HISTORIA
EL ARTE DE LA HISTORIA
Mercedes Villar Liñán
"Si algo tenemos en común con la Antigüedad, es la perspectiva de no ser. Esto, por sí solo, puede dar origen al estudio de la Historia, como quizá lo hizo, porque de lo que trata la Historia es de la ausencia, y la ausencia siempre es reconocible, mucho más que la presencia"
Joseph Brodsky
HISTORIA realizada, HISTORIA difundida.
"Historia", concepto escurridizo, problemático, abordado por múltiples sociedades desde la Antigüedad, aún carente de definición única y exclusiva. )Podemos elaborar una unidad de significado/significante que reúna toda la variedad de las sociedades, sus tiempos, sus espacios?. A lo largo del tiempo, noción no exclusiva de la historia, las sociedades simples y complejas han construido su propia "historia" -en el múltiple sentido de realizaciones en el tiempo, narración o difusión de realizaciones, y pensamiento acerca de la trascendencia de las realizaciones. Es este último significado el más puro y diferencial de cada sociedad, es decir, la noción que sobre la relación grupo de convivencia-tiempo-espacio inspira la creación de una "historia concepto" a la medida de cada sociedad.
La diferencia entre historia realizada e historia difundida tiene un intermediario: la historia concepto de cada sociedad. Ésta será la aspiración de cada grupo, la inspiración de modelos a seguir o intentar, la razón de la conservación y la pervivencia, la justificación de las conductas, y más, tantas "creaciones" como sociedades haya.
Nos encontramos así con multitud de sentidos de qué pueda ser la historia. Quizás el más importante, por dar sentido a los otros dos, sea el de la creación. Surgida desde la misma historia, su encarnación, es el acto creativo de quien escribe y difunde aquello que trasciende la pura facticidad, la inmediates, la mortalidad del acontecer. Encontramos que entre lo ocurrido y lo perpetuado existe lo que creímos que ocurría o se perpetuaba. Los hechos narrados carecen de importancia si los despojamos de la tarea que los elevó a la trascendencia temporal. Los hechos se ven transformados una vez ocurridos, en su tiempo, en su espacio, por la labor interpretativa. Ahora bien, )a quien corresponde tal interpretación, modificación de lo ocurrido? Y también, )es legítimo transformar lo pasado, lo acontecido?
La labor interpretativa no significa subjetividad. Confundir ambos términos lleva a considerar la narración histórica como una frivolidad, un atrevimiento por parte del narrador, o en el extremo opuesto, como una sucesión inconexa de pequeños aconteceres al margen de concepciones globales acerca de la naturaleza del tiempo. Interpretar es pagar una deuda a la sociedad: reconocer el sentido que cada actuación puede tener para la comunidad que los produce. Es un acto más social que individual, en dos sentidos, pues las nociones particulares acerca de la realidad-trasrealidad son imposiciones de la actualidad histórica y social en que se dan (aunque con un carácter móvil), y como intentos de explicación para la comunidad. Cada cultura, cada sociedad, exige un tipo de explicación de su trayectoria, sus hechos y deshechos, explicaciones que pueden no ser válidas para todas las comunidades del momento, y sobre todo, para todos los momentos de las comunidades. Plantear si es legítimo o no transformar los hechos, puede quedar contestado afinando el concepto de transformación por el de explicación. Son las necesidades explicativas de cada sociedad- justificativas muchas veces- las responsables de la vigencia o trascendencia de algunos hechos. Ahora bien, tales explicaciones tienen la virtud-inconveniencia de la duración en el tiempo; podemos hablar de un contra-tiempo en estas elaboraciones: llegan a modificar nuestros comportamientos, constituyen parte de la conciencia colectiva de los pueblos que los hace actuar bajo conceptos concretos, a veces convenientes, a veces inconvenientes. Así el paso del tiempo incorporado a la memoria de las sociedades -a veces de manera tipificada- puede transformar y transforma el mismo paso del tiempo. El tiempo no queda estático en las obras de historia: tiene una proyección, un futuro a determinar o realizar por las generaciones postreras. No se reduce a linealidad, a final; como él mismo, posee un pasado, un presente y un futuro. Contra-tiempo, interminable. Es por ello que se puede hablar de una unidad mediterránea, o de un espacio cultural norte-africano, una identidad hispano-americana -hispanidad entendida como tradición originada en la Hispania romana-, ejemplos cercanos a nuestra cultura. Joseph Brodsky, en su artículo "Perfil de Clío", sintetiza esta labor de proyecto de la historia y de los estudiosos de la misma situando al historiador entre dos vacíos: "el del pasado sobre el que medita y el del futuro en cuyo beneficio ostensiblemente lo hace". La realidad de la Historia y su reconstrucción creativa entran en el terreno de la metafísica.
