el 5500 a.C. y un final hacia el 2800 a.C.

 

En el período Calcolítico sobresale la cultura de Los Millares, también en la provincia de Almería, con un importante y desarrollado conjunto defensivo. Este tipo de conjuntos se encuentran en otras comarcas, destacando uno excepcional en Lebrija, cuya cronología data del Neolítico Medio. Con descubrimientos similares se va desbancando la teoría del difusionismo del calcolítico desde focos orientales, y cobra fuerza una interpretación similar a la del Neolítico: la evolución autóctona desde el Neolítico y Eneolítico, con ciertos contactos exteriores. Así descubrimos que el Calcolítico de Andalucía es con probabilidad el más antiguo de la Península Ibérica. (Pellicer,1986;1992) La vieja cronología de Millares I y II ha sido superada por la señalada como "inicial" de Andalucía Occidental.  Hay que matizar que la presencia o ausencia de cobre no define al Calcolítico Inicial, ya que es un elemento de poca signficación en relación a otros de tipo material o espiritual. No obstante, los primeros ensayos metalúrgicos en el Valle del Guadalquivir y Huelva se remontan a finales del IV milenio; para la Cueva de Nerja la fecha inicial sería el principio del III milenio.

Los dos grandes fenómenos que definen al Calcolítico van a ser:

-la profusión de poblados (andaluces y portugueses) con fortificaciones de murallas y torres circulares de piedra

-la difusión del megalitismo, cuyas tempranas fechas en torno al IV milenio a.C. hacen descartar un origen oriental frente al más plausible inicio atlántico dentro del neolítico.

Para la historia del poblamiento de Andalucía la Edad del Cobre se presenta como un período particularmente interesante. Hemos citado ya la proliferación de asentamientos o poblados, hecho que parece coincidir con un aumento poblacional autóctono sin aportes exteriores de nuevos grupos ni migraciones, especialmente para la zona occidental . En palabras de la doctora Rosario Cruz-Auñón Briones en el III Milenio se asiste "a la más antigua eclosión demográfica de este sector regional, humanizándose una amplia gama de paisajes, incluso algunos de ellos por primera vez."(Cruz-Auñón, 1992). Por el contrario, en un momento inmediatamente anterior -Neolítico- y posterior -Bronce Pleno y Final- se registra una expresión de poblamiento totalmente diferente. Esta peculiaridad no está aún bien explicada, pues debe conectarse a la casuística del momento histórico en que dicho auge poblacional ocurrió. El gran número de yacimientos descubiertos e investigados en Andalucía Occidental pueden sintetizarse en dos tipos genéricos:

-Poblaciones que siguen manteniendo su tradicional medio como las cuevas, hábitats mantenidos [iii] que parecen conservar una tradición neolítica en su base económica, con la opción de añadir la explotación de algún otro recurso (lítico, metalúrgico, agropecuario), participando así de un tipo de realción socio-económica más compleja, más propio del período del cobre.

-Poblaciones de nuevo medio o de fundación "ex novo", con las que el hombre ocupa zonas que estaban prácticamente vacías desde el Paleolítico inferior.[iv] Muchos de ellos se encuentran a escasa distancia entre sí, dando lugar a núcleos poblacionales concentrados y con "aspecto urbano".

Los poblados tienden a la concentración en grandes áreas ubicadas en puntos estratégicos, dominando zonas fértiles, con defensas artificiales, y cuyas conexiones y orígenes egeos se están descartando. Dada la ubicación de estos poblados, generalmente en zonas abiertas a pasos y cañadas, puede darse por seguro el intercambio comercial entre distintas áreas con alguna regularidad, sobre todo por la facilidad de comunicación entre zonas agropecuarias y zonas mineras. Las relaciones con el norte de Africa cobran más verosimilitud, confirmadas por la presencia de "industrias del marfil" , por la abundancia de cuentas de huevo de avestruz y por la difusión, constatada, del campaniforme hispano en yacimientos norteafricanos. Otras características del fenómeno poblador se refieren a la extensión y tipología de las viviendas. Algunos asentamientos pueden alcanzar gran superficie, como el de Valencina de la Concepción que alcanza las 20 Has. Son lugares sin planificación urbana, con viviendas dispersas de planta circular y oval -raramente rectangular o abisal-, entre las que se crean espacios vacíos. Las habitaciones suelen construirse con zócalo de piedra y muros de tapial y adobe, y techumbre cónica sostenida por un eje central. En el interior del poblado se abren silos de estructura ovoide con fondo plano o de tendencia troncocónica. Son tan abundantes en la rica tierra cerealística del Guadalquivir que las primeras excavaciones dieron lugar a hablar de la "Cultura de los Silos" (Carriazo,1974). Suelen aparecer asociados a zanjas y pozos, las cuales han sido interpretadas como drenajes del almacenamiento y como posibles vertederos.[v] Este tipo de hábitat se constata para todo el Guadalquivir, las zonas de Campiña y, sin solución de continuidad, en Portugal hasta el Tajo.