Volvamos a plantear a quién corresponde la responsabilidad de elaborar -selección, interpretación, narración, difusión- el "relleno" del concepto de la historia, o mejor dicho, dar a ese concepto visibilidad mediante la confección de obras de historia. Antes, señalar que como proceso creativo , las obras de historia se presentan de modo múltiple, no necesariamente al estilo de tradición europea: el poema épico, el drama y la tragedia, la novela, el mito y la leyenda, compiten con nuestra historia por la veracidad de lo narrado: aún no podemos decir que alguna haya ganado definitivamente el concurso.
La variedad de los modelos de narraciones históricas nos da una pista de quién se encarga de transformar la realidad, trascenderla y darle un sentido válido: a todos podemos llamarlos historiadores, sea cual sea el tipo de historia que haga, de acuerdo a "su verdad", a la "verdad" de su comunidad. Sobre la labor del historiador, Octavio Paz, en el prefacio a la obra de J.Lafaye Quetzalcóatl y Guadalupe, titulado "Entre orfandad y legitimidad", tras definir la afinidad existente entre la labor clarificadora de las conexiones invisibles de la realidad realizada por los poetas, los científicos y los historiadores, plantea una cuestión importante, una cuestión de límites y de conciencia:
"Poetas, científicos e historiadores nos muestran el otro lado de las cosas, la faz escondida del lenguaje, la naturaleza o el pasado. Pero los resultados son distintos: el poeta produce metáforas; el científico leyes naturales; y el historiador -)qué produce el historiador?"
Las corrientes historiográficas contemporáneas se han ocupado de esta misma pregunta, un intento por definir la tarea que a cada cual compete: emanación de una sociedad tecnificada hasta en los aspectos más íntimos de la persona, una sociedad que necesita encontrar la utilidad, la necesidad de cada tarea que emprende, diferencia fundamental con la sociedad regida por el mito o por la elaboración religiosa del mito.
Octavio Paz, en abogacía por la historia-creación, respuesta a los problemas de identidad cultural y trascendencia de los mismos (el no-ser de Brodsky), sitúa al historiador entre el poeta, interesado en los casos excepcionales e irrepetibles, y el científico, quien intenta reducir series de fenómenos -naturales unos, sociales los del otro- a leyes mensurables en todo tiempo y espacio. La búsqueda de la coherencia acercan al científico y al historiador. Toda historia es verdadera, aspira a la universalidad, a descubrir el orden natural-social. Pero a diferencia de la ciencia, la historia no descubre, redescubre la armonía o la disonancia; recrea, como la poesía, los hechos únicos que ya no son, y los expresa mediante la fábula y la metáfora, pero se separa de la labor poética al reconstruir, sin inventar. Definimos la historia como negación, por oposición a sus contrarios. En la "reconstrucción de la verdad", la historia metamorfosea la realidad con sus explicaciones, su terminología, sus métodos de análisis....Metáforas creadas por los historiadores para hacer comprensible la realidad a todos. Los por qué construyen con su insistencia la realidad histórica ocurrida y narrada.
Movilidad de la Historia
He aquí la construcción de la "historia". Historia concepto, emanado de lo que cada sociedad sea. Es decir, podemos reconocer la creación histórica como concepto abierto, variable, "rellenable" según diversos modos de comprensión del tiempo. Incluso define la importancia que cada grupo humano concede al paso del tiempo por sobre la sociedad. El valor de las horas, los días, las estaciones, no pudo ser igual para el artesano encuadernador del s.XVII y para el campesino manchego de la misma época, contraste que se ensancha si lo comparamos con la sociedad industrial, o post-industrial, aunque es probable que el campesino del s.XX esté bastante cerca de su antecesor. Puede hablarse de "movilidad de la historia" en sentido conceptual, como sustantivo con significados que viajan en el transcurso del tiempo. Recorrer las elaboraciones históricas de cada época, desde la Antigüedad, presentada entre el mito y el hecho, entre lo imaginario y lo fáctico, hasta nuestros días descubre tanto de las sociedades que la crearon como de las expectativas que para ellos tenía su historia: significado, función, necesidad.
En Europa, debido a los aportes clásicos, la Historia se escribe con mayúsculas desde la antigüedad homérica, traspasando a los períodos de Herodoto, Estrabón y Plinio. Con el pensamiento racional nace la conciencia de la diferencia, de lo permanente y lo cambiante, nace la respuesta al olvido: marcas de territorio, de poder en definitiva.