Generalmente se entiende que la fase final del calcolítico la constituye la Cultura del Vaso Campaniforme. Esta sigue planteando una problemática muy controvertida, descartada ya aquella teoría que fijaba en Carmona el origen de este estilo internacional. Hoy día se piensa más bien que el campaniforme continental, muy representado en Carmona y con magníficos ejemplares, adopta técnicas y motivos decorativos que ya existían en el sustrato calcolítico, un milenio y medio antes de la aparición del fenómeno como tal. Nos sirve sin embargo para constatar que a partir de la aparición de esta cultura se difunde y generaliza la metalurgia del cobre por el sur peninsular. Para Andalucía Oriental la estratigrafía del Cerro de la Virgen de Orce muestra clara la evolución del Calcolítico y el Campaniforme. En Andalucía Occidental el ambiente general del final del período es muy arcaizante, interfiriéndose con un bronce inicial no muy claro, pero manteniendo prolongadas perduraciones, como más adelante matizaremos. La zona del Valle del Guadalquivir resulta una región innovadora de culturas y a su vez decididamente conservadora, en la que el calcolítico duró aproximadamente un milenio y medio, implantándose un horizonte cultural epicampaniforme (Pellicer,1986) La ausencia de una cultura floreciente y rica en ese Guadalquivir que conecta con las grandes zonas mineras de Sierra Morenay Río Tinto, la cual que no se manifiesta hasta el Bronce Final, está esperando aún una explicación de los investigadores.

 

La comarca de la Campiña Sevillana y su particularidad poblacional

                 Queremos fijar nuestra atención en una zona no explorada en exceso cuyo interés reside en la abundancia de yacimientos arqueológicos pertenecientes a muy diversas etapas. Se trata de la Campiña Sevillana, comarca en la actualidad dedicada principalmente a la agricultura de secano y regadío combinados, y a la ganadería, situada en las márgenes del Guadalquivir y en torno a los afluentes Genil, Corbones y Guadaira. Topográficamente tiene el interés de poner en comunicación las estribaciones de la serranía subbética con el valle y desembocadura del Guadalquivir. Hoy día los municipios de Carmona, Utrera, Ecija, Alcalá de Guadaira, Marchena y Osuna, destacados en distintas épocas históricas (como sus monumentos romanos, andalusíes, mudéjares, renacentistas y barrocos delatan) concentran la mayor cantidad de población, y sus habitantes se dedican ya a los sectores secundario y terciario. Junto a ellos un conjunto de pueblos menores aún dependen en gran medida del sector primario.

Una mirada a los períodos pre- y protohistóricos sorprende por la persistencia del patrón de asentamiento en la comarca, que parece confirmar cómo el poblamiento del sureste-suroeste de la Península Ibérica, denominado como "argárico", era sustancialmente el mismo desde el Neolítico al Calcolítico, y desde éste al Bronce y al período Orientalizante. Los cambios que se dieron en la población debieron ser por tanto los de tipo socio-económicos y socio-políticos, concretados en el proceso de jerarquización social y de aparición de caudillajes locales.

                Los primeros restos constatados datan del período Calcolítico. En torno al IV milenio a.C la zona se muestra como un lugar idóneo para las actividades agrícolas y ganaderas, bien comunicado y con cauces de agua abundantes. Por ello se encuentran restos de numerosos asentamientos pequeños y de enterramientos. La Carta Arqueológica de la zona constata una veintena de ocupaciones con distancias de entre 3 y 4 kms entre ellos. Puede reconocerse un esquema de ocupación que responde a la preferencia por los puntos con visibilidad, de gran valor estratégico-defensivo, próximos a cruces de cañadas y junto a manantiales o cursos de agua, al menos en los poblados más amplios y estables. Los restos materiales asociados a estos poblados son trozos de cerámica y láminas de sección triangular, así como lascas, puntas de flecha de base cóncava, hazuelas trapezoidales pulimentadas, algunas cuentas de collar, molinos de piedra, y un alto número de útiles pulimentados. El yacimiento de Cerro del Pescozal se encuentra casi totalmente destruido debido a las labores agrícuolas. Se trataría de un asentamiento de pequeñas dimensiones, probablemente relacionado con otros de su época como El Casar o El Amarguillo II. Su ubicación debe deberse a la proximidad de la vía de comunicación a cuyo lado se sitúa (en el km 6 de la actual carretera de El Coronil-Utrera).

En este mismo período encontramos, en torno al IV milenio, el conjunto megalítico de Los Molares. Se trata de una necrópolis compuesta de hasta seis tumbas dolménicas de tipo "corredor acodado", hoy día desaparecidas por la acción del furtivismo, la construcción y las labores agrícolas. El primer dolmen descubierto (Dolmen de la Cañada Real) fue estudiado por el profesor D. Juan de Mata Carriazo en 1967 y sus conclusiones definitivas fueron publicadas en 1974. Más recientemente el de El Palomar fue excavado de urgencia por el Museo Arqueológico de Sevilla y por D. Manuel Mª Ruiz Delgado en 1980; actualmente está siendo estudiado por el equipo de Dª Rosario Cabrero García dentro de un proyecto sobre el proceso cultural de las sociedades agrarias de la campiña sevillana entre el IV y II milenio a.C.[vi]

                Las estructuras de este conjunto presentan la particularidad de tener planta en forma de "L", relacionadas con algunos ejemplares de la Sierra Norte sevillana y la Cuenca onubense, y también con otros atlánticos, concretamente armoricanos de la primera mitad del tercer milenio. Estas estructuras en "L" se encuentran en conexión con la expansión de las pequeñas galerías cubiertas que proliferan en las sierras de Andalucía Occidental y que ocasionalmente, como en este caso, invaden la llanura. En ellos se hallaron restos de huesos humanos, cuentas de collar, hazuelas trapezoidales pulimentadas, y restos de almagra, indicativos de rituales en torno a la muerte. La necrópolis parece estar relacionada con los poblados cercanos de Amarguillo y El Casar, aunque los investigadores apuntan la posibilidad de la existencia de un yacimiento bajo el actual municipio de Los Molares. Esta manifestación de una realidad socio-cultural nueva entra en relación con dos fenómenos de suma importancia histórica:

-el proceso de jerarquización y diferenciación social que conocieron las sociedades tribales junto a la progresiva espiritualidad que acompañaba a la muerte, constatables en la difusión del megalitismo por todo el territorio habitado a nivel mundial

-la temprana expansión del megalitismo tanto en la Campiña como en otras áreas dolménicas de Andalucía, como el Aljarafe, la Sierra Norte de Sevilla, el Condado y la Cuenca Minera onubense, la costa y sierra malagueñas.

De gran importanicia es el poblado de Amarguillo II, valorado como uno de los más relevantes de la zona. Fue descubierto en 1986 y excavado por Manuel Mª Ruiz Delgado. Se sitúa en las proximidades de un cortijo del mismo nombre, en el camino que en dirección noreste se dirige desde Los Molares a El Arahal. El yacimiento se extiende por una zona llana, ligeramente inclinada hacia el oeste. La situación de este poblado se debe a razones económicas, y no parece que tuviera la importancia estratégica de otros yacimientos de la zona como Las Aguzaderas, El Casar o El Molino Pintado. En principio resulta extraño que florezca un poblado de tanta amplitud en un lugar poco adecuado para ello, si bien parece deberse a la necesidad de contar con un área fértil para abastecer de alimento a toda su población, y sobre todo, a la proximidad del manantial de "Fuente de la Reina", utilizado tanto por el asentamiento como por el ganado. Es probable que el paso de los ganados por el manantial crease un punto de confluencia e intercambio, primitivo mercado de excedentes agrícolas; desde este punto de vista, el poblado de Amarguillo II controlaría el paso de la ganadería por una de las cañadas más importantes de toda la zona, que iría desde Utrera a Morón de la Frontera, uniendo el Valle del Guadalquivir con las primeras estribaciones de la serranía subbética, rica en pastos. Por otra parte y tratándose de un hábitat de importancia, destaca que en superficie no se han encontrado restos de construcciones ni de edificios defensivos. El punto mejor situado en los alrededores es el actual pueblo de Los Molares, del que se sospecha que debía estar poblado.[vii]

El hallazgo en este asentamiento de restos óseos en 1986 y los nuevos análisis realizados en 1993 a los mismos permiten poner en conexión dos yacimientos importantes: el poblado de Amarguillo II y el Conjunto Dolménico de Los Molares. La prueba del 14C brindó una cronología de entre 3810-3630 a.C. para los restos óseos de los dólmenes. Algunas pruebas realizadas con moderna teconología han revelado microtraumatismos y lesiones óseas relacionadas con sobrecarga muscular, lo cual indicaría las duras condiciones de vida. En cuanto a los restos óseos de Amarguillo II, en 1986 fueron analizados y parecían pertenecer a un sólo individuo. Sin embargo, los análisis realizados de nuevo con técnicas más avanzadas han descubierto que se trata de huesos pertenecientes al menos a cuatro individuos, uno de ellos adulto joven femenino. Esta novedad parece muy importante, pues se trataría de un enterramiento de inhumación de transición entre el antiguo enterramiento colectivo en dólmenes hacia el individual, pero acompañado aún de sus ancestros. Dicho enterramiento se correspondería con una primera sociedad metalúrgica, con uso y explotación del cobre y el oro, perteneciente a un pueblo precampaniforme en su base. La datación por 14C oscila entre 2770 y 2460 a.C., y corroborando esta hipótesis, una escoria de bronce del yacimiento analizada en Oxford University da una fecha muy próxima, entre 2870-2409 a.C. El análisis de la fauna y de la dieta parece revelar una alimentacón rica en carne y cereales pero pobre en frutos. Esta reinterpretación de los restos arqueológicos confirmaría el cambio que se está operando en la zona de la Campiña : la transformación de una organización tribal a una sociedad jerárquica, con las consiguientes desigualdades sociales que ello trae consigo