Dando un salto hacia el s.XVIII, volverán las preguntas sobre la disciplina; diversos teóricos-filósofos plantean la problemática del tiempo y de las sociedades en relación al tiempo con una orientación laica, como las elaboraciones de Kant o Hegel. Este último creó un modelo, hoy muy criticado, que tendrá gran trascendencia para la época contemporánea, al presentar la Historia como un ente que tiende a la perfección por el impulso que recibe del Espíritu, a quien toda creación fluye y se dirige. En Hegel el Espíritu objetivo puede identificarse con lo social, que sigue un camino, la historia, de búsqueda y creación de la libertad como realización suprema.
Es ese mismo siglo XVIII el que somete a la historia a las necesidades del "progreso", la "naturaleza", la "civilización" y la "barbarie" o salvajismo, y supedita los análisis de la sociedad a la evolución de ésta desde los estados primitivos a la cumbre de la civilidad. Ejemplos pueden ser las obras de Robertson, Vico y Raynal, los análisis de Voltaire y Rousseau, y para el espacio americano pueden servir las obras de Clavijero. Este modelo lineal, de búsqueda de edades ideales, que concibe a la historia dentro de un contexto teleológico, se completa con los modelos propuestos por Marx, Spengler, Croce, si bien dista un abismo entre cada uno de ellos en sus planteamientos e ideologías. No obstante, el modelo de Marx, junto a Engels, Lenin, Luckács, no cierra las perspectivas de la sociedad en una única línea posible, sino que permite la "dirección opuesta" que pueden tomar los hechos, los acontecimientos y las tendencias. La famosa frase de Croce "toda historia es historia contemporánea" tiene una doble lectura: toda redacción de historia basada en datos escogidos por el historiador está transida por los ojos y la problemática del presente, pero también significa una concepción del tiempo bajo el signo de la unicidad, universalidad, un afán de comunidad entre tiempo pasado y tiempo presente. Quizás la última de las ideas con propensiones a modelo, y concebida bajo la teleología de la historia sea, y puede descubrirse en ella bastante poco de histórico, la famosa teoría de Francis Fukuyama sobre el "fin de la Historia". Para este teórico de la política, la Historia llega a su fin cuando la lucha por el dominio sobre los otros es sustituida por la libertad como objetivo de todos, momento que para Fukuyama tiene lugar con la Revolución de Independencia Norteamericana y con la Revolución Francesa; la democracia liberal es el fin lógico de la Historia, con mayúscula, como aspiración máxima y verdadera de la humanidad. La tesis de Fukuyama de que todo el pasado humano no ha sido otra cosa que un tanteante progreso hacia la perfección de la democracia capitalista liberal no hace más que formular de nuevo una antigua visión de Estados Unidos como una perfección terrestre hacia la que todos los demás pueblos deben aspirar. )No sería en realidad este afán de homogeneidad, de mimetismo, el verdadero fin de la Historia?
Con este sucinto panorama, podemos descubrir cómo en Europa desde la Antigüedad se gestaron y se gestan teorías apoyadas en una noción de la historia como abstracción, la Historia con mayúscula que solemos escribir, distanciada de la realidad, como maquinaria que se mueve por su impulso. Al respecto Marx y Engels abogan por el protagonista de ese "Ente" situado entre la divinidad y la realidad, el mecanicismo y el arte:
"La historia nada hace, ni posee una riqueza inmensa, ni libra batallas. Es el hombre, el hombre real y vivo, quien lo hace todo, quien posee y lucha".
Hay, pues, historias imposibles: la historia como proceso racional gobernado por leyes aprehensibles -no se predice el acontecer histórico-, y la historia como fuerza irracional de propósitos y apetitos incomprensibles, trasunto del sino.
Otro intento de profundización lo constituye la división del tiempo construida por Braudel en la cual, la larga duración representa la historia "de verdad", aquella que escapa de lo puramente fáctico y mensurable, lo que subyace bajo una simple mirada. La larga duración sería responsable, por ejemplo, de la huella cultural del barroco en nuestro siglo actual. Con todo, a los europeos nos resulta difícil despojarnos de la tendencia a la abstracción, esfuerzos que coinciden con la búsqueda continua de la función de la historia y la utilidad de su estudio. Pero una pregunta salta a la palestra: )todas las sociedades plantean la historia en nuestros mismos términos, comprendida como evolución, como tendencia hacia el futuro?. Como imagen de la realidad, como reproducciones, tanto la historia como la mitología son metáforas, intentos de análisis y explicación del acontecer. Una cita a Claude Lévi-Strauss, quizás el más importante descubridor de la interioridad del mito, puede servir como conclusión a este epígrafe, y enlace con el siguiente:
")dónde termina la mitología y dónde comienza la historia? (...) La oposición simplificada entre mitología e historia que estamos habituados a hacer no se encuentra bien definida y hay un nivel intermedio. (...) )Cuando intentamos hacer historia científica acaso hacemos algo científico o también adaptamos a nuestra propia mitología esa tentativa de hacer historia pura?"