                Para finalizar esta síntesis del Calcolítico en la Campiña queda apuntar que las comarcas contiguas de Los Alcores y La Vega del río Corbones presentan registros poblacionales similares, con una decadencia desde el Paleolítico Inferior y un nuevo poblamiento en el Calcolítico.Éstas quedan comunicadas a través de la Campiña con el "Pie de Sierra Subbético", zona con posibilidades óptimas de utilización por ser límite natural entre la sierra y la campiña y por brindar pasos a través de depresiones que conectan con el sudeste. Los poblamientos de sierra explotarían recursos líticos y las zonas más abiertas presentan habitaciones que explotarían los recursos agropecuarios, de un modo similar a los de la Vega, los Alcores y la Campiña.

 

La problemática del poblamiento en el Bronce Final

La fase final de la Edad del Bronce se caracteriza por la disminución de la importancia de los asentamientos de la Andalucía Oriental y la aparición de nuevos hábitats en la parte occidental de la región. La actividad económica desarrollada entre los pueblos de la fachada atlántica de Europa, desde el golfo de Cádiz hasta el Báltico, impulsó la creación de nuevos núcleos de población en torno al Suroeste andaluz. Se han encontrado numerosos objetos de bronce en enterramientos o escondrijos en la cercanía de la costa, que han hecho pensar en las relaciones que se emprendieron por mar con otros pueblos cuyos restos presentan similares características. La existencia de una población creciente en la zona occidental de Andalucía, con una avanzada organización urbana, así como con una actividad económica y comercial basada en la riqueza agrícola, ganadera  y minera, daría lugar a la aparición de una sociedad refinada y altamente desarrollada. 

Para el Bajo Guadalquivir el prehistoriador Antonio Tejera Gaspar planteó una hipótesis sobre su poblamiento (Tejera ,1978). La aparición de nuevos núcleos en el Valle se relacionaría con la fertilidad y riqueza del suelo , si bien serían los grupos herederos de los poblados del Eneolítico quienes decidieron bajar de las cornisas y mesetas altas del río, por ejemplo de las comarcas sevillanas del Aljarafe y de Los Alcores . El desplazamiento podría explicarse por la actividad económica, y  por tratarse de un período en principio menos convulsionado y sin aportes poblacionales externos (por el contrario, en las culturas del sureste andaluz, por ejemplo en El Argar, existieron grandes cambios de costumbres debido a la llegada de nuevos pobladores procedentes de Europa y/o de oriente).  Los grupos del Valle del Guadalquivir parecen ser de mayor dinamismo cultural que los de Los Alcores, y si seguimos el curso de los túmulos excavados en la zona, puede interpretarse que se trata de pueblos ganaderos que bajaron por la ruta que une Sierra Morena y El Valle a través de Los Alcores. Precisamente estos túmulos ofrecen una posibilidad interpretativa al fenómeno poblacional del bronce, confirmando el ya citado "arcaísmo cultural del bronce"  En los túmulos de Entremalos y algunos de la Mesa de Gandul, en la Vega del Corbones, coexisten enterramientos de inhumación y de incineración, depositados en distintas fases, e incluso, como en Entremalos, el mismo túmulo se ha formado por acumulación de depósitos. El más importante quizás sea el Túmulo de Setefilla, en Lora del Río, y en la misma Vega. En su reexcavación se descubrió una tumba de cámara rectangular y corredor, de mampostería, cubierto por una superestructura de tumbas; al cortar el túmulo se descubrió un conjunto de enterramientos de incineración en urna acumulados desde el suelo, constituyendo un verdadero enterramiento colectivo de incineración, llegando a formar túmulos de hasta 7 mts de altura. El conjunto fue fechado entre los siglos VII y VI a.C., cronología muy reciente, sobre todo si la comparamos con los sepulcros colectivos que ya conocemos de Los Molares. Una explicación posible sería la pervivencia de la tradición del enterramiento colectivo, realizado en el mismo lugar desde el eneolítico, por gentes que conservan lo que conocen pero van incorporando el nuevo ritual de incineración. También en relación a esta pervivencia podemos recordar la cronología de los conjuntos dolménicos de Valencina de la Concepción (Tejera, 1978;Ruiz Moreno,1995), el gran poblado calcolítico que tuvo conexiones con las comarcas mineras onubenses, con el Andévalo, con el Condado y que ejerció un papel de enlace comercial con el Guadalquivir. La necrópolis abarca hasta el término municipal de Castilleja de Guzmán, y en ella se encuentran 8 túmulos tipo "tholoi", 13 de menor tamaño y hasta 20 más en zonas colindantes. El dolmen de La Pastora se fecha entre 1800 y 1600 d.C., y presentaba ajuar de influencia oriental. Estas características junto a la inexistencia de un poblado de cronolgía posterior parecen apuntar a la pervivencia durante el bronce sin cambio cultural aparente (Ruiz Moreno,1995)

En la zona de la Campiña sevillana que estudiamos no hay restos del Bronce Final de importancia, siendo en general escasos los yacimientos, por lo que podría hablarse de una cierta decadencia poblacional en el área. Este descenso puede deberse a la ubicación de la comarca y sus anteriores relaciones con los poblados ganaderos y mineros de Andalucía Oriental. Sí volvemos a encontrar restos pertenecientes a este período en los yacimientos de Las Aguzaderas, El Casar,  El Coronil, El Jardal y La Frenadilla III.

 

                El Bronce Final continúa siendo un período peculiar y diferenciado en cuanto al cambio y la continuidad poblacional, social y cultural. Historiadores como M.Almagro, Basch, W. Schüle y O.Arteaga han investigado sobre la evolución de las culturas del Valle del Guadalquivir desde el Eneolítico. Si seguimos sus planteamientos, junto a los de Tejera Gaspar, parece existir una evolución continuada de las culturas de este área, de fuerte y marcado carácter indígena, desde el Eneolítico, Calcolítico, Bronce Medio, Bronce Final Inicial y Bronce Final, (si bien este último período presenta la complejidad de la aculturación) para los yacimientos de Lebrija, Mesas de Asta  (Hasta Regia), Colina de Los Quemados (Córdoba), llegando incluso al Cerro del Real, Cerro de la Virgen y hasta Saladones de Orihuela en Alicante. Parece pertenecer todo ello a un "hinterland tartésico" , con lento desarrollo tipológico en cerámica, arquitectura, urbanismo, que conformaría el sustrato básico del Bronce Final sobre el que va a aflorar, con aportes orientales, la Cultura Tartésica (Tejera,1978). Algunos yacimientos de Cástulo, pertenecientes al Bronce Final confirmarían las relaciones a través del Guadalquivir, y de éste hacia las Hoyas de Baza, de los yacimientos mencionados, formando así una ruta minera a través de los cauces fluviales.

 

                Podemos resaltar tres rasgos del proceso de evolución cultural de este período anterior al "Orientalizante" propiamente dicho en el Valle del Guadalquivir:

-la evolución ininterrumpida de antiguas raíces eneolíticas y el fuerte tradicionalismo de las mismas

-la unión con elementos orientales y europeos en una fase posterior, confirmados por los hallazgos de la Ría de Huelva o por las estelas decoradas del suroeste, en las que se aprecia la simbiosis.

-la fuerza del mundo indígena que mantuvo su impronta y riqueza cultural a pesar de la aculturación.

 

                En el contexto del Bronce Tardío se han encontrado piezas de orfebrería parecidas a las del Mediterráneo central y oriental. La comparación de estas muestran han llevado a plantear la hipótesis (Rui-Gálvez ,1992) de una precolonización de la Península Ibérica por comerciantes micénicos y sardos anterior a la penetración fenicia, en torno a 1300 a.C.

                El crecimiento de los centros de Andalucía occidental, ligados al desarrollo de la actividad agropecuaria y finalmente minera (extracción de hierro, plomo, cobre, plata y oro), se relaciona con el desarrollo de Tartesos. Los contactos de esta civilización con los enclaves comerciales fenicios y griegos, aunque parecen basarse en diversos mitos y leyendas (mencionemos por ejemplo a Habis y Gerión, relacionados con la agricultura y la ganadería respectivamente) y en fuentes antiguas fiables pero poco claras al respecto, parecen confirmarse por el marcado carácter orientalizante de su cultura material: joyas, armas, escritura (sin descifrar), cerámica, dioses. Sí parece claro que el mayor auge de extracción minera coincide con un impulso del comercio con estas colonias, de modo que Tartessos se desarrollaría a remolque de la demanda exterior, en lugar de ser el hasta ahora considerado "brillo y esplendor" de esta cultura el atractivo que fenicios y griegos encontraron en la Baja Andalucía. Las necesidades de mineral para abastecer a fenicios y griegos obligaron a una extracción mejor organizada, y por tanto, dieron lugar al nacimiento de una incipiente y efímera unidad política, basada en el caudillaje y posteriormente en una jefatura de tipo monárquico, necesaria para una actividad minera constante y productiva. Los focos de poblamiento de esta cultura se extendían por el bajo Guadalquivir, principalmente en el triángulo de las actuales Sevilla-Huelva-Cádiz y su auge y esplendor corrieron entre los siglos IX y VI a. C.