OBJETIVIDAD-SUBJETIVIDAD: vieja polémica del Arte y la Ciencia
La cuestión anterior permite entender la creación histórica como resultado de una tarea subjetiva: el historiador vuelca su propia mítica, quizás mitología cientifista, sobre los hechos a analizar. La principal tarea es el análisis, la disección del acontecer bajo el prisma de la actualidad. Es ese prisma el sustento de nuestra mitología. Con la redacción sobre el pasado engrosamos, modificamos mitos, añadimos nuevos aportes que le dan significado, o que por el contrario se los amputan, contribuyendo así a la creación de nuevos arquetipos. La imagen que nos proporcionamos con nuestras historias responden fielmente a nuestros sistemas de valores, creencias, conjuntos de normas, y símbolos, si bien estos últimos los consideramos -erróneamente a mi entender- lejanos a nuestra sociedad. Sistemas de valores es una perífrasis para denominar al mito, a los mitos que nos guían en el comportamiento, en la elección, selección, interpretación de los acontecimientos históricos.
Como dice Julio Cortázar en su obra Nicaragua tan violentamente dulce refiriéndose a la cultura, "es un proceso que recuerda al mito del Fénix, un proceso cíclico e ininterrumpido a la vez, una dialéctica que incide en la historia y a la vez la refleja, un camaleón mental, sentimental y estético..." La cultura-Fénix es la misma historia, la misma elaboración de historia, alimentada por sí misma, es decir, alimentada por los fundamentos que la sustentan: los grupos humanos en relación con el espacio en que se produce, junto a la misma producción y las relaciones que de ellos surgen. Por ser "camaleónica", adaptable, no puede repetirse, tampoco predecirse.
El historiador como individuo es también un fenómeno social. Pertenece a la categoría de "producto" de la historia tanto como la obra que la versionará. Es el sentido de la "contemporaneidad" introducido por Croce. Junto a ello, el sentido dialéctico se interpone entre el historiador, sus hechos, y su interpretación peculiar, de acuerdo a su propia búsqueda del orden y la coherencia. El historiador se encuentra en diálogo continuo con sus hechos, diálogo del presente sobre hechos del pasado, dialéctica continua y sin fin entre los hechos y su significado. Conatos de simpatía entre tiempos distantes -pensamientos distantes, técnicas, artes, ciencias, urbes, religiones, espiritualidades, instituciones....... He aquí otra vertiente de la historia-Fénix, de la cultura proceso.
La problemática de corte positivista sobre la objetividad-subjetividad de ha historia queda resuelta. Reducir la historia a series "objetivas" es suprimir todo su significado, toda su trascendencia. Pero no podemos caer en la trampa que tiende la subjetividad: las obras que justifican o intentan ajusticiar a los protagonistas de la historia pierden toda su vigencia y credibilidad en igual grado que las relaciones de datos carentes de interpretación. Puede hablarse de objetividad en el sentido de comprensión global del pensamiento que inspiró los hechos; también como veracidad de los datos elegidos, de la representatividad de los mismos, o del aparato crítico. Pero sin olvidar el aspecto subjetivo intrínseco al historiador, que lo acompaña a lo largo de toda su carrera como un estigma del tiempo en que le va tocando vivir. ES tan conveniente la subjetividad, que permite la revisión, científica y objetiva, de las obras ya editadas, su nueva interpretación y el descubrimiento de nuevos valores en ellas.