                En este sentido, el Guadalquivir serviría de vía de comunicación entre las comarcas mineras de Córdoba, la Sierra de Huelva y la zona de Aznalcóllar. Asimismo el río se usaría como vía para el comercio por los orientales, hecho que explicaría la ubicación del poblado tartésico de El Carambolo como salida natural desde la Sierra de Huelva y punto de control en la comercialización del metal.[viii] (Tejera,1978)

                Durante esta etapa tartésica la zona de la Campiña parece mantener un poblamiento discreto, cuyos restos muestran la influencia oriental típica del período, si bien se trata de objetos de escaso valor. Más significativo es el cambio operado en la estructura socio-política, pues parece lógico que el caudillaje local habría sido sometido, de un modo más o menos intenso, a la autoridad tartésica. Con la decadencia de Tartessos la comarca mantiene su poblamiento en pequeños núcleos urbanos-agrícolas, incrementados ahora en número y dispersión. Entre los siglos VI y III a. C. podemos hablar de un poblamiento de tipo ibero cuyas cabeceras serían los centros de CARMO (Carmona), URSO (Osuna), ASTIGI (Écija) y ASTAPA (Estepa). Más alejado pero no incomunicado, pues el curso y valle del Guadalquivir sería la vía natural de contacto, se encuentra el yacimiento de HASTA REGIA (Jerez de la Frontera). El crecimiento de estos lugares entra en relación con dos procesos:

-la expansión de la cultura ibérica en todo el litoral mediterráneo y sur-occidental de la Península, cuyas manifestaciones en Andalucía son las culturas de Turdetanos, Oretanos y Bastetanos fundamentalmente

-los contactos, esta vez más intensos, con las colonias costeras de fenicios, griegos y cartagineses; la pérdida de importancia de los centros tartésicos, en los alrededores de la desembocadura del Guadalquivir, ponen en comunicación directa a la Campiña con la costa mediterránea de la actual provincia de Málaga a través de la cañada natural que discurre entre el valle del Guadalquivir y la Sierra Subbética, aproximadamente por la actual carretera Sevilla-Ronda-Costa del Sol.

 

Este auge explica que encontremos esculturas antropomorfas de influencia oriental en la Campiña sevillana, con paralelos en las culturas ibéricas de la provincia de Jaén (Cástulo) o de Granada (Comarca de Guadix-Baza), algunos de cuyos ejemplares más notables pertenecen a Carmona, Morón y Los Molares (yacimiento de El Casar). Estas esculturas de leones, toros y ciervos pertenecerían con probabilidad a monumentos funerarios, nueva muestra de la adopción de patrones religiosos y rituales en torno a la muerte de tipo oriental-mediterráneo.

                En cuanto a las bases socio-económicas de esta expansión, última antes de la conquista de la región por Roma, seguían siendo la agricultura y ganadería excedentetaria, con productos de la llamada "trilogía meditarránea", en particular trigo y olivo. La explotación de la tierra en cultivos de secano se realizaría a través de los primeros "latifundios", usando el término con la cautela necesaria, propiedad de los primeros "grandes jerarcas" de la zona, probablemente jefes locales de los pequeños asentamientos con necrópolis cercanas.

 

                Para terminar, y como conclusión, con este somero repaso a la prehistoria sólo pretendemos destacar la continuidad temporal y espacial del poblamiento de la Baja Andalucía, y la temprana especialización de la comarca en la actividad agrícola-ganadera con cultivos de secano que conformarían la primera jerarquización social basada en la propiedad de la tierra. Con los sucesivos asentamientos posteriores el patrón de poblamiento articulado en torno a "tierra-propietario-asentamiento de trabajadores" se confirma y consolida -aunque con intervalos de decadencia poblacional consignados en la cartografía histórica como "despoblados"- resultando característico de la comarca las grandes extensiones labradas y los núcleos de población dispersos pero abundantes, como centros de la actividad económica y política.

 

Epílogo: respeto al patrimonio y prosperidad futura .

Cada uno de los conjuntos megalíticos o zonas dolménicas de Andalucía Occidental presenta una problemática particular, aunque casi todos coinciden en un estado de abandono, saqueo y expolio que imposibilita la investigación, la cual recurre a menudo a las fuentes orales para conocer la ubicación, la extensión y el número de los dólmenes. La destrucción se debe también a las labores de fondeo agrícola, actividad que por otra parte corrobora nuestro planteamiento del problema de la pervivencia del patrón de asentamiento en la Baja Andalucía. En palabras de Rosario Cabrero el hecho de la destrucción de monumentos megalíticos "es una prueba evidente de la facilidad e impunidad con que se destruye el patrimonio andaluz, patrimonio al fin y a la postre de la Humanidad: único e insustituíble, y enormemente valioso para conocer nuestro pasado" (Cabrero,1993). Precisamente, el conocer por fuentes orales la existencia de "un dolmen" en el lugar de trabajo, y el ver la cantidad de fragmentos de material lítico que atesoran los vecinos, me llevó a interesarme por la prehistoria de la Campiña, y de ésta pasé a informarme sobre cómo Los Molares tuvo un pasado rico y próspero.