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Podemos afirmar categóricamente que la Historia es una Ciencia? Como tal, establece versiones "oficiales" de los acontecimientos, al servicio del poder -hoy propuestas más por la prensa que por los eruditos- al seleccionar qué debe y qué no debe perdurar, qué modelo se ajusta al interés de la maquinaria de los poderes.Quizás sea más fructífero retomar la división que Octavio Paz hace de los intérpretes del mundo, los científicos, los poetas, y entre ellos los historiadores. Servir la discusión entre la Ciencia y el Arte, dos modos "verdaderos" de analizar el desarrollo del mundo, entre el orden y el caos, entre lo relativo y lo absoluto, entre lo particular y lo universal. El historiador participa de las ventajas de ambos, pero también de sus inconvenientes: convencimiento de poseer la llave del conocimiento, intrascendencia de algunos fenómenos, duración de lo creado -o redescubierto, por oposición a lo descubierto y lo inventado. La elaboración poética sea tal vez la que goza de mayor pervivencia en el tiempo, quizás por tender hacia la universalidad mediante la transformación de la realidad en lenguajes simbólicos. Pero no podemos olvidar que junto a Erato y Calíope, Clío compartía los privilegios del Olimpo. En el origen , la Historia fue mito antes que poema, y poema antes que ciencia despojada de la pesada carga que constituye lo inmensurable, lo no cuantificable, fugitivo de las clasificaciones, ajeno a los estereotipos. Desde la Antigüedad se planteó la ambivalencia de la Historia, ciencia del pasado y arte de narrarlo. Obras surgidas bajo esta doble concepción continúan usándose como fuentes documentales, bajo el análisis del historiador, y como textos literarios valorados por su calidad poética. De nuevo nos encontramos ante los difusos límites del mito y la historia.
UNA HISTORIA-ORIGEN: América Latina, su historia, su Historia
De las sociedades contemporáneas a las que la generalidad reconoce cierto grado de civilización -aunque nos parezca carente de justicia tal clasificación-, América Latina puede considerarse privilegiada. )Qué salva a esta inmensa comunidad que vive entre el oficial "subdesarrollo" y las problemáticas "anti-sociales" como el narcotráfico, el terrorismo, los corruptos regímenes políticos, y muchos otros aspectos?. Por desgracia para la Ciencia y por suerte para el Arte, es éste último el mejor abogado del espacio iberoamericano. Un arte que trasciende todas las manifestaciones de la sociedad, que supera toda explicación científica por incorporarla al mismo proceso artístico -puede ser el caso de la teología de la liberación, cuyo sustento teórico-científico es el marxismo y su práctica cohesiona esos principios con el cristianismo y toda su simbología. múltiples creaciones surgen de esa especie de aire artístico que rodea la realidad americana, y que es el arte de la interpretación, de la búsqueda de conexiones más allá de la realidad, de la trasposición de toda realidad con la creación.
La historia, desde que Europa ingresa en el Nuevo Mundo, Indias Occidentales o América, aparece impura, o más bien, original: vuelve al origen primigenio de la historia en que era observación y arte a través de las crónicas, más valiosas que la historiografía oficial que emitirá el Consejo de Indias. Desde esta raíz, la Historia creada en América Latina, busca ante todo simpatías temporales, acuerdos, mestizaje. Casi olvidada de la teorización, de las abstracciones conceptuales, las obras literarias dan fe del proceso histórico, del cambio social y la transformación cultural. Recogen la vocación liberadora de la Historia y la misión de perpetuidad del Mito. Alejo Carpentier, José M0 Arguedas, Arturo Uslar-Pietri, Miguel Ángel Asturias, Juan Carlos Onetti, Augusto Roa Bastos, Gabriel G0 Márquez, Jorge Amado, Carlos Fuentes..... Son los verdaderos historiadores de América, los realizadores del sueño de la unidad entre las disciplinas científicas y artísticas. Son historiadores por el sentido de sus obras, por los objetivos propuestos de descubrir el origen de los problemas sociales contemporáneos. empobrecemos tremendamente su labor si buscamos en ella constatar el dato -detalle que los escritores pocas veces olvidan-, verificar la hipótesis. Su sentido es tan amplio y verdadero como lo puedan ser los mitos del diluvio, o la creación. Aceptar esta historia supone un acto de fe. Significa transformar la mitología de europeo por la mitología de latino-americano. Y a pesar de todo, son estos mismos intérpretes de la realidad quienes tras elaborar su historia, han dado sentido a la "Historia" -conceptual- de Iberoamérica. Parecen haber adivinado la súplica de Lévi-Strauss "el muro que existe en cierta medida en nuestra mente entre mitología e historia probablemente pueda comenzar a abrirse a través del estudio de historias concebidas ya no en forma separada de la mitología, sino como una continuación de ésta". Pero esto puede demostrarse con las optimistas palabras del recientemente fallecido Premio Nobel:
"La historia tiene la realidad atroz de una pesadilla; la grandeza del hombre consiste en hacer obras hermosas y durables con la sustancia real de esa pesadilla. O dicho de otro modo: transfigurar la pesadilla en visión, liberarnos, así sea por un instante, de la realidad disforme por medio de la creación"
(Octavio Paz en El laberinto de la Soledad)
BIBLIOGRAFÍA
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