El conjunto dolménico de Los Gabrieles, excavado también por la autora citada a finales de los 70, presentaba el mismo estado de deterioro, con el agravante de haberse cortado literalmente los ortostratos del Dolmen Nº 1 al construir un camino vecinal que lleva al centro del complejo. Se trata de un conjunto de seis monumentos megalíticos en un área aproximada de 1km2  . Se localiza en Valverde del Camino (Huelva), al sureste en el km 2 de la Carretea Valverde-La Palma del Condado. Se accede a él por el citado camino vecinal. Todos los dólmenes son del tipo de "galería cubierta", construidos con losas de pizarra y sistema adintelado; algunos están calzados con piedras de tamaño mediano. Se orientan al este, y presentan suelo natural sin pavimentar. Son de factura eneolítica, pero parecen haber estado en uso durante mucho tiempo, al menos durante el calcolítico como muestran la  industria de microlitos, hachas y hazuelas, algunos de los cuales son muy arcaicos, y las piezas de cobre puro. Conviven además con los enterramientos en cistas. En dicho lugar el Dolmen Nº 5 estaba tan destruído que ni siquiera se pudo dibujar su planta después de limpiar la zona y los fragmentos de losas y ortostratos que quedaban; el Dolmen Nº 4 parece haberse salvado del saqueo por tener dos grandes losas de la cubierta caídas sobre la cámara y una encina que ocupaba la mitad de la cámara y parte del corredor. Afortunadamente es éste el dolmen de mayor complejidad constructiva y tipológica y en él se encontraba la "pila", pieza clave de este yacimiento en relación a la evolución de la espiritualidad y los rituales funerarios. Sin embargo, y según la autora de las excavaciones, "poco puede deducirse de este complejo dolménico dado su estado de saqueo"(Cabrero,1978). Triste ejemplo de cómo puede quedar inconexo para los historiadores el numeroso material extraído de los conjuntos arqueológicos, en este caso el abundante material lítico (microlitos, hachas y hazuelas), cerámico, de joyería, útiles como molinos de mano, ídolos de placa y la mencionada "pila". Todo ello repercute evidentemente en la interpretación, ya sea reconstructiva o crítica, de nuestro pasado. Sin esta labor la pieza queda sin significado y por lo tanto sin valor.

Gran parte del material arqueológico procedente de la Campiña Sevillana se encuentra en el Museo Arqueológico Provincial de Sevilla, formando parte de la Colección Lara Hueso. Por desgracia, otra importante cantidad de restos líticos y dolménicos han sido expoliados por  los vecinos de la zona, con la dejadez de las autoridades al respecto. El caso más significativo quizás sea el del Dolmen de Cañada Real, de Los Molares, sobre el que se permitió la construcción de una vivienda familiar, después de un estudio de urgencia de la Universidad de Sevilla, y el cual, irónicamente, da nombre a la calle en que apareció. En este caso y en nuestra opinión, la labor que las autoridades municipales pudieron hacer para su conservación y no hicieron es evidente, mucho más tratándose de un municipio no expuesto a la especulación inmobiliaria. Por contraste, en las grandes ciudades los criterios entre conservación vs. ocultación y/o destrucción se ven condicionados por factores ajenos a la historia, tales como los favores políticos y el amiguismo, los intereses inmobiliarios y de usos del suelo, la polémica vecinal y la oportunidad de captar votos. Estas realidades evidencian la marcada dependencia que los historiadores podemos llegar a tener de las autoridades y la administración, con el consiguiente perjuicio para la sociedad en su conjunto. Realidad que parece imparable, pues actualmente asistimos a la destrucción de uno de los trazados urbanos medievales más antiguos y auténticos de la Comunidad Andaluza y declarado Patrimonio de la Humanidad: la reurbanización del barrio de San Luis de Sevilla, tras serios estudios tipológicos e históricos financiados, gran paradoja, por el mismo ayuntamiento que lo está modificando. La naturaleza es capaz de conservar un patrimonio arqueológico durante cuatro mil años; el hombre los destruye en menos de uno por intereses no siempre lícitos ni deseables. Destruir aleatoriamente el legado del pasado no contribuye a la modernidad ni a crear un futuro mejor.

Otro enfoque que puede mencionarse para la conservación del patrimonio es la "utilidad" que como recurso dinamizador de la economía local puede darse a los conjuntos dolménicos. En el caso que mejor conocemos, el de Los Molares, sin duda alguna hubiera sido un incentivo que hubiera reportado beneficios al municipio de haberse conservado. Otra muestra patrimonial de este pueblo es el Castillo del siglo XVI donde se ha ubicado un restaurante, único modo de visita que puede realizarse en esta interesante construcción por no estar el resto habilitado. Una empresa que salva el Castillo de su completa división para viviendas, o de restauraciones realizadas sin criterio histórico ni estético. Un ejemplo de aprovechamiento del patrimonio como valor económico puede ser la vecina ciudad de Utrera, donde se inaugura en julio de 2002 un Museo Arqueológico Municipal ubicado en el conjunto defensivo de la ciudad, y que reunirá importantes piezas donadas por particulares y adquiridas por el ayuntamiento, sumando así un atractivo más al conocido municipio.

                Por último, queda resaltar el papel que como "educadores en la historia" podemos realizar desde nuestra profesión, pues sin duda un mejor planteamiento del futuro comienza por una buena educación en los valores del patrimonio. Una correcta valoración del patrimonio conlleva no sólo los beneficios económicos expuestos, también aspectos claramente positivos en la formación de los habitantes de la población que verán adecuadamente enfocadas las expectativas de su población joven con el poder de transformación social.que implica el aumento del nivel cultural. Toda sociedad que se respeta a sí misma lleva detrás un reconocimiento de su pasado.

 

 



 

NOTAS

 

[i] Véanse por ejemplo: Anuario Arqueológico de Andalucía, Revista de Arqueología, Trabajos de Prehistoria, Cuadernos de Prehistoria y Arqueología, SPAL, Tabona, Zehyrus, etc.

 

[ii] Esta teoría de un foco neolítico más arcaico e independiente está respaldada por varios fenómenos: la secuencia de la industris lítica de características locales; la presencia de vasos de arcilla sin cocer con improntas de cestería fechados por C14 en el VII a.C. en la Cueva de Nerja; la posibilidad de la existencia de cerdos domésticos epipaleolíticos avanzados de esa misma cueva; la profusión y calidad de las primeras cerámicas de las cuevas excavadas, pertenecientes al tipo denominado "a la almagra"; y por las altas cronologías dentro del VI a.C.de las Cuevas de Nerja (Málaga), de la Dehesilla (Cádiz) y de Santiago Chica (Sevilla)

 

[iii] Ejemplos son la Cueva de la Mora en Jabugo (Huelva), la Cueva Grande y Cueva Chica de Santiago en Cazalla de la Sierra (Sevilla), y las cuevas de la Sierra de Cádiz, especialmente las de los términos de Grazalema y de Benaocaz.

 

[iv] Es el caso de las poblaciones establecidas en las comarcas de El Andévalo y El Condado en la provincia de Huelva; la Cornisa del Aljarafe, Los Alcores, la Vega del río Corbones y La Campiña en la provincia de Sevilla; la Campiña de la provincia de Cádiz; y el Pie de Sierra Subbético que abarca las provincias sevillana y gaditana. Para más detalle sobre la tipología de los poblados de cada comarca y sus relaciones véase el interesante artículo de síntesis de Rosario Cruz-Auñón citado en la bibliografía.

 

[v] En la campiña gaditana el interesante poblado del Cerro de la Viña (Puerto de Sta.María) posee gran cantidad de silos, algunos de ellos con enterramientos.Parece distinguirse una zona habitada en la parte baja del cerro y una zona de almacenamiento en la parte alta. Los silos aparecen agrupados en núcleos de 3 a 6 estructuras, separados entre 20 y 40 mts. cada conjunto. De ello se infiere una estructura socioeconómica con propiedad privada fundamentada en la familia nuclear. Véase: RUIZ FERNÁNDEZ, :"Informe de las excavaciones de urgencia.Pago de Cantarranas-La Viña-El Puerto de Sta.María" en Anuario Arqueológico de Andalucía.1986.III. págs. 95-100)

 

[vi] Proyecto en curso dentro del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla coordinado por la Dra. Dña. Rosario Cabrero García titulado "Amarguillo II (Los Molares). Análisis del proceso cultural operado en las sociedades agrarias de la campiña sevillana entre el IV yII milenios a.C."

 

[vii] En los alrededores de Los Molares se encuentran otros yacimientos de interés, especialmente el de el cerro de El Casar. Este ocupa la zona más elevada de la comarca, junto a los de El Jardal, El Molino Pintado, y el Pilar. Desde ellos se divisan los Alcores, Carmona, Alcalá de Guadaira, Torres Alocaz, por lo que debían tener función estratégica y de control de los recursos de la zona. En el Cerro El Casar se encuentran hasta cuatro pozos, razón que se suma a las anteriores como atractivo para asentar poblaciones. Véase el capítulo III.2:"Estudio de los yacimientos.A. Eneolítico" de la Carta Arqueológica de la Campiña de Sevilla. Zona sureste I, por Dr.D. Manuel Mª Ruiz Delgado.

 

[viii] Hay que recordar que en esta época el Guadalquivir desembocaba a la altura de Coria del Río formando un gran golfo marino.

 

 

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